Lo quieres, lo sueñas pero ¿qué te frena? Sentir que uno tiene los pies enterrados en cemento y que, por mucho que quiera dar un giro a su vida, apenas puede moverse, es algo muy común. Según Catalina Hoffmann, experta en desarrollo cognitivo y entrenamiento cerebral y creadora del método Neurofitness, cuando esto nos pasa suele haber un conflicto interno.
Para ti que te gusta
Este contenido es exclusivo para la comunidad de lectores de ¡HOLA!
Para disfrutar de 5 contenidos gratis cada mes debes navegar registrado.
Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.TIENES ACCESO A 5 CONTENIDOS DE
Recuerda navegar siempre con tu sesión iniciada.
"Por un lado, nuestra corteza prefrontal, que es nuestra parte racional, visualiza ese cambio y entiende sus beneficios. Pero, al mismo tiempo, nuestro sistema límbico, especialmente la amígdala, siente ese cambio como una amenaza".
Más vale malo conocido...
"Tendemos a aferrarnos a lo conocido porque ahí sentimos que hay sensación de control", explica Catalina. "Nuestro cerebro ya conoce los riesgos y sabe medirlos y eso es importante, porque nuestro cerebro está diseñado para buscar la supervivencia por encima de la felicidad", apunta.
Nuestro cerebro está diseñado para buscar la supervivencia por encima de la felicidad.
"Lo malo conocido, como dice el dicho, es algo que podemos controlar más, algo a cuyos problemas podemos anticiparnos y eso reduce la actividad de la amígdala y la sensación de peligro", dice Catalina. "Además, cuando estamos en terreno conocido, ya tenemos las rutas mentales hechas y eso es más cómodo y económico para el cerebro", nos cuenta.
"También ocurre otra cosa y es que el riesgo controlado libera pequeñas dosis de dopamina en el cerebro, haciendo que lo conocido se perciba como seguro, aunque no sea bueno", agrega.
Pensar en un cambio puede agotar
Según nos ha explicado Catalina, "cuando estamos pensando dar un cambio a nivel vital o profesional, nuestro cerebro se pone ya a trabajar en ese nuevo escenario. Piensa, planifica, anticipa, resuelve problemas que puedan surgir… y ese proceso supone un desgaste enorme, que puede hacer que nos sintamos mentalmente agotados, aunque, en teoría, aún no hemos hecho "nada". Porque la realidad es que nuestro cerebro sí ha hecho un gran trabajo, del que muchas veces no somos conscientes".
¿Y si al visualizar tu meta lloras de emoción?
"Nuestro cerebro no distingue la realidad de la ficción y eso se muestra muy claramente en este caso", comienda diciendo Catalina. "Cuando visualizamos un sueño o cualquier situación, en nuestro cerebro se liberan los mismos neurotransmisores que se liberarían al vivir esa circunstancia de manera real. Estamos imaginando la situación, pero las emociones son reales", afirma.
"Llorar de emoción al pensar en ello muestra que estamos ante algo que realmente está muy conectado con nuestra parte emocional y con nuestros deseos más profundos y genuinos y con una necesidad auténtica que no está satisfecha", advierte. Y aclara: "al llorar de emoción el cerebro nos está indicando que estamos ante algo importante y ante un sueño que realmente está conectado con quien somos y quien queremos ser".
Siguientes pasos
Si llegados a este punto te estás preguntando qué hacer para salir de esa sensación de bloqueo y lanzarte a cumplir tus sueños, tenemos una buena noticia: el cerebro puede reprogramarse. Para realizar esa reeducación debemos hacer, básicamente, dos cosas, según Hoffmann: regular la amígdala y fortalecer nuestra corteza prefrontal. ¿Cómo?
"Una buena forma de entrenar esto es exponernos, de forma controlada, a pequeñas dosis de incertidumbre o de situaciones desconocidas", propone Catalina. "De esta manera, se crearán nuevas conexiones neuronales gracias a las que la incertidumbre ya no se percibe tanto como una amenaza", expone.
Así, el cerebro entiende que la incertidumbre no es igual a peligro real y eso nos ayuda a entrenar la valentía, que no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de permanecer y seguir adelante a pesar de él.
El miedo a lo desconocido va a seguir ahí, pero un cerebro entrenado entiende que es posible continuar.
"Porque el miedo a lo desconocido va a seguir ahí, pero un cerebro entrenado entiende que es posible continuar y avanzar en una situación que no se controla del todo, y deja de bloquearse ante ese miedo", apunta Catalina. "Eso sí, como digo, esto no es algo inmediato, sino que requiere de pequeñas acciones diarias", finaliza.
