Cuando una relación termina, no solo se rompe el vínculo afectivo entre dos personas. En muchos casos, también se tambalea toda la estructura social construida alrededor. Puede que te haya pasado a ti o a tu pareja: ponéis fin a la pareja, y uno de los dos, acostumbrado a socializar y hablar con los amigos del otro, parece quedarse sin un grupo al que recurrir para hacer planes.
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Este caso puede generar consecuencias negativas en el bienestar del que parece excluido de ese círculo. Como señala la psicóloga, experta en terapia de pareja, y autora Lara Ferreiro (@psicologa_laraferreiro), "la pérdida de la red compartida tras una ruptura amorosa tiene un impacto muy profundo, tanto en la identidad personal como en el proceso de duelo”.
Durante la relación, los amigos participan en momentos cotidianos. Desde en planes de fin de semana, o cenas conjuntas hasta, incluso, en reuniones familiares. Cuando la relación termina, esos espacios desaparecen, lo que puede generar sensación de vacío y desconcierto.
Según explica la especialista, "cuando una pareja construye amistades, rutinas y espacios sociales, parte de la identidad de cada persona se construye en relación con ese ‘nosotros’". Por eso, cuando la relación termina, no solo se pierde a la pareja, sino también una parte de la identidad personal.
"Se produce una fragmentación del 'yo'”, señala Lara Ferreiro. Por ejemplo, personas que antes compartían un grupo de amigos con su expareja sienten ahora que no saben cómo mantener la relación con esos mismos amigos sin conflicto.
Consecuencias emocionales del distanciamiento
"Muchas personas, al perder esa red, experimentan síntomas como ansiedad, tristeza, insomnio o, incluso, depresión", explica la psicóloga. Es frecuente que quienes pierden estos vínculos se encuentren excluidos de cenas o actividades que antes eran rutinarias, lo que intensifica la sensación de pérdida.
En muchos casos, la identidad estaba muy ligada al rol de pareja. Lara Ferreiro comenta que esto se percibe especialmente cuando los amigos que se mantenían cercanos ahora toman distancia. A esto se suma la sensación de rechazo: "La persona puede sentir que ya no la querían por quien era, sino solo por su vínculo con la pareja".
Duelo múltiple y pérdida de apoyo
"Es un duelo múltiple", comenta la psicóloga, resaltando que "se pierde la pareja, pero también las amistades, las rutinas, los espacios y los proyectos compartidos". La desaparición de la red de apoyo incrementa la sensación de soledad: “Ya no hay quien sostenga emocionalmente, no hay a quién llamar, y aumenta la rumiación".
Por ejemplo, alguien que antes podía desahogarse con un amigo común ahora se encuentra hablando solo con familiares o recurriendo a redes sociales para recibir validación o apoyo, factor que también puede hacerle sentirse más aislado.
Además, el duelo se vive de manera más intensa sin interacción social: "El duelo se elabora en relación con otros. Cuando esa interacción desaparece, el proceso se vuelve más interno, más doloroso y más difícil de elaborar”. En algunos casos, advierte la psicóloga, esto puede derivar en dificultades psicológicas más serias. "Aunque un duelo suele resolverse entre tres y seis meses, cuando se prolonga más de un año puede considerarse un duelo complicado o patológico”.
Reconstrucción y reencuadre social
A veces sucede que, tras esta ruptura, parece que llegada cierta edad o etapa resulta difícil pasar página y rehacer una vida. Sin embargo, siempre se puede. Para hacerlo, eso sí, hay que tomar conciencia y poner empeño, teniendo claro que, como detalla Lara Ferreiro, "es fundamental generar nuevos espacios, nuevas redes y nuevos vínculos que ayuden a sostener emocionalmente la recuperación".
Claro que no resulta fácil. Pero para tratar de lograr este objetivo, hay que empujarse a retomar actividades que antes se compartían solo con la pareja, como salir a correr, apuntarse a cursos o asistir a talleres grupales. Incluso, anotarse a algunas nuevas.
La terapeuta explica la necesidad de establecer un reencuadre claro sobre "quién se va a quedar con quién". En la práctica, esto se traduce en decisiones conscientes sobre con quién mantener contacto. Tomar decisiones como que tus amigas vuelven contigo, "sus amigos vuelven con él, y a los amigos comunes los veis vez al mes".
Además, durante esos encuentros, Lara Ferreiro recomienda marcar límites: "Hablar con ellos de que no se podéis hablar de tu ex”. Por ejemplo, organizar un café en el que se evite discutir la vida de la expareja permite mantener el vínculo sin reabrir heridas.
Diferenciar amistades de dependencias
Pero tan importante resulta reorganizar estas amistades, como saber quiénes son importantes para ti de verdad y quiénes te aportan lo suficiente como para hacer esta distribución. "A veces quieres seguir quedando con alguien no porque sea tu amiga de verdad, sino porque te pasa chismes, información de tu ex o porque quieres seguir conectado", explica la psicóloga. Reconocer estas dinámicas ayuda a no prolongar el malestar emocional y a priorizar vínculos auténticos.
Otro aspecto esencial es revisar el rol propio dentro del grupo. Es decir, "tiene que haber una comunicación neutra con las personas importantes", señala Lara Ferreiro, ejemplificando: "no quiero que tomes partido, pero he roto con José y, si quieres, podemos vernos uno a uno". Esto permite mantener relaciones individuales sin conflictos de lealtad.
La reorganización social tras la ruptura
Como cualquier nuevo hábito, pasar estos dos duelos puede ser muy complicado. "Al principio va a ser incómodo, porque estás rompiendo patrones sociales previos", afirma la psicóloga. Sin embargo, subraya que este proceso también tiene efectos positivos: "Sirve como una limpieza social Si alguien a quien considerabas muy cercana deja de llamarte o se posiciona con tu expareja, eso también dice algo".
Además, Lara Ferreiro recuerda que la ruptura afecta de manera tangible la red social: "Hay estudios que indican que tras una ruptura se puede perder hasta un 30 % de las amistades". Factores como la intensidad de los vínculos, lo ocurrido en la relación o la logística de planes influyen en quién se mantiene cerca y quién se distancia.
En definitiva, concluye la psicóloga, "todo esto forma parte del reajuste social que se produce tras una ruptura significativa". Un proceso doloroso, pero también una oportunidad para reconstruir relaciones desde un lugar más consciente, auténtico y equilibrado.
