Bodas de oro

Así jugaban al escondite los reyes Carlos Gustavo y Silvia para ocultar su amor ante la prensa: "Ella se escapaba con peluca"


Salen a la luz las triquiñuelas que usaban el monarca sueco y su esposa, antes de anunciar su compromiso en 1976, cuando querían mantener en secreto su relación


Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, en su etapa de juventud© Getty Images
Martín Gálvez PiquerasPeriodista experto en cultura, deporte y espectáculos
13 de enero de 2026 - 17:36 CET

Los reyes Carlos Gustavo (79 años) y Silvia (82) tienen un motivo muy especial para sonreír en este recién comenzado 2026, ya que el próximo junio celebrarán por todo lo alto sus bodas de oro. Con motivo de la efeméride, resulta oportuno recordar su longeva historia de amor y cómo empezó todo, después del medio siglo que han recorrido juntos el uno al lado del otro. Un periodo durante el cual se han convertido en orgullosos padres de sus tres hijos y, posteriormente, en no menos felices abuelos de sus nueve nietos. Echando la vista atrás, acaban de desvelarse algunos detalles de su romance que no se conocían hasta ahora, algunos realmente curiosos. Por ejemplo, cómo siendo ya novios jugaron al escondite ante la prensa para ocultar que la chispa había surgido entre ellos.

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© GTRES
La Familia Real sueca, en una imagen de archivo

Lo cuenta el libro biográfico De profesión: Reina – Cómo Silvia de Suecia cambió el mundo, escrito por la periodista escandinava Ingrid Thörnqvist, que se publica el próximo viernes 16 de enero. Se cuenta cómo la pareja se conoció durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, y rápidamente surgió el flechazo. Ella trabajaba como intérprete y jefa de protocolo en una de las salas VIP del estadio, repleta de diplomáticos, jefes de Estado y miembros de la realeza. Lo que nunca pudo imaginar es que entonces conocería a su 'príncipe azul', literalmente. El actual monarca se quedó completamente prendado, tanto es así que al principio la estuvo observando con sus prismáticos... a un metro y medio de distancia.

Seguidamente, el que era número uno en la línea de sucesión invitó a cenar a Silvia Renate Sommerlath, su nombre completo y apellido de soltera. No dudó en presentarla ante su familia, su tío Bertil y su hermana Birgitta, aquella misma noche. Después, se irían a bailar a la discoteca Kinki, un local de moda en la ciudad germana. A partir de ahí, jamás dejaron de estar en contacto. Fue una prueba de fuego que ella superó con creces, lo que hizo que Carlos Gustavo regresara a su país con una fotografía de su amada en el bolsillo y una promesa: volver a verla.

© Getty Images
La pareja 'royal', en 1976

Sin embargo, desde aquella primera cita, aún pasaría bastante tiempo hasta que su romance se hiciera oficial. Llegarían otros JJ.OO., en este caso los de Invierno que acogió Innsbruck (Austria), en febrero de 1976. Ella seguía con su profesión como organizadora de eventos, y él fue a verla. Ambos todavía mantenían en secreto su idilio, y no querían que nadie se enterara. Por ello, la futura reina usó un método (casi) infalible que es muy habitual en estos casos. Algo para intentar disimular como fuera. "Ella se escapaba con peluca", cuenta Helga Heine, una de las personas que trabajaba codo a codo con ella. De hecho, sus compañeras azafatas también le ayudaron a escabullirse y evitar así las cámaras de los medios de comunicación.

Fue esa la última vez que tuvieron que fingir. Al mes siguiente, el 12 de marzo de 1976, anunciaban al mundo entero su compromiso. Finalmente, el 18 de junio de 1976, con Carlos Gustavo ya convertido en soberano, la pareja acabó pasando por el altar en la catedral de Estocolmo en su gran boda real. Para su gran día, la novia lució un diseño de Marc Bohan para Dior de color marfil, completamente liso, con manga, entallado en la cintura y una larga cola. Además, fue un enlace con toques muy pop, ya que el legendario grupo ABBA les dedicó su conocido tema Dancing Queen.

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