Iñaki Urdangarin: "Hacer sufrir de nuevo a Cristina y a mis hijos jamás formó parte de mi idea de empezar de cero"


En su libro 'Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes' (Grijalbo, editorial Penguin Random House), al que hemos accedido en exclusiva, también habla de sus cuatro hijos (Juan, Pablo, Miguel e Irene) como nunca antes


Iñaki Urdangarin y la infanta Cristina en la boda de los reyes Federico y Mary de Dinamarca© Gamma-Rapho via Getty Images
25 de enero de 2026 - 6:08 CET

Iñaki Urdangarin necesitaba mirar de frente "todo lo vivido" y ése es el título de su libro (Editorial Grijalbo). Quería contar su verdad, con la que "puedo mirar a mis hijos a los ojos". Y su historia, de la que forman parte Juan, Pablo, Miguel e Irene -su inspiración, su apoyo y su orgullo-; y, también, la que escribió junto a la infanta Cristina, su pareja, su compañera, su equipo durante 25 años. "Fuimos todo". 

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A sus "maravillosos hijos" les agradece su "fortaleza silenciosa" en los años más duros, el "amor incondicional" que siempre le han brindado. Y a ella, "a Cristina, que sigue siendo una parte importantísima de mi vida, alguien a quien quiero, admiro y respeto", el "haber sostenido nuestra familia con una fortaleza admirable". 

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Doña Cristina "sigue siendo una parte importantísima de mi vida, alguien a quien quiero, admiro y respeto", confiesa Iñaki, y a la que agradece el "haber sostenido nuestra familia con una fortaleza admirable", durante los años más difíciles de su matrimonio
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En la imagen, doña Cristina e Iñaki, con sus cuatro hijos, en un paseo por Vitoria, en 2019

Aquel Iñaki que ingresaba en la prisión de Brieva (Ávila), hace casi ocho años, dejaba fuera un mundo, una familia, una mujer que tuvo que hacer frente a todo sola… sabe lo mucho que ellos han pasado y todo lo sufrido. 

Los juicios -los de los tribunales y los que "llegaban desde los medios de comunicación"-, el escarnio, la separación al ir a la cárcel, que "me hizo mejor padre" y que le llevó a descubrir que "mis hijos no necesitaban un padre perfecto, sino un padre presente", al que acudir en busca de consejo cuando lo necesiten. Doña Cristina y él lo tenían claro: los protegerían por encima de todo y crearían con ellos una relación basada en la confianza. Y lo lograron.

Es consciente de que es imposible recuperar todo ese tiempo perdido, pero vive el presente e intenta disfrutar cada instante con ellos, aunque ya son mayores, vuelan solos. Es ley de vida. 

Su orgullo

Juan, Pablo, Miguel e Irene son cuatro jóvenes que han encontrado su lugar, cada uno, en un ámbito distinto. Pese a todos los obstáculos que pudieron encontrar y las circunstancias extraordinarias que, desde muy pronto, tuvieron que afrontar. No sólo nacer en una familia real, sino la caída de su padre y el constante escrutinio público. 

Se hicieron resilientes, muy maduros para su edad, y, sobre todo, buenas personas.

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Iñaki está muy orgulloso de sus cuatro hijos (en esta imagen, junto a su madre, doña Cristina, su tía, la infanta Elena, y su abuela la reina Sofía en la boda de Teodora de Grecia)
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Miguel, explica, "sabe escuchar, construir y explicar desde un lugar empático, reflexivo y asertivo"
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De Juan dice que se convirtió "en el principal sostén emocional de su madre y de sus hermanos (…) sin que nadie se lo pidiera", aunque, quizá sea Irene la que más le fascina, puesto que ha conseguido sus metas a pesar de sus dificultades de aprendizaje
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Pablo sigue la estela de su padre como jugador de balonmano: "Es un talento natural. Lo es para muchas cosas". Sobre estas líneas, con sus hermanos Juan y Miguel, y su madre, doña Cristina, tras un partido

Dice Iñaki que a Juan -que vive en Londres y, como descubrimos en ¡HOLA! ha encontrado el amor-,"le tocó vivir nuestra inexperiencia, nuestros errores como padres primerizos", y convertirse "en el principal sostén emocional de su madre y de sus hermanos (…) sin que nadie se lo pidiera, fue un pilar firme de ese proyecto familiar". Es solidario -al igual que su hermana Irene- y empático.

Pablo es su 'espejo', el que sigue su estela como jugador de balonmano -en el equipo Fraikin BM Granollers-. "Un talento natural. Lo es para muchas cosas (…) Es muy sensible, con una vida interior intensa, que observa, siente, procesa". Se han cambiado las tornas: ahora es a Iñaki quien ve los partidos desde la grada como un día hizo su padre, Juan María Urdangarin, y sigue su trayectoria -está destinado a ser un deportista de élite- con entusiasmo y cierta nostalgia de esos años en los que lo consiguió todo como deportista. 

También nos desvela que fue Miguel -que vive en Madrid tras estudiar Biología Marina en Southampton- quien le animó a escribir el libro, y tiene un superpoder, el de "la intuición". “Sabe escuchar, construir y explicar desde un lugar empático, reflexivo y asertivo”.

Pero, confiesa, quizá es "Irene quien más me fascina". Estudia Gestión de Eventos en la Universidad Oxford Brookes, y ha logrado sus metas, aunque no lo tuvo nada fácil, puesto que, desvela, tuvo "dificultades de aprendizaje desde bien pequeña debido a su dislexia".  

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Se han cambiado las tornas: ahora es a Iñaki quien ve los partidos desde la grada como un día hizo su padre, Juan María Urdangarin, y sigue la trayectoria de su hijo

Una realidad difícil de encajar

Mientras pasaba aquellas mil y una noches de oscuridad en su celda, Iñaki era consciente de que el mundo no se había detenido, pero, al empezar a recuperar su libertad, "tampoco estaba preparado para aquella sensación de, no sé cómo llamarla… ¿desarraigo, quizá?"

Todo había cambiado. Él no era el mismo, tampoco su entorno, y cuando pudo viajar a Suiza, a la que había sido su casa, sintió que ya no era suya. Era "un visitante ocasional, un outsider", y regresaba a una familia que tuvo que salir adelante sin él. "Una sensación muy difícil de gestionar. Muy dolorosa".

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Doña Cristina e Iñaki con Juan, Pablo, Miguel e Irene, cuando eran pequeños

Doña Cristina, que estuvo a su lado durante el proceso judicial, la cárcel, las visitas… estaba "exhausta". Tuvo que cargar con mucho. No sólo con su ausencia. También estaba la presión mediática, y lo hizo "con una dignidad que siempre admiraré, sin límites, y siempre le estaré agradecido por ello".

Iñaki debía afrontar otra realidad difícil de encajar: su relación había cambiado. Habían pasado por mucho y eso había transformado lo que habían tenido como pareja. Habían "evolucionado de manera distinta". Eran dos buenos amigos, unidos por su proyecto común -sus hijos-. 

Y después llegó Ainhoa, y las fotografías -publicadas en una revista- que desataron una nueva tormenta mediática. De nuevo, en el centro del huracán. De nuevo, otro juicio. "Mi mala gestión de los tiempos y de la comunicación hizo que el asunto fuera demasiado doloroso para todos. Hacer sufrir de nuevo a Cristina y a mis hijos jamás formó parte de mi idea de empezar de cero". 

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Diferentes portadas de ¡HOLA!, aquí tras conocerse su relación con la Infanta
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La de su petición de mano
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La de su boda en Barcelona
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La de su mudanza a Washington

Su verdadera historia

Urdangarin también habla de los inicios de su relación con doña Cristina y cuenta la verdadera historia de cómo se conocieron -no fue un flechazo en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 -; quiénes fueron sus cómplices y cómo, ese fin de año, cuando la Infanta casi llegó tarde a la cena familiar en Baqueira, dijo a don Felipe y doña Elena: "Es que… hay un relojero en Vitoria".

No olvida detallar su pedida de mano, en Lago de Garda, "uno de los recuerdos más bonitos de mi vida (…) muy íntimo, muy nuestro", y lo que supuso el impacto de la noticia cuando se hizo público el noviazgo. Asimismo, recuerda cómo conoció a la Familia Real y cómo Cristina fue acogida en su familia; su boda –"me casé con 29 años"- y el momento de su retirada, con un hijo pequeño (Juan) y otro (Pablo) en camino. 

Durante 25 años estuvieron unidos contra viento y marea, y, por eso, hay una verdad que quiere dejar asentada. Que sólo ellos saben lo que vivieron, que se casó enamorado, convencido de que quería pasar con ella el resto de su vida… Pero, a veces, los caminos se separan. Y, aunque ya no estén juntos, "seguimos preocupándonos el uno por el otro, nos deseamos lo mejor, intentamos apoyarnos no sólo como padres, sino como amigos".

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Durante 25 años, Iñaki y doña Cristina fueron "todo" por eso hay una verdad que quiere dejar asentada. Que sólo ellos saben lo que vivieron, que se casó enamorado, convencido de que quería pasar con ella el resto de su vida… Pero, a veces, los caminos se separan. Y, aunque ya no estén juntos, "seguimos preocupándonos el uno por el otro, nos deseamos lo mejor"

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