María Jesús Cuscó, pediatra: “Un niño puede estar en un percentil bajo y estar completamente sano, porque constitucional y genéticamente es así”


Hay padres que pueden sentir presión e inseguridad cuando ven que su hijo no sube de percentil


niña midiéndose en una escala en la pared, vestida con una capa de super heroína© Konstantin Yuganov - stock.adobe
5 de enero de 2026 - 7:02 CET

En los primeros meses de vida de los hijos, son muchos los padres que se manejan una palabra, tal vez desconocida hasta entonces en el caso de los primerizos: percentiles. Una medida que se usa en consulta para valorar el peso y la talla de los niños y comprobar si van creciendo de forma adecuada. En cada revisión pediátrica, los padres conocen estas cifras que pretenden orientar el crecimiento y desarrollo de los niños, pero que en no pocas ocasiones pueden causar cierta ansiedad en los padres. 

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¿Está mi hijo por debajo de lo esperado? ¿Debería preocuparme si no alcanza el mismo ritmo que otros? La comparación con tablas y con otros niños puede generar inseguridad, sentimientos de culpa y presiones innecesarias. Sin embargo, los especialistas recuerdan que los percentiles son solo una herramienta estadística y no un juicio sobre la salud o el futuro de cada pequeño. Tal y como nos explica la doctora María Jesús Cuscó Fernández, pediatra del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, es importante aprender a interpretar estos datos con la ayuda de los especialistas. 

¿Qué son los percentiles y qué miden realmente en el desarrollo infantil?

Los percentiles son una forma (método estadístico) de comparar el peso y talla de un niño con el de otros niños de la misma edad y sexo. No dicen si un niño está “mejor” o “peor”, sino dónde se sitúa dentro de una distribución normal. Por ejemplo, si un niño está en un p25 de peso, quiere decir que de cada 100 niños de su misma edad y sexo, habrá 25 con menos peso que él y 75 con más, pero estar más cerca o más lejos de la media no indica mayor o menor probabilidad de salud o enfermedad.

Los percentiles no dicen si un niño está “mejor” o “peor”, sino dónde se sitúa dentro de una distribución normal

María Jesús Cuscó, pediatra

¿Cómo se utilizan los percentiles en el seguimiento del desarrollo infantil a lo largo del tiempo?

En el seguimiento del desarrollo antropométrico se usan sobre todo para vigilar la evolución del niño a lo largo del tiempo. Lo importante no es el número exacto del percentil en un momento determinado, sino si el niño mantiene su propia curva de manera estable. Los cambios bruscos hacia arriba o hacia abajo suelen ser más relevantes que un valor de percentil aislado.

¿Qué riesgos existen cuando los padres interpretan los percentiles de manera aislada, sin considerar otros factores de salud?

El principal riesgo de interpretarlos sin tener en cuenta otros factores es llegar a conclusiones equivocadas. Un percentil por sí solo no indica normalidad o enfermedad, sino que hay que valorar al niño en su totalidad y teniendo en cuenta su historia personal, su evolución en el tiempo y sus antecedentes familiares. Un niño puede estar en un percentil bajo y estar completamente sano, porque constitucional y genéticamente es así.

¿Por qué generan tanta ansiedad en algunos padres cuando ven que su hijo está “por debajo” o “por encima” de la media?

Para muchos padres ver un percentil “por debajo” o “por encima” de la media se vive como una señal de alarma porque se interpreta como un juicio sobre el niño o sobre su propia capacidad de cuidarlo. Además, la palabra “media” genera la idea de que todo debería estar exactamente en esa línea, cuando la realidad del crecimiento es mucho más amplia y flexible. Esa presión provoca ansiedad incluso en casos en los que el niño está creciendo perfectamente.

¿Cómo influyen las comparaciones con otros niños en la confianza de los padres respecto al crecimiento de su hijo?

Las comparaciones con otros niños pueden generar dudas y preocupaciones innecesarias. Cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento, condicionado por su genética, alimentación, actividad física y grado de maduración ósea y puberal. Cuando un padre compara a su hijo con otros del entorno, sin tener en cuenta todos estos factores, es fácil que perciba diferencias normales como problemas, generando angustia innecesaria.

¿Cree que es importante que los pediatras expliquen los percentiles de manera clara y tranquilizadora en consulta?

Totalmente de acuerdo. Es muy importante que los pediatras expliquen los percentiles con claridad porque las familias necesitan entender qué significan para poder valorar correctamente el crecimiento de sus hijos. Una explicación tranquila y detallada evita malentendidos y ayuda a reducir temores. Cuando los padres comprenden que un percentil no define la salud del niño por sí solo, suelen vivir las revisiones con menos preocupación. Y ante cualquier duda, consultar siempre con su pediatra.

Cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento, condicionado por su genética, alimentación, actividad física y grado de maduración ósea y puberal

María Jesús Cuscó, pediatra

¿Qué importancia real tienen los percentiles en el seguimiento pediátrico?

En el seguimiento pediátrico los percentiles tienen un papel relevante, pero no determinante. Son una herramienta más dentro de la valoración global del niño que incluye: exploración física, historia clínica personal y familiar así como valoración de la alimentación, del desarrollo psicomotor y del grado de maduración puberal. Su importancia radica en ayudar a detectar patrones de crecimiento anómalos o cambios de tendencia que precisen estudios complementarios para descartar patología asociada, y no en clasificar a los niños como mejores o peores.

¿Cómo deberían interpretarlos los padres para no caer en comparaciones innecesarias?

Los padres deberían entender los percentiles como un método de ayuda para seguir la evolución del niño, sin convertirlos en comparaciones. Lo que importa es que cada niño mantenga su propio ritmo de crecimiento a lo largo del tiempo, con una talla acorde a su talla genética y un peso en armonía con su talla. Si un niño siempre ha estado en un percentil bajo pero crece de forma regular, lo más probable es que todo esté bien. Lo valioso es la coherencia y evolución de la curva, no el número exacto.

Es común pensar que hay que forzar al niño a comer para subir de percentil o preocuparse por pequeñas variaciones entre consultas que son normales

María Jesús Cuscó, pediatra

¿Qué errores comunes observa en las familias al hablar de percentiles?

Entre los errores más frecuentes están creer que percentil bajo equivale a desnutrición o que percentil alto significa necesariamente sobrepeso. También es común pensar que hay que forzar al niño a comer para subir de percentil o preocuparse por pequeñas variaciones entre consultas que son normales. Otro error es comparar entre hermanos o entre compañeros de clase, sin tener en cuenta que cada uno puede tener una genética y un ritmo diferentes.

¿Qué estrategias recomienda para que los padres gestionen la ansiedad frente a las gráficas de crecimiento?

Para manejar la ansiedad, es útil centrarse en la evolución general del niño a lo largo del tiempo más que en un número aislado, y siempre priorizar el estado general del niño y su clínica frente a las cifras. Revisar las gráficas junto al pediatra, formular las dudas de forma abierta y entender que las fluctuaciones leves son normales, ayuda mucho. También es importante evitar comparaciones con otros niños y recordar que el crecimiento es un proceso individual en el que influyen muchos factores.

¿Qué información aportan los percentiles más allá del peso y la talla?

Los pediatras percentilamos el peso y la talla, pero también el perímetro craneal o el índice de masa corporal, permitiéndonos evaluar así la proporcionalidad del cuerpo del niño, correlacionando siempre el peso con la altura y ambos con sus parámetros familiares/genéticos. Las curvas de crecimiento nos pueden sugerir posibles problemas nutricionales, endocrinos o metabólicos, y nos permiten seguir de cerca el desarrollo integral del niño, no solo su tamaño.

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