Marc Rodríguez, psicólogo: “Los adolescentes a veces necesitan parar, replegarse y estar a solas para ordenar ideas, descansar o explorar intereses propios”


Es una etapa en la que algunos chicos y chicas no tienen planes y no salen demasiado con sus amigos, lo que puede causar cierta inquietud en sus padres


adolescente preocupada mirando al móvil, sentada en el suelo de su habitación© Adobe Stock
3 de enero de 2026 - 7:02 CET

Aunque lo cierto es que la adolescencia es una época en la que los planes se multiplican, y cuesta que muchos chicos y chicas entren en casa, lo cierto es que hay patrones que están cambiando y cada vez más padres y educadores se preguntan por qué algunos adolescentes prefieren quedarse en casa antes que salir con sus amigos. Tal y como nos explica el psicólogo Marc Rodríguez, psicólogo especialista en Inteligencia Emocional (@rodriemocion), lo que antes se veía como una señal de alarma hoy requiere una mirada más amplia: detrás de esa elección pueden estar factores como la presión social, la ansiedad, el uso intensivo de pantallas o simplemente nuevas formas de relacionarse. Es importante entender estas conductas sin juzgarlas y abrir espacios de diálogo resulta clave para acompañarles en una etapa marcada por cambios emocionales y sociales profundos.

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¿Es normal que un adolescente atraviese etapas en las que no quiere salir con sus amigos?

Sí, es bastante común. La adolescencia es una etapa de cambios físicos, emocionales y sociales. A veces necesitan parar, replegarse y estar a solas para ordenar ideas, descansar o explorar intereses propios. También influyen los estudios, el cansancio, un cambio de grupo o una decepción reciente.

¿Delata siempre un problema esta actitud?

No necesariamente. Si es puntual, el ánimo general está bien, mantiene contacto online o en el cole, y sigue cumpliendo con sus rutinas (clases, hobbies, responsabilidades), suele ser una fase pasajera. Preocupa más cuando el retraimiento es sostenido, afecta a varias áreas (sueño, alimentación, rendimiento) y el chico o la chica muestra malestar significativo.

Un chico o una chica más sensible o perfeccionista puede evitar planes donde teme no encajar o “quedar mal”

Marc Rodríguez, psicólogo

¿Qué señales diferencian una fase pasajera de un posible problema emocional o psicológico?

Es más probable que sea pasajero en los siguientes casos:

  • Sigue disfrutando de algunas cosas (videojuegos, música, deporte en casa).
  • Mantiene el humor la mayor parte del tiempo.
  • Hay periodos de socialización, aunque sean más breves o con menos gente. 

Y conviene pedir ayuda y valorar problema si observas durante varias semanas:

  • Tristeza, irritabilidad o apatía constantes.
  • Cambios importantes en sueño (insomnio o exceso) y apetito.
  • Bajada de notas, absentismo, quejas somáticas frecuentes (dolor de cabeza, barriga).
  • Ansiedad marcada al pensar en quedar (palpitaciones, evitación).
  • Comentarios de inutilidad, culpa, autodesprecio o ideas de hacerse daño. 
© Adobe Stock

¿Qué papel juega la personalidad en estas conductas?

Mucho. Un adolescente introvertido recarga energía a solas y prefiere grupos pequeños; eso no es un problema en sí. Un chico o una chica más sensible o perfeccionista puede evitar planes donde teme no encajar o “quedar mal”. La clave es ajustar expectativas a su estilo: no todos necesitan la misma cantidad de vida social para estar bien.

¿Podría estar relacionado con ansiedad social, depresión o baja autoestima?

Sí, puede tener relación.

  • Ansiedad social: miedo intenso a ser juzgado; evita quedadas, le preocupa “hacer el ridículo”.
  • Depresión: pérdida de interés, tristeza, cansancio; no es que “no quiera”, es que no puede.
  • Baja autoestima: pensamientos de “no valgo”, “me van a excluir”.

    En estos casos, el aislamiento es síntoma, no “capricho”. Requiere escucha, validación y, a menudo, apoyo profesional.

Poner nombre a la emoción ayuda a elegir mejor la estrategia: no se trata igual el cansancio que el miedo

Marc Rodríguez, psicólogo

¿Cómo influyen las redes sociales y el ocio digital en el aislamiento adolescente?

Tienen doble cara. Pueden ser vínculo (jugando o chateando) y dar sensación de pertenencia, pero también sustituyen el contacto real si se vuelven la única vía. Además, la comparación constante y el miedo a quedarse fuera (FOMO) pueden aumentar ansiedad y malestar. Un uso muy nocturno empeora el sueño, lo que baja la energía para socializar al día siguiente.

¿Qué emociones suelen estar detrás de la falta de motivación para socializar?

Las más habituales son las siguientes:

  • Cansancio y necesidad de descanso mental.
  • Miedo (a no encajar, a la crítica).
  • Vergüenza o inseguridad corporal. 
  • Tristeza o desilusión por experiencias previas. 
  • Enfado o conflictos con el grupo.

    Poner nombre a la emoción ayuda a elegir mejor la estrategia: no se trata igual el cansancio que el miedo. 
© Getty Images/Onoky

¿Qué pueden hacer los padres cuando ven que su hijo no tiene planes ni quiere salir?

Considero que lo más importante es lo siguiente: 

  • Observar sin dramatizar: ¿Desde cuándo sucede? ¿Con qué intensidad? ¿En qué contextos? 
  • Abrir conversación (sin interrogatorio): “He notado que sales menos. ¿Cómo te sientes? ¿Hay algo que te esté molestando?”. 
  • Validar: “Tiene sentido que no te apetezca si estás cansado/si te sentiste mal la última vez”. 
  • Cuidar lo básico: horarios de sueño, comidas, luz solar y algo de actividad física diaria. 
  • Ajustar pantallas (sobre todo por la noche) y proponer rutinas suaves. 
  • No etiquetar (“eres antisocial”) ni comparar con hermanos/amigos. 
  • Ofrecer apoyo: “Si quieres, pensamos juntos un plan pequeño” y evitar la presión. 

Pedid ayuda si la tristeza, la ansiedad o el aislamiento persisten varias semanas o hay señales de alarma

Marc Rodríguez, psicólogo

¿Qué estrategias ayudan a motivar a un adolescente a retomar la vida social?

Podemos plantearles las siguientes:

  • Objetivos pequeñitos: en vez de “sal más”, “quedar 30–60 minutos con X” o “bajar a por un helado con Y”. 
  • Empezar por lo seguro: personas de confianza, grupos reducidos, actividades con estructura (cine, paseo con perro, deporte). 
  • Plan compartido: acompañar hasta el lugar si ayuda, o quedar cerca con otros padres. 
  • Ritual de entrada y salida: pactar una hora de vuelta para que sienta control; si lo pasa bien, la próxima vez alargará. 
  • Refuerzo positivo: reconocer el esfuerzo, no solo el resultado (“Gracias por intentarlo, sé que no era fácil”). 
  • Mantener alternativas cuando lo social puro abruma. 

¿Existen actividades alternativas que puedan ser un puente hacia la socialización?

Sí, los “puentes” son ideales:

  • Deporte (clases, club, patinaje, escalada): el foco es la actividad, no “hablar por hablar”. 
  • Arte/Música (taller, coro, teatro): canalizan emoción y generan grupo. 
  • Voluntariado (protectoras, apoyo escolar): da propósito y une. 
  • Espacios “frikis” (ajedrez, robótica, manga, gaming responsable): afinidad por intereses. 
  • Actividades mixtas con familia/amigos (excursión corta, cocinar juntos e invitar a alguien). 

¿Qué mensaje daría a los padres que se sienten preocupados y desorientados?

Respiráis hondo y recordad tres ideas:

  • Muchos adolescentes pasan fases de replegarse y vuelven a abrirse con el tiempo.
  • Sois base segura: vuestra calma, interés genuino y límites amables valen más que cien discursos.
  • Pedid ayuda si la tristeza, la ansiedad o el aislamiento persisten varias semanas o hay señales de alarma (llanto frecuente, autodesprecio, autolesiones, ideas de muerte). Un profesional puede dar herramientas concretas y alivio a toda la familia. 

Frase para llevarse: “No voy a empujarte, voy a acompañarte. Damos pasos pequeños, a tu ritmo, pero no te quedas solo.”

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.