La Navidad es un periodo de gran intensidad emocional para todos, pero especialmente para los más pequeños, porque se encuentran con figuras mágicas, como los Reyes Magos, la rutina cotidiana se rompe y hay muchos cambios en el día a día y muchos eventos y celebraciones con distintas personas.
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Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas, nos explica cómo prevenir esa sobreexcitación emocional que se puede producir en los niños en estas fechas.
Además de la emoción propia de la Navidad, muchos niños duermen menos, comen a distintas horas y participan en más actividades de lo habitual
Así les afecta el cambio de rutinas en Navidad
Los niños se pueden mostrar mucho más inquietos durante el periodo navideño, en comparación con otras épocas del año. Nada más que la emoción de encontrarse con Papá Noel o con los Reyes Magos ya es un disparador de sentimientos, que no siempre saben canalizar. Por eso es habitual que puedan mostrarse distintos.
"Además de la emoción propia de estas fechas, muchos niños duermen menos, comen a distintas horas y participan en más actividades de lo habitual. Estos pequeños desajustes, que a menudo pasan desapercibidos, influyen directamente en su capacidad para mantenerse tranquilos y regular su energía. Por eso aparecen señales como irritabilidad, llanto más frecuente, dificultades para concentrarse o comportamientos más impulsivos de lo normal”, detalla la especialista.
Una tranquilidad que se evapora
Esta forma de reaccionar no es única de un tipo de niño; puede aparecer en cualquiera, con independencia de su carácter y su temperamento. Es así porque el sistema nervioso del niño es más sensible a estos estímulos externos y, por la inmadurez propia de la edad, tiene menos capacidad de regulación. Lo que indica este estado es la necesidad de ofrecer al niño espacios donde pueda parar y recibir apoyo, con el objetivo último de restablecer su equilibrio emocional.
Es importante detectar el estado del pequeño cuanto antes, para evitar que entre en una espiral de cansancio y frustración que tensione todo el clima familiar. No obstante, "si estas conductas de sobreexcitación se mantienen una vez finalizadas las celebraciones navideñas puede ser señal de que el niño necesita apoyo adicional para gestionar sus emociones", aconseja Silvia Mérida.
5 pautas para una Navidad en equilibrio para los más pequeños
Hay situaciones inevitables en Navidad, a las que no se puede renunciar, como las celebraciones familiares en los días señalados. Pero sí se puede hacer una reflexión de lo que el niño está diciendo cuando se muestra sobrepasado, para intentar ajustar la agenda familiar teniendo en cuenta su bienestar.
Estas son cinco pautas de los expertos de Blua Sanitas para una Navidad más equilibrada:
- Mantener las rutinas siempre que sea posible: Puede ser algo complicado ante el aluvión de compromisos de estas fechas, pero "intentar conservar horarios estables de comidas, sueño y descansos aporta seguridad y evita aumentos innecesarios de energía o cansancio acumulado".
- Fomentar momentos de calma y estabilidad: Se consigue con actividades tranquilas, como pintar en casa o leer, que ayuden al niño a recuperar la calma "y canalizar la energía de forma positiva. Además, los niños se regulan mejor cuando un adulto los acompaña con calma, ofreciéndoles seguridad".
- Gestionar la entrega de regalos: Para los más pequeños, la festividad de los Reyes Magos o de Papá Noel se puede convertir en un auténtico maratón para abrir regalos a los que le cuesta prestar un mínimo de atención. "Recibir muchos juguetes a la vez puede resultar abrumador. Entregarlos en distintos momentos o permitir que exploren solo uno o dos ayuda a reducir la sobreestimulación".
- Evitar agendas saturadas: Cada vez hay más planes navideños y las vacaciones se pueden convertir en un gymkhana donde las familias van de un sitio a otro para no perderse nada. Pero no es lo más adecuado. Lo mejor es alternar actividades animadas con periodos de calma, ya que esto "favorece una mejor gestión emocional y ayuda a que los niños disfruten de las celebraciones sin sensación de vértigo".
- No recurrir a castigos ante la sobreexcitación: Es normal que los más pequeños tengan rabietas, muestren cansancio, protesten... son demasiadas emociones a gestionar. ¿Cómo responder ante ello? "Las reprimendas aumentan su tensión. En este sentido, resulta más eficaz guiarles hacia actividades calmadas y reforzar comportamientos adecuados. Asimismo, reconocer y nombrar lo que sienten, como cansancio, alegría intensa o frustración, contribuye a que aprendan a regular sus emociones".
