Nació en el 69, tiene 56 años y cualquiera lo diría. Jennifer Lopez sabe cómo mantenerse joven y no solo presume de una espectacular melena sino que además, gracias también, por supuesto, al ejercicio físico y a una buena alimentación, está fuerte y tonificada. Sus abs siempre han dado mucho de qué hablar, como lo ha hecho también su piel.
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Según ha desvelado ella misma en una entrevista en televisión de la que se ha hecho eco el canal Think Health, pelo, piel y cuerpo resisten de la misma manera el paso del tiempo a partir de los 50 años. Te contamos cuál es el secreto antienvejecimiento de la también actriz y cómo puedes hacerlo tuyo con los consejos de las expertas.
"Una de las cosas que me he dado cuenta que quiero hacer es compartir lo que he aprendido. He tenido todos los entrenadores personales que te puedas imaginar, he probado todas las dietas del mundo y una de las cosas que he entendido es que, obviamente, el cuerpo de los hombres y el de las mujeres son muy diferentes: la forma en que quemamos energía, nuestra grasa... Todo es distinto", reflexionaba JLo.
"A medida que envejecemos, las mujeres necesitamos proteína, probablemente incluso más que los hombres", ha asegurado. No sé exactamente cuál es el estándar para los hombres, sé que ellos necesitan bastante también, pero la proteína es la base, sin duda. Porque si no tienes proteína, el músculo y todo lo demás empieza a deteriorarse", ha defendido. ¿Tiene sentido su mensaje?
La farmacéutica Marta Ortega, fundadora de la firma de nutricosmética MLAB no tiene duda. Nos cuenta que "las proteínas a partir de los 50 son fundamentales para mantener la buena salud y la juventud de nuestro organismo". Explica que ayudan a mantener la masa muscular y recuerda que el músculo actúa como órgano endocrino (al contraerse libera miocinas, que regulan el metabolismo, la energía, las hormonas y el cerebro).
Además recuerda que el músculo regula la resistencia a la insulina, evita que acumulemos grasa en exceso, controla la glucosa, mejora la memoria y la concentración, disminuye la depresión, aumenta la sensibilidad de los receptores de estrógeno y regula su caída, y reduce el cortisol entre otras muchas cosas. Por si todo esto fuera poco, el músculo nos ayuda también a tener una piel más joven.
Por todo lo anterior, según Marta, "podemos considerar que la proteína es el andamio de la piel, porque nos ayuda a formar colágeno y elastina, aumenta regeneración celular, disminuye la flacidez, y la inflamación de la piel y favorece que esta se mantenga correctamente hidratada". Pero ¿qué ocurre si por nuestros hábitos no conseguimos tomar la cantidad diaria de proteína recomendada?
La Organización Mundial de la Salud recomienda tomar un mínimo de 0,8-1 gramos por kilo de peso, en personas sedentarias. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva puntualiza que para personas activas el consumo debería ser de 1,4 y 2,0 gramos de proteína por kilo de peso corporal al día. Así, es evidente que la cantidad variará en función de la intensidad del ejercicio, de la calidad de la proteína y de cómo sea el resto de nuestra alimentación.
Hay que tener en cuenta que un filete de 100 gramos de carne o de pescado aportará unos 20 gramos de proteínas, al igual que la misma cantidad de almendras. Sin embargo estas últimas son de bajo valor biológico. Un huevo mediano contiene unos 7 gramos de proteína, lo mismo que 50 gramos de avena cruda. 100 gramos de kefir o de leche desnatada aportan 3,5 gramos de proteína, casi lo mismo que el yogur. Mientras que un plato de garbanzos cuenta con 9 gramos de este nutriente y 100 gramos de champiñones con 4. Tendríamos, por tanto, que estructurar muy bien nuestra dieta para llegar a la Cantidad Diaria Recomendada (CDR).
Como nos confirma la farmacéutica, directora de su farmacia homónima y fundadora de Unique Pink Collagen, Metixell Martí, "si no llegamos a esta cantidad recomendada, podemos añadir proteína en polvo de forma sencilla". Nos cuenta que hay distintos tipos: la proteína del suero de leche, concentrada, aislada o hidrolizada (Whey). Y explica que "la proteína de la leche es la caseína". "También podemos optar por la albumina del huevo o proteínas vegetales, como la de la soja, el guisante, el arroz y el cáñamo, por ejemplo.
Además, para Meritxell, el colágeno, los aminoácidos, la creatina, el zinc y las vitaminas del grupo B también serían interesantes a la hora de aportar proteína a la alimentación. No son sustitutos de las proteínas de la dieta pero sí ayudan a mantener la función estructural y muscular, a proteger el intestino y el sistema inmune, a mejorar el metabolismo energético la función cognitiva y la síntesis de nutrientes.
Las dos farmacéuticas coinciden en que la proteína que tomamos con lo que comemos es mucho más efectiva puesto que los alimentos además de proteína contienen nutrientes completos que mejoran su absorción. "La idea es por tanto que el 80-90% de proteínas vengan de la dieta y el resto en forma de suplementos", termina Marta Ortega.
