Amistades y relaciones

Teresa Herrero, coach: "no toda la gente que nos rodea es un vínculo. Y aceptarlo es clave para la madurez emocional"


Saber diferenciar qué lugar ocupa cada persona en tu vida es fundamental. Una experta en bienestar y desarrollo personal nos explica cómo diferenciar las amistades genuinas de las que no lo son.


amigas paseando camara© Getty Images
Paula MartínsColaboradora de Moda y Estar Bien
2 de enero de 2026 - 18:00 CET

No todas las personas que forman parte de nuestra vida ocupan el mismo lugar emocional. A veces compartimos tiempo, rutinas e incluso confidencias, pero eso no siempre implica un vínculo profundo. Distinguir entre presencia y conexión puede resultar incómodo, pero también es una de las claves para cuidar nuestra salud emocional.

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Como explica la coach de desarrollo personal y gestión emocional, Teresa Herrero Maortua (@teresaherrero.coach), "no toda la gente que nos rodea es un vínculo. Y aceptar esto, aunque incomode, es una de las grandes claves de la madurez emocional”.

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A lo largo del tiempo vamos acumulando relaciones de distinto tipo. "A lo largo de la vida acumulamos presencia. Es decir, personas con las que compartimos tiempo, espacios, rutinas, incluso risas. Pero la cercanía no siempre implica conexión" explica la especialista. Y añade algo fundamental: "A veces hay compañía, pero no vínculo. Y no pasa nada, salvo cuando esperamos del otro algo que no puede darnos".

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Qué define un vínculo auténtico

Un vínculo genuino no se mide por la frecuencia de los mensajes ni por la cantidad de planes compartidos. Según la experta, "no se define por la frecuencia del contacto, sino por la calidad emocional, por la capacidad de mantenerlo en el tiempo, por el respeto a los límites y por la posibilidad de poder hablar abiertamente también cuando algo se mueve o duele".

En la práctica, esto se traduce en poder mostrarse tal y como uno es. "Puedes ser tú sin cambiar. No tienes que rebajar lo que sientes ni exagerar lo que te pasa", señala. También implica sentirse escuchado de verdad: "Hay escucha real, no solo turno de palabra. El otro no compite. Te escucha con interés".

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Otro aspecto clave es el equilibrio. Cuando el vínculo es auténtico existe reciprocidad emocional. "No siempre al 50 %, pero sí un equilibrio que se va ajustando según los momentos vitales”, explica la coach. Y, sobre todo, la posibilidad de poner límites sin miedo a perder la relación: "El vínculo no se sostiene por complacencia ni por miedo al conflicto”.

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Cuando el vínculo atraviesa momentos difíciles

No todas las relaciones atraviesan las mismas etapas al mismo tiempo. Hay momentos de mayor cercanía y otros de distancia, y eso no siempre implica una ruptura emocional. Como recuerda la especialista, "las relaciones, como casi todo en la vida, no son lineales".

De hecho, un vínculo sólido puede atravesar crisis personales, cambios vitales o periodos de menor disponibilidad emocional. "Si hablamos de una persona que ha estado presente a lo largo del tiempo, que nos ha cuidado y acompañado, y que ahora atraviesa un momento difícil, conviene darle el beneficio de la duda", señala.

Por eso es importante no interpretar automáticamente el silencio o la distancia como desinterés. "No todo distanciamiento es desinterés. No toda torpeza emocional es falta de vínculo", aclara. La clave está en observar si, pese a los cambios, se mantiene el respeto y la posibilidad de reencuentro.

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Compañía vs. vínculo

También es importante reconocer que no todas las relaciones están llamadas a ser profundas. "La compañía, en cambio, suele apoyarse más en la costumbre o en la necesidad de no estar solos", explica la experta. El problema aparece cuando se confunde esa presencia con intimidad emocional.

Por eso, Teresa Herrero añade: "la reparación emocional forma parte del vínculo. Y si no hay espacio para esa conversación, conviene preguntarse qué tipo de relación es".

En este punto, resulta clave entender que no todas las personas saben —o pueden— vincularse de la misma manera. "Nadie puede darte lo que no entiende o no sabe dar", recuerda la especialista. Y completa: "Quizá para ti el vínculo implica presencia, contacto y profundidad emocional, y para el otro implica algo más espaciado, más práctico o menos verbal. Y eso no es personal".

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Cómo aprender a relacionarse sin perderse

Gestionar las expectativas con madurez implica hablar, ajustar y aceptar límites. Poder hablarlo sin reproches, ajustar lo que esperamos sin anularnos, sostener cuando hay historia y cuidado, y poner límites cuando algo nos duele forma parte del proceso.

Porque, como concluye la coach, "rodearse de gente no es lo mismo que sentirse acompañado". Y aprender a distinguirlo —con honestidad, cuidado y respeto— también es una forma profunda de autocuidado.

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.