El gesto más repetido de Rosalía tiene algo que marca la diferencia: constancia. No es nuevo, tampoco desconocido (el gua sha y el roller llevan años formando parte del imaginario beauty), pero en su caso se integra como rutina. Y eso es lo que intensifica el resultado. Así lo ha confirmado en un vídeo reciente. Y es que, esta herramienta cuando se usa de seguido es mucho más relevante que cualquier tendencia.
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Gua sha y medicina tradicional china: el origen que explica su lógica
Xènia García, experta esteticista y fundadora de Cinc Estética (Barcelona), lo explica de forma precisa: "El uso del gua sha viene de la medicina china y es una herramienta que suele ser de piedra o un mineral liso que sirve para masajear la piel". Según asegura, ese masaje tiene beneficios reales: "Como por ejemplo que drena […] reduce la hinchazón facial […] es muy útil por las mañanas".
Originalmente su función estaba lejos de lo estético. Se utilizaba para activar la circulación y favorecer el equilibrio interno del organismo. Su traducción literal (“raspar arena”) habla más de técnica que de belleza. En el rostro, esa lógica se mantiene, aunque adaptada. La herramienta (habitualmente de cuarzo o jade) se desliza siguiendo líneas concretas para estimular, movilizar y liberar tensión.
El cambio se percibe rápido, y ahí es donde suele generarse la confusión: "Estimula también circulación, lo que nos genera un mejor tono de piel […] un efecto buena cara". Ese efecto, visible y casi inmediato, no responde a una modificación estructural del rostro: "Lo que hace el gua sha es una mejora momentánea del tono de la piel y de rasgos, pero no llega a generar cambios estructurales en el óvalo facial", explica la especialista. Y la duración también importa: "Siempre es un efecto temporal de horas o días […] no tiene el poder de cambiar rasgos o […] eliminar arrugas".
Esa idea no solo se repite en el ámbito estético. Desde la dermatología, el enfoque es muy similar. La dermatóloga Andrea Suárez insiste en el valor del masaje más allá de lo visible: la relajación de la musculatura facial (especialmente en zonas como el entrecejo o la mandíbula) tiene un impacto directo en cómo envejece la piel con el tiempo. La tensión acumulada, cuando se cronifica, también deja huella. En esa misma línea, el cirujano Anthony Youn señala uno de los efectos más evidentes del gua sha: "Es increíble para dar masaje al rostro y reducir la hinchazón". El matiz vuelve a ser el mismo: mejora visible, pero superficial. Porque cuando se habla de cambios más profundos, el discurso se vuelve mucho más claro. La doctora Nyla Raja lo resume así: "No esperes que el gua sha te ayude a resolver todas tus necesidades de la piel".
Cómo usarlo para que realmente se note
Aquí es donde el gesto deja de ser estético y pasa a ser técnico. Porque no es tanto qué usas, sino cómo lo usas. El gua sha necesita deslizamiento. Siempre. Trabajar sobre la piel seca no solo resta eficacia, sino que puede generar fricción innecesaria. Por eso, la base es un producto que permita que la herramienta fluya sin arrastrar. En mi caso, lo uso con los aceites faciales de Elemis, que aportan ese punto justo de nutrición sin saturar, o con la manteca de AOKlabs, que ha sido uno de los últimos descubrimientos y funciona especialmente bien cuando la piel necesita más confort.
No se trata de pasar la piedra sin criterio, sino de entender hacia dónde se mueve el rostro. El gesto debe ser siempre lento, casi pausado, y acompaña la anatomía facial en sentido ascendente y hacia el exterior. Desde el cuello, el movimiento sube suavemente hacia la mandíbula; en la mandíbula, se desplaza desde el mentón hacia la oreja; en las mejillas, desde el centro del rostro hacia los pómulos; y en el contorno de ojos, con una presión mínima, siguiendo la línea desde el lagrimal hacia la sien. La frente, por su parte, se trabaja desde el entrecejo hacia arriba y hacia los laterales, liberando tensión. No debe haber presión excesiva ni prisa. El gesto es superficial porque el objetivo no es marcar, sino drenar.
Y hay un detalle que marca la diferencia y que muchas veces se pasa por alto: todo termina en la clavícula. Es ahí donde el sistema linfático descarga y realmente se completa el drenaje. Sin ese paso final, el gesto pierde gran parte de su sentido.
Aún así, la clave no está en el gesto en sí, sino en repetirlo. Para observar resultados lo recomendable es introducirlo como parte de una rutina para preparar la piel y activarla. El gua sha funciona estimula, drena, relaja y la mejora de forma puntual. Cuando se usa bien el rostro se ve más descansado, afinado y uniforme. No cambia, pero se percibe distinto. No es casualidad que otras figuras como Kylie Jenner también lo haya incorporado a sus rutinas. Por eso, aunque Rosalía no introduce una técnica nueva (más allá de contar que recurre a usar los nudillos para aumentar el efecto cuando nota que tiene zonas con mucha tensión), sí pone el foco en algo que a menudo se pasa por alto cuando se compra un gua sha, la constancia.
Además de las piedras tradicionales, empiezan a aparecer versiones más contemporáneas que reinterpretan el gesto desde otro formato. Es el caso de los cepillos faciales de masaje que combinan el efecto de arrastre con un estímulo más superficial y sensorial. No sustituyen al gua sha clásico, pero sí amplían la experiencia, especialmente para quienes buscan un gesto más intuitivo o menos técnico.
