Lionel Messi volvió a ser el gran protagonista en Miami. No solo porque convirtió dos goles decisivos para que el Inter Miami se asegurara un lugar en la final de la Leagues Cup, sino porque regaló a los aficionados una de las escenas más tiernas y humanas de su carrera: su emotivo gesto con sus hijos, Thiago, Mateo y Ciro, en la tribuna VIP del Chase Stadium. Tras su segundo gol, a pocos minutos del final, la celebración tomó un giro inesperado. Primero compartió la euforia con sus compañeros en el césped, pero luego alzó la mirada y fue directo hacia la grada.
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Allí lo esperaban sus tres hijos, que lo recibieron con los brazos abiertos. El pequeño Ciro (7) fue el primero en lanzarse a por su padre, seguido por Thiago (12) y Mateo (9). Y, como en un cuadro familiar perfecto, Antonela Roccuzzo, radiante, aplaudía y sonreía desde detrás de ellos. Fue una escena breve, pero suficiente para emocionar a todo el estadio y recordarnos que, detrás del mejor futbolista del mundo, hay un hombre profundamente familiar.
El propio Messi reconoció que este partido tenía un sabor especial. Tras varias semanas con molestias musculares, confesó: “Quería estar. Desde que volví con Galaxy sentí una molestia y no me sentía cómodo. Me preparé para estar por lo importante que era, con un rival complicado, nos había ganado los dos partidos. En el primer tiempo me sentía con miedo, pero en el segundo tiempo me solté un poco más”. Unas palabras que reflejan no solo la exigencia de su profesión, sino también la determinación de quien no se conforma con estar presente.
Si algo caracteriza a Messi es que, pese a la fama mundial, nunca ha perdido de vista lo que para él es lo más importante: su familia. En el centro de esa vida discreta y llena de afecto está Antonela Roccuzzo, su compañera de siempre. Su historia parece sacada de una película: se conocieron en Rosario cuando él tenía apenas nueve años, gracias a su amigo de la infancia Lucas Scaglia, primo de Antonela. Desde entonces, Leo quedó prendado de aquella niña de sonrisa tímida.
El destino los separó cuando Messi se marchó a Barcelona con trece años, pero el vínculo nunca desapareció del todo. El reencuentro llegó en 2005, tras una tragedia personal que vivió Antonela. Messi, que estaba de visita en Argentina, no dudó en estar a su lado. A partir de ahí, la amistad se transformó en algo más y, en 2009, la pareja hizo oficial su relación.
En 2017, sellaron su historia de amor con una boda inolvidable en Rosario. Aquel 30 de junio, rodeados de familiares, amigos y compañeros de toda una vida, celebraron su unión con 240 invitados en el Hotel City Center. Más que una boda mediática, fue una fiesta del amor de dos personas que se conocen desde siempre. Una ceremonia íntima pero seguida con expectación mundial, que marcó el inicio de una nueva etapa en su vida.
Su santuario en España: su vida entre Miami y Barcelona
Desde 2023, la familia vive en Miami, donde Messi se ha convertido en la gran estrella del Inter. Allí disfrutan de la tranquilidad que ofrece la ciudad, con planes familiares al aire libre, playas y una vida social más relajada que en Europa. Sin embargo, el matrimonio conserva su espectacular mansión en Castelldefels, a pocos kilómetros de Barcelona. Una residencia de más de 10.000 metros cuadrados, con piscina climatizada, gimnasio, balneario privado, pista de pádel y hasta un campo de fútbol particular. Una auténtica fortaleza con vistas al Mediterráneo, que garantiza privacidad y que ha sido escenario de muchos de los momentos más importantes de la familia.
Adquirida en 2009 y reformada con una inversión millonaria, fue el lugar donde crecieron sus hijos y allí la pareja encontró la intimidad que necesitaban en medio del huracán mediático. En su interior, la casa refleja el estilo de Antonela: tonos neutros, materiales naturales y amplios ventanales que permiten que la luz inunde cada rincón. Todo está pensado para la vida en familia, con espacios diseñados para compartir y disfrutar juntos.
Una pareja cómplice dentro y fuera del campo
Si algo demuestra el presente de Messi es que la pareja que forma con Antonela también es protagonista fuera del campo. Hace apenas unas semanas fueron “cazados” por la famosa kiss cam durante un concierto de Coldplay en el Hard Rock Stadium de Miami. El público los ovacionó y Chris Martin, vocalista de la banda, los señaló como parte del espectáculo: “Hoy vino a vernos el mejor deportista de todos los tiempos”, exclamó. El beso, proyectado en la pantalla gigante, se hizo viral en cuestión de horas, confirmando que, además de ídolos deportivos, se han convertido en auténticas figuras de la cultura popular.
La familia, su verdadero triunfo
A sus 38 años, Messi sigue deslumbrando dentro del campo con actuaciones que lo colocan en lo más alto. Sin embargo, lo que más parece disfrutar es el tiempo compartido con los suyos. Quizás por eso, cuando el árbitro pitó el final ante Orlando City, su primera reacción no fue pensar en la estadística, sino en la emoción de celebrar con sus hijos. Hoy, Thiago (12), Mateo (9) y Ciro (7) son los auténticos protagonistas del universo Messi-Roccuzzo. El mayor, Thiago, heredó el carácter más tranquilo de su padre y es quien más disfruta acompañándolo en partidos y entrenamientos. Mateo, el más travieso, arranca sonrisas con sus ocurrencias y se ha convertido en el alma alegre de la familia. Ciro, el benjamín, todavía pequeño, es pura espontaneidad y ternura. No es raro verlos en los estadios estadounidenses alentando a su padre, acompañados siempre por Antonela, que mantiene un perfil cercano en redes sociales, compartiendo momentos familiares, viajes y rutinas cotidianas.