Por segundo año consecutivo, esta pequeña ciudad gallega de alma marinera vuelve a ser escenario de la gran fiesta del cine y las series españolas, que reunirá el sábado 24 de enero en el Pazo da Cultura a los actores, actrices y creadores del momento. Nombres como Mario Casas (Muy lejos), Patricia López Arnaiz (Los domingos), Anna Castillo (Su Majestad), Javier Cámara (Yakarta) o Alberto San Juan (La cena), además de la actriz Marta Fernández‑Muro que este año recibe el Premio Honor por su trayectoria cinematográfica, llegarán a una ciudad que estos días mezcla glamur y vida cotidiana.
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Los Feroz, organizados por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España, son considerados la antesala de los Goya y marcan el rumbo de la temporada de premios, pero aquí se viven de manera cercana, casi de festival de calle. Ese es precisamente el encanto de Pontevedra, una ciudad preciosa, abarcable y, para muchos, una gran desconocida que, más allá de la gala, invita a perderse por su casco histórico peatonal, tomar algo en la plaza de la Leña, cruzar el puente del Burgo al atardecer y dar un paseo junto al río Lérez. Y, además, a pocos minutos están las playas de las Rías Baixas, los miradores de A Caeira y el monasterio de Poio. ¡Vayamos a ello!
DE LA PLAZA DE LA FERRERÍA A LA PEREGRINA
La plaza más grande y animada de Pontevedra, la de la Ferrería, toma su nombre de los herreros que trabajaban antaño bajo sus soportales. En ella se encuentran dos referentes pontevedreses: el café Savoy (savoyrestobar.com), frecuentado por intelectuales desde 1936, y el Carabela, que suman décadas de historia.
Alrededor de la plaza de la Ferrería hay mucho que ver, empezando por el convento de San Francisco, magnífico ejemplo del gótico gallego. Tras contemplar su fachada, con un magnífico rosetón, hay que pasar a su interior, porque guarda un claustro de proporciones perfectas, sepulcros medievales y preciosas vidrieras. Y sorprendentes son las ruinas de la iglesia de San Domingos.
Son muchas las calles peatonales que recorren el centro histórico, pero la rúa Soportales, que hace alusión a su nombre, y sale de la misma plaza de la Ferrería, es de obligado paseo. Al final de ella, aparecen las torres de la iglesia de la Peregrina, la más querida por los pontevedreses.
La plaza que preside el templo que acoge a la patrona de Pontevedra es el epicentro de la ciudad. Hasta aquí llegan también los peregrinos que siguen el Camino Portugués. La iglesia, del siglo XVIII, tiene planta en forma de vieira y una concha gigante del Pacífico que hace las veces de pila de agua bendita.
LA PLAZA DE LA LEÑA
El rincón más icónico (y fotografiado) del casco antiguo es la plaza de la Leña, cuyo nombre recuerda su pasado como punto de comercio de leña. Es la típica plaza gallega: pequeña, con soportales, rodeada de edificios de sillares de granito, galerías y el cruceiro en el mismo centro. Sus terrazas y restaurantes le dan vida. En este entorno, dos direcciones para tomar nota: Eirado da Leña (oeirado.com), cocina gallega actualizada a cargo de Iñaki Bretal, premiado en 2020 con la primera estrella Michelin de la ciudad, y Loaira (menuyvinos.com), para un picoteo selecto.
Cerrando esta placita, hay dos pazos del siglo XVIII, el de Castro Monteagudo y el de García Flórez. Ambos acogen secciones del Museo de Pontevedra, que se reparte entre seis sedes distintas (como el moderno Sexto Edificio, en la rúa Padre Amoedo) y reúne desde arte gallego a piezas prehistóricas, arte sacro, numismática o artes decorativas.
LA PLAZA DE LA VERDURA
Ni un minuto andando se tarda en llegar de la plaza de la Leña a la plaza de la Verdura, otra de las plazas típicas del casco viejo de Pontevedra por las que es imprescindible pasar. Su nombre procede del mercado de frutas y verduras que se celebraba cada mañana. Hoy sigue siendo un lugar animado, con soportales y bares para el tapeo. A un lado de la plaza se encuentra la Casa de la Luz, antigua fábrica del siglo XIX, hoy reconvertida en centro de recepción de turistas.
BASÍLICA DE SANTA MARÍA
Desde la plaza de la Leña, el paseo continúa casi sin darse cuenta hacia uno de los grandes tesoros monumentales de Pontevedra: la basílica de Santa María la Mayor. Basta con dejar atrás las terrazas y las galerías de la plaza y tomar las callejuelas que descienden suavemente hacia la ría para llegar a este templo imponente, considerado una joya del gótico gallego. Su fachada es un auténtico retablo de piedra, y sorprende por la cantidad de detalles esculpidos, desde escenas bíblicas hasta figuras de navegantes, que recuerdan el pasado marinero de la ciudad.
A dos pasos de la basílica queda la plazuela de las Cinco Rúas, con una placa que señala que aquí vivió Valle-Inclán y rodeada de tabernas, como Casa Fidel O’ Pulpeiro (opulpeiro.es), donde probar uno de los mejores pulpos de la ciudad.
Si hablamos de comer, también recomendable es la Viñoteca Bagos (vinotecabagos.com), en la rúa Michelena, 20, una vinoteca moderna que sirve tapas creativas con sabores asiáticos y una amplia carta de vinos cuidadosamente seleccionados.
Y, por supuesto el restaurante del Parador de Pontevedra (parador.es), un palacio renacentista del siglo XVI en pleno casco antiguo, en el que, además de saborear su cocina tradicional, puedes quedarte a dormir o a disfrutar de su pequeño jardín de camelias, como las que también se ven en los jardines de Colón y en el decimonónico pazo de Lourizán.
