Con el paso de los años, nuestro equilibrio hormonal se va viendo afectado por múltiples factores que van desde el estrés cotidiano, la falta de movimiento, ciertos alimentos que generan inflamación sin que lo notemos, y etapas naturales como la perimenopausia en las mujeres. Todo esto hace que mantener la salud metabólica se vuelva cada vez más desafiante, incluso cuando intentamos cuidarnos.
© Getty ImagesEn este escenario, la insulina juega un papel central. Es la hormona que regula cómo usamos y almacenamos la energía, y cuando se descontrola, arrastra consigo a muchas otras. La buena noticia es que existen formas naturales de favorecer su equilibrio gracias a una alimentación consciente y movimientos estratégicos que pueden desencadenar un efecto dominó positivo en el resto del sistema hormonal.
© CortesíaEl cuerpo, al recuperar esa armonía, aprende a utilizar la grasa acumulada como fuente principal de energía, activando procesos de reparación y bienestar que parecían apagados; tal como nos lo comenta en entrevista para ¡HOLA! Américas, Do Palacios, Health Coach en nutrición moderna, especializada en metabolismo; quien experimentó justo la misma situación que, además de drenar su energía, le impedía bajar de peso sin importar el tipo de dieta y ejercicio que hiciera. Un logro que ahora comparte a través de su programa, con el que, en sólo seis semana, logra regular las hormonas, mientras la energía aumenta y el peso baja.
Uf… si el metabolismo completo fuera una película, la insulina sería el personaje principal y no la villana. Es una hormona súper diligente, organizada y trabajadora. Cuando comes, ella aparece y decide qué hacemos con toda esa energía: qué usamos y qué almacenamos, ese es su trabajo y nadie más puede hacerlo.
El problema empieza cuando la tenemos trabajando todo el día: Desayuno, snack, juguito, almuerzo, cafecito con algo, otro snack, cena… "algo más", la pobre nunca descansa. Y mientras la insulina esté elevada, quemar grasa… no es difícil, ¡es prácticamente imposible! El cuerpo no va a poder acceder a la grasa que ya tiene almacenada si lo estamos obligando a almacenar todo el día.
La insulina no es la mala de la película, sin ella, nos morimos y la mayoría abusa de ella. Hay que entenderla y aprender a trabajar con ella, no contra ella.
© CortesíaTodo empieza en tu intestino. Ahí viven miles de millones de microorganismos que participan en tu digestión y metabolismo. Y cuando abusas de carbohidratos refinados, azúcares y ultraprocesados, alimentas más a las bacterias que viven de eso, y aumenta su población exponencialmente. Y cuando son mayoría, gritan más fuerte. ¿Y adónde llegan esos gritos? Al cerebro. Porque intestino y cerebro están en comunicación constante, y en esa conversación participan señales relacionadas con el hambre, la saciedad y la recompensa.
Ahí aparecen otros personajes: la grelina, una de nuestras hormonas del hambre; la dopamina, relacionada con recompensa y motivación; y del otro lado, aparecen hormonas que envían señales de saciedad, como la GLP-1 y la leptina. Ese “NECESITO algo dulce”, “quiero pan”, “solo un poquito más” no siempre es una simple decisión tuya, hay todo un proceso biológico detrás.
Mientras las señales de hambre y recompensa gritan, ¡COME!, las señales de saciedad se vuelven afónicas. La leptina grita: '¡Ya tenemos suficiente energía!'; el GLP-1 grita: '¡El estómago está lleno!', y tu cerebro no le hace caso. Por eso es que no entendemos por qué nos cuesta tanto decir que no a los antojos.
Más que un tema de falta de fuerza de voluntad, es un tema de neurotransmisión hormonal muy fuerte.
© Getty ImagesHabía probado y estudiado muchísimas formas de perder peso, pero algo no me cuadraba. Algunas dietas y alimentos funcionan para unos y no para otros. Sentía que me faltaba una pieza del rompecabezas. Decidí enfocarme en cómo el cuerpo acumula grasa en primer lugar, y ahí apareció la insulina, la reina, la jefota del metabolismo, una de las grandes protagonistas cuando hablamos de almacenar y movilizar energía.
Empecé a conectar puntos: grasa abdominal, triglicéridos elevados, hígado graso, falta de energía, hambre constante, inflamación, glucosa elevada, cetonas bajísimas; cosas que muchas veces vemos como problemas separados, pero que metabólicamente están profundamente relacionadas, y la insulina es el actor y conector principal de todas estas piezas.
© CortesíaMe obsesioné con entender qué pasa con la insulina en cada cuerpo, con cada alimento, con nuestros hábitos, con el estrés, con el sueño, y ahí cambió por completo mi manera de trabajar. Para mí, enfocarnos en mantener los niveles de insulina bajos es una de las estrategias más importantes y la forma más acertada y efectiva de quemar grasa y recuperar nuestra salud.
Hoy no enseño una dieta, tampoco recetas, yo enseño a entender el metabolismo y a entender cuál es la relación personal que tiene nuestra insulina con cada alimento, cada hábito y cada estado emocional. Cuando trabajas en recuperar ese equilibrio, la quema de grasa y pérdida de peso terminan siendo una asombrosa consecuencia de un cuerpo y una mente que empiezan a funcionar mejor en todo sentido.
Las dos son hormonas. Ojo, el GLP-1 no es Ozempic. La industria farmacéutica no inventó el GLP-1, tu cuerpo ya lo fabricaba. El GLP-1 es una hormona que tu propio intestino produce naturalmente cuando comes. Básicamente, hace que la comida permanezca más tiempo en el estómago, aumentando la sensación de saciedad, y le avisa al páncreas para que segregue más insulina cuando entra glucosa.
Los medicamentos que imitan o potencian la señal del GLP-1 se han puesto de moda porque hacen que las personas tengan menos apetito y coman menos. Básicamente imitan químicamente una señal que nuestro propio cuerpo ya sabe producir.
El problema es que, en realidad, la solución NO es comer menos, es comer MEJOR, y con el fármaco GLP1 no vas a aprender a comer correctamente, vas a comer menos y, si continúas alimentándote de puros carbohidratos, azúcares y ultraprocesados, esto va a afectar tu nutrición y tu metabolismo, no necesariamente por el fármaco en sí, sino por la mala y poca nutrición.
© Getty ImagesYo conozco muchos doctores que usan el GLP1 en personas diabéticas, o con obesidad mórbida, como una herramienta con la cual estos doctores pueden disminuir fuertemente el apetito y los antojos por carbohidratos, azúcares y ultraprocesados. Aprovechan los efectos químicos de saciedad para enseñarles a comer y trabajar en recuperar una microbiota más saludable.
Otros doctores usan el medicamento para hacer que sus pacientes con sobrepeso crítico pierdan todo el peso durante un tiempo determinado, y en ese tiempo, no solo les enseñan a alimentarse bien, sino que hacen que los pacientes estén más aptos para empezar a hacer caminatas y movimiento de cuerpo, cosas esenciales para el cuerpo. Luego de ese tiempo, el paciente estará mejor preparado para continuar su mejora de peso y salud sin necesidad de más GLP1 externo.
© Getty ImagesPero como mencionas, también sé de doctores que reciben pacientes que quieren perder 5, 10 o 15 kilos con esos fármacos pero estos doctores prefieren asegurarse de que consigan sus objetivos de manera natural y saludable. Que una persona tenga sobrepeso, o incluso obesidad, resistencia a la insulina o diabetes tipo 2, no significa automáticamente que necesite un GLP-1 externo. La alimentación correcta y los hábitos naturales son la herramienta más poderosa para revertir esas condiciones y recuperar tu salud. ¿Hay personas que necesitan tratamiento farmacológico? Por supuesto. Esa decisión le corresponde a cada médico y depende de la condición de cada paciente.
© Getty ImagesSí, claro, y yo lo veo muchísimo. Recibo personas que dejaron esos péptidos (medicamentos) y recuperaron gran parte de lo que habían perdido, algunas incluso más. ¿Por qué les pasó eso? Porque nunca aprendieron a nutrirse correctamente. Durante meses tuvieron el apetito fuertemente reducido, pero se alimentaron pésimamente, con alimentos de baja densidad nutricional y en cantidades muy pequeñas, sin cubrir sus necesidades nutricionales, y por consecuencia pierden masa muscular, se les cae el pelo, andan con fatiga crónica, etc…
Si no aprendes a alimentarte bien, ¿qué esperas que suceda después de quitarte el medicamento? Adelgazar no debe ser el único objetivo al usar esos productos, si decides hacerlo, debes aprovechar esa supresión de los antojos para aprender a alimentarte bien. Construir un cuerpo capaz de sostener ese cambio es la clave.
A mí me encanta usar el monitor porque medir es dejar de adivinar. Medir es avanzar a CIENCIA CIERTA. Mucha gente me dice: “Do, yo como súper saludable”. Perfecto. Pero, ¿qué significa saludable para tu cuerpo? Ahí es donde los números del monitor se vuelven maravillosos. La glucosa me permite observar cómo está respondiendo tu cuerpo, y las cetonas me muestran cuándo estás empezando a utilizar más grasa como combustible. Juntas, me cuentan la historia de tu progreso.
Pero yo no busco números “perfectos”. Los uso para conocer patrones. Porque un número aislado no me interesa tanto como la historia que me cuentan todos los números juntos. ¿Qué pasó después de determinada comida, qué sucede cuando duermes mal, cuando estás bajo mucho estrés, o cuando cambias tus horarios? Además, dos personas pueden comerse exactamente el mismo plato y tener respuestas completamente diferentes. El cuerpo nos habla todo el día, el problema es que nadie nos enseñó a escucharlo.
© CortesíaEl monitor nos ayuda a entablar una conversación super productiva con nuestra biología y con nuestro metabolismo. Y cuando tienes tu propia información, puedes dejar de copiar la dieta de la vecina, de la influencer o de tu mejor amiga, y empezar a entender tu propia relación con cada alimento, con tus hábitos y con tu propia biología. Cuando medimos, ya no adivinamos. Observamos y aprendemos. Por eso, para mí, acompañar diariamente a mis asesorados es tan importante para garantizar el éxito de sus objetivos. ¡Es mi arma no tan secreta!
© Getty ImagesEste es uno de mis temas favoritos, porque casi todos llegan diciéndome: “Do, pero yo como súper saludable y no bajo de peso, ¡no sé qué me pasa!”.
Hay muchísimos productos que consideramos saludables, pero que la gente no tiene la menor idea del impacto que pueden tener sobre su insulina y que están bloqueando su quema de grasa: El pancito integral artesanal, sourdough, orgánico, con semillas traídas de los jardines Olimpo. La avena con plátano y miel. El juguito verde que además lleva manzana, piña y otras frutas. La granola “sin azúcar”, las barritas “healthy”, el yogurt con fruta, la leche de avena, quesos, edulcorantes… “Saludable”, es una palabra peligrosamente amplia.
La mayoría de productos “light”, “orgánicos”, “gluten free”, “lactose free”, volteamos el paquete y vemos los ingredientes: Azúcares escondidos bajo diferentes nombres, harinas, almidones, aceites refinados, químicos, colorantes y una lista interminable de cosas dentro de un producto que nos lo venden como natural, keto u orgánico. Pero tu metabolismo no sabe leer marketing. Tu metabolismo no dice: “¡Ahhh, tranquila Doña Insulina, no se preocupe, este producto es Light”.
© CortesíaExisten muchísimos alimentos que podemos considerar saludables, pero si nuestro objetivo es quemar grasa de verdad, debemos dejarlos de lado por un tiempo porque van a bloquear nuestros esfuerzos sin que lo sepamos. Y no solo porque hay muchos productos saludables que generan picos de insulina, sino porque se consumen en grandes cantidades y con mucha frecuencia y hasta de noche. No importa si comes el alimento más saludable del mundo, si lo comes de noche como costumbre continua, vas a bloquear tu quema de grasa.
Nuestro metabolismo NO responde igual a una comida durante el día que a esa misma comida por la noche. Si estamos en un proyecto serio de quema de grasa, debemos dejar de asumir qué es saludable y qué no, debemos saber a ciencia cierta qué impacto insulínico tiene en nuestro cuerpo.
© CortesíaCuando el cuerpo finalmente aprende a generar energía de la grasa que tenía almacenada, descubre otro combustible: las cetonas, lo que yo llamo nuestro combustible premium.
Es una energía más estable, más eficiente, sientes menos hambre y más energía, y una claridad y agudeza mental brutal. Cuando entramos en modo “quema de grasa total”, lo más maravilloso no ocurre en la balanza, ocurre en la cabeza. Dejas de pensar en comida todo el día y te enfocas en cosas más productivas. Dejas el drama constante de negociar contigo: “¿qué me provoca hoy?”, “solo un poquito”, “mañana empiezo”, “me lo merezco”, “el lunes lo arreglo”.
Cuando ese ruido se va, dejas de intentar ganarle una batalla a tu propia biología, le entiendes y se trabaja con ella. Para mí, esa es la forma más pura de recuperar tu libertad. Las personas llegan a mí para bajar de peso, pero lo que encuentran es muchísimo más que eso. Cada persona a la que yo ayudo a alcanzar ese momento maravilloso en el que dice: “Wow. Ok… ahora entiendo la verdadera capacidad de mi cuerpo y de mi mente, y acá me quiero quedar”, es un pequeño sueño hecho realidad para mí. Porque ahí entiendo que ya no solo bajó de peso, aprendió a conocer su cuerpo. Y cuando entiendes tu cuerpo, empiezas a recuperar algo mucho más importante que un número en la balanza: la confianza de saber qué hacer con él.




