Acaba de cumplir 58 años y lo hace en un momento de total reinvención. Después de conceder sus primeras entrevistas, Iñaki Urdangarin lanza sus esperadísimas memorias bajo el título Todo lo vivido. Triunfos, derrotas y aprendizajes. Un libro de la editorial Grijalbo que saldrá a la venta el 12 de febrero y sobre el que ¡HOLA! ha accedido en exclusiva a los primeros extractos que narran la vida del deportista olímpico y también del hombre que se casó con una infanta de España. Padre de cuatro hijos -nietos y sobrinos de rey- con formas de ser e inquietudes totalmente distintas, revela algo desconocido sobre su familia hasta ahora: Irene Urdangarin presenta dislexia, una dificultad específica del aprendizaje.
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“Irene quien más me fascina”, declara en el libro. Estudia Gestión de Eventos en la Universidad Oxford Brookes, y ha logrado sus metas, aunque no lo tuvo nada fácil, puesto que, desvela, tuvo “dificultades de aprendizaje desde bien pequeña debido a su dislexia”.
La Organización Mundial de la Salud describe la dislexia como un trastorno específico del aprendizaje de origen neurobiológico, que se manifiesta en dificultades significativas en la lectura, la escritura y el reconocimiento de palabras. Se estima que afecta aproximadamente al 10% de la población mundial. Según esta entidad, se trata de una condición innata, en ocasiones hereditaria, que no guarda relación con el cociente intelectual y que puede tener un impacto académico o laboral en caso de que el entorno educativo no se adapte a las necesidades de la persona. La Organización Internacional de Dislexia y Familia recuerda que "no existen dos personas con dislexia idénticas, por lo que cada caso es único".
Miembros de la realeza que han hablado sobre su dislexia: del caso Bernadotte a Beatriz de York
Varios miembros de casas reales europeas han hablado públicamente de su dislexia o han sido identificados por sus propias familias como personas con esta dificultad específica del aprendizaje. El caso más conocido es el del príncipe Carlos Felipe de Suecia, ya que desde la fundación que montó con su esposa, la princesa Sofía, trabaja para difundir el conocimiento sobre la dislexia, la importancia de una detección temprana y el derecho a recibir apoyo para tener éxito en la educación.
Durante años, el único hijo varón del rey de Suecia escondió su dislexia, algo que le generó bastante sufrimiento, incluso de forma pública, ya que llegó a recibir burlas por haberse equivocado al tomar la palabra durante una entrega de premios deportivos. "La gente fue muy dura conmigo y fue una sensación terrible", contó Carlos Felipe de Suecia estando en la Cumbre Mundial sobre Dislexia que se celebró en Londres en el 2018 y a donde acudió con su fundación y con su relato personal, algo que ayudó a abrir el tema de conversación, humanizar y dar visibilidad.
Carlos Felipe de Suecia -que al margen de su papel institucional estudió diseño gráfico y tiene su propia firma de diseño de interiores- no es el único de su casa que ha compartido su experiencia, su hermana Victoria, la princesa hereda, también ha hablado de ello. "Yo también sufrí en el colegio, donde oía cosas que me hacían daño. Era incapaz de leer o de escribir. Las letras pegaban saltos y todos se reían de mí!", explicó la futura reina durante el Seminario que organizó la Universidad de Örebro contra el acoso en las escuelas.
Aunque han sido los hermanos Carlos Felipe y Victoria de Suecia - príncipes ya de otra generación- los que han hecho conocida su dislexia, lo cierto es que todo apunta a que este trastorno específico ha estado presente en la familia Bernadotte, la dinastía que reina en Sueca desde 1818, durante generaciones. No se tiene la certeza absoluta de los motivos, pero sí hay un número significativo de príncipes y princesas de la casa, a lo que no se les dejó estudiar en el exterior, ya que no sé les consideraba buenos para ello.
El propio Carlos Gustavo de Suecia -cuyo reinado es actualmente el más largo de Europa--, comenzó a hablar de este tema animado por sus hijos, confirmando que para él la dislexia había sido un problema constante en su día a día. Algunos han considerado que la timidez y lo parco en palabras que es el rey de Suecia se debe a ello. Tampoco hay que olvidar que su trayectoria real fue muy particular, ya que su padre murió siendo él un bebé y desde entonces se convirtió en el príncipe heredero de su abuelo.
Un consejo de educación de dentro de la propia institución, opinó que no era beneficioso para él criarse con cinco mujeres -su madre y sus cuatro hermanas- así que pasó largas temporadas en un internado. "El primer año fue muy duro estando lejos de casa. Fue terrible", dijo el rey en el documental Kungen och jag, recordando que solo se le permitía volver a casa una vez por semestre. El jefe del Estado sueco dijo que se había sentido muy solo allí, pero que también se sorprendió al sentir por primera vez algo parecido a la libertad, la libertad de hacer amigos y algo tan cotidiano como ir con ellos a montar en bicicleta.
Una de sus cuatro hermanas mayores, la princesa Cristina, también participó en el documental de la SVT, la cadena pública del país, y su relato muestra como la dislexia de los Bernadotte era un tema desconocido del que directamente no se hablaba. "Mi hermana mayor tenía exactamente el mismo problema. Es una persona muy inteligente, pero no le permitió ir a la escuela", contó la princesa Cristina hablando la princesa Margarita. "Los consideraban lentos, realmente no contábamos con las herramientas que tenemos hoy para ayudar a los niños con dislexia", añadió la princesa.
El factor hereditario -evidente en el caso de la actual familia real sueca- es un tema del que ha hablado la propia princesa Victoria. "La dislexia es hereditaria y como madre de dos niños pequeños estoy preocupada", confesó la hija de los reyes Carlos Gustavo y Silvia en un documental emitido por la citada cadena pública. "Leemos muchos libros. Leer, cantar y rimar es importante para los niños y para su desarrollo", explicó la princesa, lazo entre la generación a la que directamente se le privo de estudios y la que ahora recibe todo el apoyo necesario, Estelle y Oscar de Suecia.
Beatriz de York, sobrina del rey Carlos III, es otra de las princesas que ha reforzado en los últimos años su compromiso con la visibilización de la dislexia, una condición que ella misma conoce de primera mano desde que fue diagnosticada a los siete años. Su participación en la versión animada del libro infantil Xtraordinary People, de Kate Griggs, le permitió compartir públicamente cómo vivió sus dificultades de aprendizaje y cómo, con el tiempo, ha llegado a considerar la dislexia "un tremendo regalo".
La implicación de la hija mayor de los antiguos duques de York, caídos en desgracia a partir de su vinculación con el caso Epstein, va mucho más allá de este proyecto puntual. Desde hace años, Beatriz de York colabora con organizaciones dedicadas a ello, como el centro Helen Arkell, del que es patrona desde 2013 y que la ayudó durante su propia etapa escolar. También ha impulsado iniciativas solidarias y ha participado en retos deportivos. En las entrevistas, la princesa de York insistió en la importancia de crear entornos educativos libres de juicio y en transmitir a los jóvenes que las dificultades que encuentran en el camino pueden convertirse en aprendizajes valiosos que les acompañarán toda la vida.
