La maternidad cambia radicalmente la vida, pero también la forma de verla y de entenderla. Sabemos que las prioridades cambian, el ritmo del día a día (a veces, agotador), los proyectos con los que antes se soñaba… Pero es que también se modifica el cerebro de la mujer en el embarazo y tras dar a luz, tal y como ha demostrado la Neurociencia. ¿Cómo le ha cambiado la maternidad la vida a Tania Llasera? La presentadora se sincera con nosotros y cuenta, con total honestidad, las luces, pero también las sombras de haber cumplido un sueño tan bonito (y tan duro) como convertirse en madre. Unas palabras con las que, sin duda, se sentirán identificadas muchas otras mujeres.
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En redes sociales vemos, muy a menudo, vidas y maternidades perfectas, en la que la crianza de los hijos es fácil… Frente a todo eso, escucharte a ti hablando de culpa, de no llegar a todo, hace que muchas madres se sientan identificadas contigo, que vean otra realidad. ¿Cómo es para ti la maternidad? ¿De qué manera te ha cambiado?
Yo creo que hay tantas maternidades como madres hay en el mundo, y la mía en particular me cambió la vida 180 grados, di una vuelta absoluta. Justo estaba reflexionando este fin de semana porque se me ha planteado un viaje y ¡ostras! hace que no viajo lejos y más de cuatro días desde que fui madre. Al final, quieres estar con tus hijos, para eso los has tenido. Y la verdad es que estoy disfrutando muchísimo de la maternidad y de este momento en el que estoy; mis hijos ahora tienen diez y ocho años y estoy en una etapa súper bonita porque todavía no son adolescentes, pero tampoco son bebés. Estoy como en esa ‘era de oro’ que estoy saboreando muchísimo.
Una madre es tan feliz como el más infeliz de sus hijos.
Hace tan solo unos días que tu hijo mayor ha cumplido los 10 años; ¿cambia la percepción del paso del tiempo con la maternidad?
Sí. Yo tuve a mis dos hijos muy seguidos, fueron prácticamente dos cesáreas en un año, y al principio fue una época muy confusa, muy difícil. No estaba deprimida, pero poco me quedaba; realmente estaba muy superada por esa doble maternidad tan rápida. Y recuerdo que los días pasaban muy lentos, que a las cuatro de la tarde, el segundo biberón, tercer biberón, segunda siesta para uno, papilla para el otro… Tenía que barajarlo, obviamente, con ayuda, porque siempre he tenido ayuda (estaba trabajando en La Voz, haciendo mi trabajo e intentando hacer malabares) y recuerdo pensar “¡solo son las 16:00 de la tarde! ¡Qué lento va esto!”.
Y luego, en cambio, los años vuelan. Lo que hace la maternidad con el tiempo, por lo menos para mí, en mi experiencia, es que los días van muy lento, pero los años vuelan y, ¡de repente, tiene una década tu mayor!
A parte de sentirte sobrepasada al principio, ¿te ha resultado difícil la crianza de tus hijos? ¿Has sentido ese malestar propio de muchas madres porque se han alterado un día o les han reñido un poco más de lo normal?
Yo creo que una madre es tan feliz como el más infeliz de sus hijos. Siempre estás escuchándoles, intentando valorar, te preocupa una cosa o la otra de uno de otro... Obviamente cada hijo es distinto. Da igual el género, son absolutamente diferentes, y cada uno necesita una madre diferente. Por eso estás constantemente mutando, intentando no tener ni mucha culpa ni… O sea, es una búsqueda de equilibrio constante. Y es agotador.
Yo confío mucho en mí misma y confío mucho en lo que conozco a mis hijos. Confío mucho en la educación que se me ha dado a mí y también a mi pareja. Y creo que creo que lo estoy haciendo muy bien. Digo “creo” porque obviamente no lo sé, pero bueno, dentro de lo que cabe, yo creo que lo estoy haciendo bien.
¿Cómo lleváis el tema de las pantallas en casa?
Mis hijos no salen en mis redes sociales. Ya saben que, si estoy haciendo un directo o estoy grabando algo, ellos tienen que estar lejos y no salir. Eso ya les da una idea de lo peligrosas que pueden ser las cámaras, las redes sociales y su propia imagen. Ahí tengo bastante ganado porque saben y entienden que mamá se dedica a la imagen y sabe mucho de esto, así que, si te estoy diciendo que no salgas, es para protegerte, porque es importante que no sepan a qué colegio vas, quiénes son tus amigos, qué extraescolares, a qué horas... porque hay gente peligrosa ahí fuera. Y de toda la gente que sigue a mamá, es muy posible que haya gente que no sea buena.
Eso por una parte. Y luego mis hijos no tienen ninguna videoconsola ni nada parecido. Sí que es verdad que yo un teléfono viejito, uno de esos que vas cambiando de teléfono y se te queda alguno ahí aparcado, y sí que les dejo jugar con él a los videojuegos que yo acepto, y tienen que estar delante de mí; yo tengo que estar presente cuando juegan, y les dejo media hora, no les dejo más. Y, sobre todo, intento que sean cosas que sean didácticas, que aprendan a pintar, tienen una app de aprender inglés… Ese tipo de cosas. Intento que no sean nada ni muy violento ni muy ni telenovelesco... etc.
¿Qué es lo que te ha resultado más difícil en la crianza de tus dos hijos?
¡Que difícil la pregunta! Que qué es más difícil... Pues sentirme sola como madre. Mi familia está lejos y la familia de mi pareja también está lejos. Tengo una maravillosa mujer que trabaja aquí para mí, que es empleada del hogar, cuidadora, y no duerme con nosotros, viene de lunes a viernes y me ayuda muchísimo. Me ayuda a conciliar mi vida laboral y mi vida familiar. Sin ella estaría más perdida con un ocho.
Pero sí, para mí lo más duro es tener a la familia lejos, porque muchas veces sería “ay, mamá, te dejo un momento a los críos”. O, si tuviera una hermana, un hermano, alguien a quien poder un poquito hacer de muleta... Muchas veces hemos estado todos enfermos con vómitos y tal, y es que es muy difícil no tener a nadie para decir “¡socorro!”.
Aunque cuentas con la ayuda de la persona que trabaja en tu casa, a veces es difícil aún así llegar a todo con dos hijos. ¿Cómo lo haces?
A ver, desde que soy madre, he dicho que no a muchos trabajos.
Entonces, ¿implica renuncia?
¡Claro! Hace poco me ofrecieron ser actriz en una obra de teatro. Tuve que decir que no porque no iba a estar con mis hijos en nueve meses. Me han ofrecido, hace poco también, ir a un reality y también he dicho que no porque quiero estar con mis hijos. O sea, necesito trabajos con los que pueda conciliar y esos no me permiten conciliar. Son trabajos que, de soltera, hubiera cogido con los ojos cerrados, pero que ahora no puedo.
¿Cómo llego a todo? Pues ¿como cuando pones mantequilla sobre pan y no llega? Pues así. Llego agotada a dormir, llego gritando muchas veces en mi maternidad y llego muchas veces muy justa de energías y de todo. Pero bueno, intento comunicarme con mis hijos en cuanto a que “ya sabéis que mamá, cuando está cansada, grita mucho; por favor, trabajad conmigo para que no esté yo agotada porque ya vengo agotada de trabajar o de lo que sea, y papá no está porque está de viaje”...
Intentando siempre comunicarme con mis hijos para que las expectativas sean realistas y entendiendo también que lo hago lo mejor que puedo con lo que tengo y que “mamá no es perfecta”. Me gusta muchísimo que me vean llorar, que me vean patalear... me gusta que mis hijos vean que su madre no es perfecta y que no sea yo un objetivo inalcanzable. Quiero decir, que soy humana y que los seres humanos tenemos nuestras ‘taritas’, como todo el mundo.
Yo tuve a mis dos hijos muy seguidos, fueron prácticamente dos cesáreas en un año, y al principio fue una época muy confusa, muy difícil. No estaba deprimida, pero poco me quedaba.
Volviendo al tema de las maternidades perfectas que se ven en las redes sociales, ¿puede llegar a afectar a la manera de criar a los hijos o de verte a ti misma como madre?
Yo creo que sí, porque yo creo que, sobre todo a las mujeres, se nos ha enseñado mucho a compararnos. Si tú te comparas con las redes sociales, yo creo que todas lo tenemos bastante claro, pero hay una perfección inalcanzable que lo único que va a hacer es crearte frustración y mal rollo; nada bueno va a salir de ahí. Tanta positividad y perfección puede resultar muy tóxica para una madre que está pasando algo, porque muchas veces las madres nos encerramos en el baño a mirar el móvil un rato para escape mental de tanta carga mental que tenemos: de tanto contentar a los demás, de que tu cuerpo no sea tuyo, porque tienes niños pequeños que te están tocando constantemente, que se llama vintaged out en inglés (o sea, como oiga un “mamá” más o como me toque alguien más….).
Cuando por fin ya se han acostado, llegas agotada y te comes una tableta de chocolate entera, miras fotos de cuando eran pequeños y dices “Dios mío, qué rápido pasa”... Y esto nos ocurre a todas. Y si hay algo que yo intento hacer en redes sociales es normalizar lo normal.
En relación a las consecuencias de ese agotamiento (el gritar más a los hijos, el alterarse más…), muchas veces aparece la culpa en la maternidad. ¿Cómo se gestiona esto?
Yo creo que lo que nosotras sentimos no es culpa. Culpa para mí es lo que pasa cuando tus acciones se no se alinean con tus valores. Y al final, si mis valores son que mamá también tiene que estar contenta y que mamá también tiene que irse con sus amigas a cenar… El otro día me quería ir con unas amigas a cenar y mis hijos se ponen los dos en la puerta y me dicen “¡no! tengo deberes de inglés y tienes que quedarte, y tienes que no sé qué tienes que no sé cuántas”.
Al final es decirles “mirad, mamá necesita, para ser buena madre, pasárselo bien fuera de casa y fuera de estar con vosotros, necesita oxígeno; ¿verdad que cuando tú te vas a jugar con tus amigos mamá no te dice ‘¡no!, quédate conmigo’? Necesitas tu espacio con tus amigos y mamá también necesita su espacio con sus amigas. Y no me da la gana que me haga sentir mal algo que mamá necesita como la comida, como el aire. Necesito salir de ser madre, porque si no, si solo soy madre, me ahogo”. Todo esto se lo digo porque ya tienen ocho y diez años, ya lo tienen que entender y, si no lo entienden, poca educación emocional les estoy dando. Y tienen que tener inteligencia emocional que les espera un futuro muy complicadito.
¿Cómo trabajáis en casa la educación emocional?
Tenemos un emocionario, que es un diccionario de emociones que, además, le regalé bastante socarrona a su querido padre. Lo tenemos porque, incluso a mí, me cuesta -a veces días- entender y digerir un sentimiento, una emoción, “qué me está pasando”, “por qué estoy de tan mala uva”, y lo voy a corregir en la ducha el tercer día. Digo eso por esto, pero yo tengo 46 años, imagínate un niño de ocho y de diez años. En el emocionario hay como 100 emociones: no solo estamos tristes, felices, enfadados o tranquilos, hay mucho más allá. Me hace mucha gracia porque lo sacamos mucho a pasear y decimos “pues es que hoy estoy ansiosa”. Nos viene muy bien para, por lo menos, poder etiquetarlas, para poder atravesar cada emoción por lo que es y no tenerles miedo.
Si volvieras atrás al día en el que nació tu hijo mayor, ¿qué cambiarías?
No los hubiera sacado nunca en redes. Yo saqué a mis hijos en redes hasta que una señora en el en el parque le dijo a mi hijo “¡Hombre, Pepe, yo soy amiga de tu madre!” y mi hijo, que en ese momento tenía como dos años, se asustó bastante. Ahí dejé de sacarlos. Es lo único que yo creo que cambiaría. Todos cambiaríamos algo al final, pero de todo aprendes.
