Niños y adolescentes

Dr. Alessandro Thione, cirujano plástico, sobre las cicatrices en los niños: “Si siente que ‘eso’ es lo primero que ven de él, puede afectar a su manera de relacionarse”



Dr. Alessandro Thione, especialista en Cirugía Plástica Reconstructiva y Estética© Dr. Alessandro Thione
29 de enero de 2026 - 7:30 CET

Tener una cicatriz en una zona visible, especialmente en el rostro, puede afectar enormemente a quien la tiene, ya sea adulto o niño. Si, además, el niño está entrando en la pubertad o ya es adolescente, el peso emocional de esa cicatriz suele ser mucho mayor. Y a cualquier edad, si el niño o el adolescente tiene tan presente mentalmente esa cicatriz que cree que es lo primero que los demás ven en él (a veces, sienten incluso que es lo único que ven), no solo afectará a su autoestima y a la confianza en sí mismo, sino también a la manera de relacionarse, tal y como señala el Dr. Alessandro Thione, especialista en cirugía plástica reconstructiva y estética (www.alessandrothione.es), con todo lo que eso implica en la infancia y en la adolescencia.

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Le hemos preguntado al Dr. Thione acerca de cuándo es recomendable recurrir a una intervención de cirugía plástica reconstructiva en menores de edad y acerca de los cuidados que han de venir de la mano de esa intervención, así como de los posibles riesgos. Y él lo tiene claro: la cirugía no cura la autoestima, pero puede cambiar la vida.

La cirugía no ‘cura’ la autoestima, pero puede ser un alivio real.

Dr. Alessandro Thione, especialista en cirugía plástica reconstructiva y estética

Niños con cicatrices visibles: ¿cómo les afecta emocionalmente tenerlas, especialmente si están en el rostro?

Depende mucho del niño, de su edad y del entorno. Algunos las viven con naturalidad, pero en otros puede generar vergüenza, inseguridad o miedo a que les miren. Cuando la cicatriz está en la cara, suele notarse más y puede influir en cómo el niño se percibe a sí mismo.

A veces el impacto no viene tanto de la cicatriz en sí, sino de las reacciones de los demás: preguntas constantes, miradas o comentarios en el colegio. Si el niño siente que “eso” es lo primero que ven de él, puede afectar a su autoestima y a su manera de relacionarse.

En la adolescencia, ¿se agrava ese malestar emocional? ¿Es habitual que adolescentes que no le han dado demasiada importancia en la infancia le presten más atención en la pubertad? ¿Por qué?

Sí, puede ocurrir. La adolescencia es una etapa en la que aumenta la importancia de la imagen y de la aceptación del grupo. Aunque de pequeños lo llevaran bien, al llegar la pubertad pueden empezar a mirarse de otra manera y a compararse más.

También influyen cambios típicos de esta etapa:

  • Más autoconciencia (“me están mirando”).
  • Más sensibilidad a la opinión de los demás.
  • Mayor exposición social (fotos, redes, etc.).
  • Y, en algunos casos, experiencias negativas como burlas o comentarios.

No significa que a todos les pase, pero es bastante frecuente que lo que antes era “una marca” pase a vivirse como “un defecto” si afecta a su seguridad.

¿Cómo la cirugía estética puede ayudar a dejar de tener esos complejos?

Cuando la cicatriz supone un problema importante para el niño o adolescente (por ejemplo, evita actividades, se tapa constantemente o sufre mucho por ello), mejorar su aspecto puede ayudar a reducir el foco de atención y aumentar la confianza. Dicho de forma clara: la cirugía no “cura” la autoestima por sí sola, pero en pacientes bien seleccionados puede ser un alivio real porque disminuye la visibilidad de la cicatriz o mejora su textura y color. Y es importante recalcar expectativas: en la mayoría de casos, no se puede “borrar” una cicatriz, pero sí hacerla menos llamativa.

Recuerdo el caso de una paciente adolescente que tenía una cicatriz muy visible en la mejilla, consecuencia de un accidente cuando era pequeña. Durante años apenas le había dado importancia, pero al llegar a la adolescencia empezó a taparla siempre con el pelo y a evitar hacerse fotos. En consulta no hablaba tanto de la cicatriz como de lo incómoda que se sentía cuando notaba que la miraban.

Tras valorar el caso, decidimos realizar una cirugía de revisión sencilla para hacer la cicatriz menos visible, combinada después con tratamiento con láser. Cuando volvió a las revisiones, el cambio no fue solo físico. Me dijo algo que no se me ha olvidado: “Ahora la cicatriz sigue ahí, pero ya no es lo primero que veo ni lo primero que ven los demás”. Ese tipo de frases te confirma que, en pacientes bien seleccionados, mejorar una cicatriz puede ayudar mucho a recuperar seguridad y tranquilidad.

© andrei310 - Adobre Stock

¿En qué consisten los tratamientos de cirugía estética que se aplican a menores de edad?

En menores se busca lo más seguro y conservador, adaptado al tipo de cicatriz y a la edad. Según el caso, pueden usarse:

  • Tratamientos no quirúrgicos: láser (para color/relieve), infiltraciones (por ejemplo, en cicatrices hipertróficas o queloides), presoterapia, siliconas, masajes y cuidados dermatológicos.
  • Cirugía de revisión de cicatriz: se “recoloca” o “reorienta” la cicatriz para que quede más discreta, se elimina tejido cicatricial y se sutura con técnicas finas.
  • Técnicas específicas según la zona: por ejemplo, plastias en Z o en W para mejorar cicatrices retraídas o mal orientadas.
  • En algunos casos, si hay pérdida de tejido o deformidad, se valoran injertos o colgajos, pero no es lo más habitual para cicatrices simples.

La elección depende de si la cicatriz es reciente o antigua, si es abultada, hundida, roja, ancha, si tira de la piel o limita el movimiento, etc.

No se trata de operar por la edad, sino por la indicación, el momento y el beneficio esperado.

Dr. Alessandro Thione, especialista en cirugía plástica reconstructiva y estética

¿Qué debe tener en cuenta el cirujano plástico antes de decidir intervenir quirúrgicamente a un menor de edad?

Varias cosas clave:

  • La indicación médica real: si es solo estética o también funcional (por ejemplo, si la cicatriz retrae y limita).
  • El momento evolutivo de la cicatriz: muchas cicatrices mejoran durante meses; a veces conviene esperar y tratar de forma conservadora.
  • Crecimiento del niño: la piel cambia y algunas cicatrices se modifican con el desarrollo.
  • Expectativas del menor y de la familia: que entiendan que se mejora, pero normalmente no desaparece.
  • Madurez emocional: si el menor entiende el proceso y colabora con cuidados.
  • Motivo de la demanda: no es lo mismo una decisión tranquila que una presión externa o un episodio de acoso que requiere abordaje más amplio.
  • Consentimiento: consentimiento informado de los padres/tutores y, siempre que sea posible, asentimiento del menor.

A veces también es útil trabajar en equipo con pediatría, dermatología o psicología si hay mucho sufrimiento emocional.

¿Hay posibles riesgos de una intervención de cirugía plástica en un niño o en un adolescente? ¿Cuáles?

Sí, como cualquier intervención. Aunque la mayoría son procedimientos seguros, hay riesgos generales y específicos: sangrado, hematoma, infección; mala cicatrización: que la cicatriz se ensanche, se eleve (hipertrófica/queloide) o quede irregular; cambios de sensibilidad en la zona; asimetrías o resultado estético por debajo de lo esperado; necesidad de retoques o tratamientos complementarios (láser, infiltraciones); si requiere anestesia general o sedación, existen riesgos asociados, que se valoran con anestesia según edad, salud y tipo de cirugía. En adolescentes hay un punto importante: el resultado puede cambiar con el tiempo por el propio crecimiento y cambios corporales.

¿Qué cuidados hay que seguir después de una intervención para eliminar cicatrices a un menor?

El postoperatorio es clave para un buen resultado. En general se recomienda:

  • Cuidado de la herida según pauta (limpieza, pomada si se indica, apósitos).
  • Protección solar estricta (idealmente 50+) durante varios meses, porque el sol puede pigmentar la cicatriz y hacerla más visible.
  • Evitar tensión o golpes en la zona durante el tiempo indicado.
  • Siliconas (gel o láminas) y/o masajes de cicatriz cuando el especialista lo autorice.
  • Revisiones periódicas para detectar a tiempo una cicatrización hipertrófica y tratarla pronto.
  • En algunos casos, láser o infiltraciones como complemento, no porque “haya ido mal”, sino para optimizar el resultado.

Y algo práctico para padres: la colaboración del menor (no rascarse, no arrancar costras, seguir pautas) influye muchísimo.

¿A partir de qué edad es posible o recomendable realizar este tipo de operaciones?

No hay una edad única: depende del tipo de cicatriz y del motivo. Si hay un problema funcional (la cicatriz retrae, limita el movimiento, afecta un párpado/lábido, etc.), se puede intervenir antes, porque la prioridad es la función y el desarrollo. Si es principalmente estético, muchas veces se espera a que la cicatriz “madure” y se estabilice (frecuentemente varios meses) y a que el niño pueda colaborar con cuidados.

En la adolescencia, cuando el malestar emocional aumenta, se valora con frecuencia, pero siempre individualizando: no se trata de operar por la edad, sino por la indicación, el momento y el beneficio esperado.

Cada niño y cada cicatriz son únicos. Por eso, la mejor decisión es informarse bien y resolver todas las dudas con calma. En mi consulta, valoro cada caso de forma individual, explicando con claridad qué se puede mejorar, cuándo es el mejor momento y si realmente merece la pena intervenir. A veces la mejor opción es tratar, y otras simplemente acompañar y observar. Lo importante es que los padres se vayan tranquilos, con información honesta y pensando siempre en el bienestar del menor.

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