Niños jugando en la naturaleza

Educación

Tener espacios verdes en los colegios mejora la salud física y emocional de los niños

Aumentar la concentración y la comunicación e, incluso, disminuir los conflictos o la desigualdad de género son solo algunos de sus beneficios

por hola.com

Este último año, la crisis sanitaria nos ha hecho más conscientes de la importancia de sumar espacios abiertos a las ciudades, así como de estar más tiempo al aire libre. En los colegios, por ejemplo, “la ampliación de las aulas para conseguir grupos reducidos de alumnos, nos ha obligado a mirar más allá del edificio escolar, sumando metros cuadrados en espacios como son el patio, una plaza o un parque”, nos cuenta Mamen Artero Borruel, miembro del colectivo de arquitectos El Globus Vermell. Ella, junto a otros expertos, han participado hace apenas una semana en las jornadas de Renaturalización de Espacios Educativos, organizadas con el apoyo de la Consejería de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica de España.

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En ellas, todos los participantes han coincidido en que “dotar de naturaleza a los patios escolares tiene beneficios cognitivos, psicológicos y a nivel de salud física para los niños y niñas”. De ahí el proyecto divulgativo a nivel nacional: Patios x clima, que busca luchar contra el cambio climático y que está destinado a potenciar la sostenibilidad y a proporcionar herramientas para la adaptación desde los centros educativos a través de sus espacios exteriores. Un proyecto que, de cara al próximo curso, debería ser tomado en cuenta. Mamen Artero Borruel nos cuenta por qué y qué beneficios tendría para la salud de nuestros hijos.

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Mamen, ¿qué beneficios tiene contar con espacios verdes y dedicados en exclusiva a la naturaleza en los colegios?

Los beneficios que puede aportar a nuestros hijos el contacto directo con la naturaleza son muchos y existen evidencias científicas que el aumento de espacios verdes repercute directamente en:

  • Una mayor y mejor concentración.
  • Mejora el manejo de los desafíos que pueden darse en nuestra vida.
  • El contacto diario con entornos naturalizados nos permite la práctica de una actividad física moderada.
  • Y fomenta las actitudes y comportamientos proambientales, con una mayor conexión de los niños con la naturaleza, “tomando conciencia a nivel comunitario y medioambiental del entorno”.

Además, y esto es muy importante, los que llamamos patios renaturalizados han mostrado ser espacios en los que hay una mayor igualdad de género, una mejor comunicación y tienen a desaparecer los conflictos.

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Tanto tú como los expertos que habéis formado parte de estas jornadas, ¿a qué os referís cuando habláis de espacios verdes en concreto?

En la idea de que los patios escolares de las ciudades se transformen en espacios de acceso a la naturaleza. Que todos los niños y niñas tengan ese derecho a contar con un espacio más verde, en el que encuentren diferentes texturas, opciones de juego cuyos puntos de partida sean la creatividad y lugares en los que puedan dar rienda suelta a su imaginación.

Con esto, no nos referimos a crear un huerto en un patio y punto, que también es positivo, sino de ir más allá. Hay que darle una vuelta a las extensiones de cemento tan habituales en los colegios, añadir elementos naturales y más vegetación. A veces, son pequeños cambios que no requieren una inversión desmesurada, lo importante es que sean intervenciones que busquen la diversidad, el acceso sencillo a la naturaleza.

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¿Qué pequeñas acciones podemos llevar a cabo? ¿Podemos introducirlas en el interior de las aulas?

Sí, también, pero hay que enfocar y priorizar este cambio, más que en las aulas, en los espacios exteriores, entenderlos también como lugares educativos y escenarios de aprendizaje. Por ejemplo, colocando mesas de picnic en zonas verdes comunes o acondicionando la zona que siempre ha estado abandonada bajo el árbol más remoto del patio. Hacerlo nos va a permitir llevar el aula al exterior, con las implicaciones físicas y emocionales que ello implica.

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Por último, ¿deberíamos darle más importancia a la sostenibilidad en los colegios, no solo revitalizando los espacios?

Sin duda. Es posible hacerlo y no solo teóricamente. Deberíamos asegurar, como hemos puesto de manifiesto con este proyecto, que la transformación de los patios de los colegios en jardines sea algo sostenibles por sí mismo y en relación con los demás sistemas del entorno.

De esta manera, el contacto con el medio natural, social y cultural en el que vivimos es básico para enriquecer la experiencia educativa y la evolución de nosotros mismos como sociedad. En un momento de emergencia climática, marcado por los retos que comporta el devenir, la toma de consciencia y estima de la naturaleza es clave.

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