Moda real

El 'efecto Jackie': la realeza mantiene vivo el 'tweed' como uniforme de poder


De la elegancia de Carolina de Mónaco y Carlota Casiraghi a los últimos looks de la princesa Leonor, el inolvidable estilo de la exprimera dama de Estados Unidos sigue siendo un referente entre las 'royals'


Carlota Casiraghi© Getty Images
8 de enero de 2026 - 8:00 CET

En una posguerra donde Christian Dior intentaba devolver a la mujer al pasado con corsés y faldas rígidas, Gabrielle Chanel desató su propia revolución. Se apropió del tweed, un tejido resistente utilizado por la aristocracia escocesa, para crear una silueta libre y moderna. Una chaqueta sin pinzas que funcionaba como una segunda piel, y que demostró ser inmune al paso del tiempo gracias a figuras como Karl Lagerfeld. En los años 80, el Káiser rejuveneció el legado de la maison llevando el mítico traje a las pasarelas junto a las top models del momento, asegurando que esta pieza no fuera una simple reliquia de museo, sino un icono vivo y atemporal.

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© Getty Images

Sin embargo, quien realmente elevó el tweed de tendencia a símbolo de poder fue Jackie Kennedy, la verdadera embajadora de este tejido tan característico. Más allá del triste recuerdo del modelo en rosa de Dallas, ella fue quien convirtió estos trajes en el uniforme de la mujer pública perfecta. Jackie era clienta habitual de la casa Chanel desde los años 50 aunque, para evitar las críticas por vestir firmas extranjeras, a menudo recurría a copias autorizadas de la neoyorquina Chez Ninon, confeccionadas con materiales importados de París. En su armario guardaba reliquias como este traje de tweed blanco con abrigo a conjunto que lució durante su viaje a Texas, demostrando que para ella este tejido no era solo ropa, sino una armadura diplomática. Una lección de estilo que hoy adoptan figuras como la Reina Letizia y Kate Middleton, quienes han encontrado en la fórmula de Jackie el equilibrio perfecto entre el protocolo real y la mujer moderna del siglo XXI.

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Carolina de Mónaco: una musa eterna

Si hay una Casa Real que ejerce como embajadora del tweed por excelencia, esa es la de Mónaco. La princesa Carolina no fue solo una clienta, sino la musa de Chanel en su era Karl Lagerfeld. Juntos, protagonizaron momentos inolvidables de los años 90 que sentaron las bases de la estética de la firma y convirtieron su amistad en leyenda de la moda. Una alianza inquebrantable que la princesa mantiene viva décadas después, como demostró en el Día Nacional de Mónaco de 2016, luciendo el clásico traje de tweed en tonos grises. Este estilismo dejaba claro que, aunque pase el tiempo, la elegancia Grimaldi permanece y es uno de los más bonitos que ha llevado en esta celebración; de ahí, que lo rescatemos.

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Carlota Casiraghi: una cuestión de herencia

El relevo generacional está más que asegurado en manos de Carlota Casiraghi. Crecida entre los probadores y actual embajadora de la firma Chanel, reinterpreta los códigos del clasicismo con un aire renovado. Así lo demostró en el Día Nacional de Mónaco de 2025. Rompiendo con su sobriedad habitual, Carlota apostó por un traje de tweed amarillo de inspiración noventera que acaparó todas las miradas. Con chaqueta corta y botones joya, confirmó que el tejido más icónico de la maison sigue siendo sinónimo de pura tendencia.

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Alejandra de Hannover: el relevo de la Generación Z

El círculo del estilo Grimaldi se cierra con Alejandra de Hannover, heredera de la elegancia de su madre, la princesa Carolina, y su hermana Carlota. Ha sabido trasladar ese legado a los códigos de la Generación Z, como demostró en la Semana de la Moda de París, a principios de 2025. Con este total look de Chanel, rejuveneció el tejido clásico apostando por una silueta actual, que confirmaba que la tradición familiar sigue más viva que nunca y lista para conquistar nuevas generaciones.

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Doña Letizia: un lenguaje propio

La reina Letizia, siempre impecable, ha encontrado en el tweed el aliado perfecto para sus actos oficiales. Durante la inauguración de la exposición en el Palacio Real sobre Victoria Eugenia de Battenberg, a principios de diciembre de 2025, doña Letizia apostó por la elegancia atemporal. Con este traje de dos piezas y estampado de pata de gallo, en el característico tejido de tweed, evoca los grandes clásicos de la moda. Aunque no pertenece a la maison francesa, sino que ha sido confeccionado por mujeres supervivientes de la trata en los talleres de APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida). Con este gesto, la Reina demuestra que el lenguaje de la moda puede ser una poderosa herramienta de apoyo social.

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La princesa Leonor sigue los pasos de su madre

El relevo generacional del estilo de la Casa Real está en manos de la princesa Leonor, quien ha heredado de su madre la capacidad de convertir sus estilismos en un lenguaje propio. Durante el concierto previo a los Premios Princesa de Asturias 2025, a finales de octubre, la heredera eligió el azul marino para estrenar esta chaqueta de tweed de Giorgio Armani. Una pieza italiana que comparte la esencia chic francesa, convirtiéndose en la protagonista del look gracias a su corte impecable y sus brillos sutiles. 

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Kate Middleton, fiel a su estilo

Para la ceremonia del Día de la Jarretera en Windsor, a principios de verano de 2025, Kate Middleton recuperó este diseño de Self-Portrait que simula un dos piezas blanco. Mientras que la chaqueta de tweed original de Chanel huye de los cortes entallados, la Princesa de Gales luce una versión más fiel a su estilo, apostando siempre por prendas que resaltan su silueta. Este diseño se ha convertido en un comodín en su armario, que ya vimos en eventos anteriores, pero en esta ocasión lograba un aire renovado gracias la espectacular pamela blanca y las perlas. Una vez más, Kate demuestra que la repetición no resta elegancia.

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Máxima de Holanda: la versión más moderna

Máxima de Holanda demuestra que el tweed puede adaptarse a versiones más atrevidas. Durante su visita a Zaanstad el pasado 15 de octubre de 2025, la soberana recuperó de su armario un diseño firmado por Oscar de la Renta, uno de sus favoritos del otoño. Se trata de un vestido tricolor, en blanco y negro con detalles en hilo metalizado dorado. Lejos del clasicismo, Máxima transformó el estilismo en una apuesta rompedora, combinándolo con unas botas tipo slouchy y ciñendo su figura con un cinturón fino dorado. Para rematar el look, añadió un guiño a sus raíces con unos llamativos pendientes vintage de los años 80.

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