Puede que alguna vez te hayan dicho que tienes demasiado carácter por defender una idea en una reunión, o que te falta personalidad por no discutir una decisión familiar. Estas frases, que suelen decirse casi sin pensar, acaban calando y condicionando cómo te relacionas contigo y con los demás.
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Según explica la psicóloga, CEO y fundadora de Psique Cambio (psiquecambio.com), Beatriz Gil Bóveda, "cuando alguien dice que una persona tiene ‘mucho carácter’, suele referirse a alguien que se muestra firme, con ideas claras, que expresa sus emociones con intensidad o que no se deja influir fácilmente". Es el caso de quien habla con seguridad, marca límites claros o no duda en mostrar desacuerdo.
En cambio, la experta señala que "cuando se habla de ‘poco carácter’, se está señalando a alguien que parece más pasivo, que evita el conflicto o que se adapta fácilmente a lo que otros deciden", como ocurre con quienes priorizan la armonía o prefieren ceder para evitar tensiones.
Qué es el carácter
Sin embargo, estas etiquetas no explican quién eres. "El ‘carácter’ no es una etiqueta única ni una cualidad que se tenga ‘de más’ o ‘de menos’, no es algo que se mida en cantidad", aclara la experta. No es algo fijo, sino un conjunto de rasgos que se van moldeando con el tiempo. "Forma parte de nuestra personalidad, y se refiere a aquellos rasgos que se desarrollan a lo largo de la vida, influenciados por nuestras experiencias, aprendizajes, valores y el entorno en el que crecemos".
También conviene no confundirlo con lo innato. Son muchos los atributos que lo condicionan. Así lo detalla Beatriz Gil: "Se diferencia del temperamento, que es la parte más biológica y heredada de nuestra forma de ser". Por eso, "hablar de carácter ‘fuerte’ o ‘débil’ es una simplificación, que, aunque común en el lenguaje coloquial, no refleja toda la complejidad de lo que somos ni cómo nos comportamos". Es decir, una persona puede mostrarse firme en el trabajo y flexible en su vida personal sin que eso la haga incoherente.
Además, estas percepciones suelen estar cargadas de expectativas sociales. No siempre se corresponden con la realidad, afirma la psicóloga: "Muchas veces, cuando decimos que alguien tiene ‘mucho carácter’, lo que estamos valorando en realidad es si esa persona se comporta como esperamos, o no”. O lo que es lo mismo, evaluamos si encaja con lo que el entorno considera adecuado.
Diferencias en la percepción del carácter según el género
Aquí los prejuicios de género pesan especialmente. "Por ejemplo, en mujeres, tener ‘carácter’ a menudo se percibe como algo negativo; se puede tachar de mandona o agresiva. Mientras que, en hombres, suele verse como una señal de liderazgo o seguridad. Ahí ya estamos hablando de un prejuicio de género", comenta Beatriz Gil. Basta pensar en cómo se interpreta a una mujer que pone límites claros frente a un hombre que hace exactamente lo mismo, ya sea en el trabajo o fuera de él.
Pero también ocurre al revés. "Es frecuente pensar que una persona con ‘poco carácter’ es débil, manipulable o insegura; cuando en realidad puede tratarse de alguien tranquilo, empático o con un estilo de comunicación más sereno". Hay personas que no levantan la voz, pero saben perfectamente lo que quieren. "Confundimos firmeza con agresividad, o calma con debilidad”, advierte la experta, que, además, añade: "eso nos lleva a etiquetar erróneamente y, muchas veces, a juzgar sin conocer realmente a la persona".
Cómo moderar o remarcar más tu carácter
Entonces, ¿debemos transformar nuestro carácter para estar mejor? “Más que cambiar el carácter, se trata de aprender a regularlo”, explica la psicóloga. En quienes viven todo con mucha intensidad y así lo manifiestan, "se puede trabajar la gestión emocional para que su intensidad no le lleve al conflicto constante". Pero no hay que confundirse, pues defender una opinión no exige imponerse. "La clave está en la asertividad, es decir, saber expresar lo que uno piensa y siente sin dañar al otro".
Si, por el contrario, te cuesta decir que no o priorizarte, también hay margen de crecimiento. Esto se traduce en pequeños gestos cotidianos, como expresar una preferencia o sostener una decisión sin justificarse en exceso. Para hacerlo, Beatriz Gil recomienda "entrenar la autoestima, desarrollar una comunicación más clara y aprender a confiar en nuestro criterio".
Ser uno mismo, fundamental para el bienestar
Merece la pena hacer hincapié en que, tener "mucho" o "poco" carácter no es malo siempre y cuando realmente te sientas en sintonía contigo mismo. Si se corresponde lo que quieres, con lo que sientes y haces, todo está bien.
Si, en cambio, encuentras en ello algún tipo de conflicto, la psicóloga comenta que puedes trabajar con las herramientas que señaló anteriormente, pero, recalca que "no se trata de cambiar quiénes somos, sino de encontrar un equilibrio que nos permita relacionarnos con el mundo y con nosotras mismas de forma más sana y segura".
Porque, en el fondo, el carácter no es un defecto ni una virtud absoluta. "Es una parte de nuestra personalidad que puede desarrollarse, gestionarse y transformarse”. "No hay un carácter mejor que otro. Lo importante es conocernos, aceptarnos y aprender a movernos por el mundo de forma alineada a nuestros valores, atreviéndonos a ser auténticas, y siempre respetándonos a nosotras mismas y a los demás".
