¿El otoño nos deprime?

por hola.com

Cansancio, somnolencia, apatía… ¿Quién no se ha sentido alguna vez con cierto desánimo y falta de energías con la llegada del otoño? No son imaginaciones. El clima y los cambios de luz producen un conjunto de alteraciones en nuestros biorritmos; a lo que debemos añadir el cambio de rutinas. Del sol y la playa, a la sombra de la oficina, y de disponer todo el tiempo del mundo para el descanso, al regreso a las obligaciones. Así que, sí, es normal que en cierto modo nos sintamos ‘deprimidos’; aunque nada que no se solucione con unos buenos hábitos para ponerle freno al estrés y la ansiedad.
 


Planifícate y organiza tus tareas diarias
 

La psicóloga de Clínicas Origen, Pilar Conde, nos explica que el primer paso para no caer en el agotamiento es la organización. No se trata sólo de realizar a tiempo nuestras obligaciones, sino también de reservar horas al día para el ocio y el bienestar personal para no caer en la trampa del estrés. Para lograrlo, el único camino es el de la planificación y organización de nuestro tiempo. Una tarea que debe llevarse a cabo sin perder de vista las siguientes recomendaciones:

  • Elabora una lista con todas las tareas que tengas que realizar y ayúdate de una agenda, cuaderno o aplicación digital. Al escribirla estaremos ya fijando nuestros objetivos.

 

  • Prioriza las tareas. Ni todas las actividades pendientes son igual de importantes, ni nos lleva el mismo tiempo acometerlas. Por este motivo, es fundamental clasificarlas y ordenarlas función del grado de urgencia y de los plazos de entrega o consecución.

 

  • Sé realista. No te exijas más de lo que humanamente eres capaz. Las personas, tú incluido, tenemos recursos limitados y no sería realista pretender abarcarlo todo.

 

  • Reserva tiempos para descansar y desconectar. Hacerlo resulta imprescindible para lograr un rendimiento óptimo. De lo contrario, acabaremos saturados y perderemos más tiempo. No es cuestión de las horas de trabajo que invirtamos, sino de las horas productivas.

 

  • Delega algunas tareas. No podemos abarcarlo todo; hay tareas que pueden hacer otros. Delegar es necesario también para el buen funcionamiento de los equipos.

 

  • Ten en cuenta los imprevistos. Las interrupciones, los cambios de planes o cualquier otro contratiempo forman parte de nuestro día a día, por lo que debemos aceptarlos y no adoptar ante ellos una actitud catastrófica. Si surge un contratiempo, coge tu lista de tareas y reorganízalas en función de la prioridad y el nuevo imprevisto.

Controla el hambre emocional

Además de la presión social tras la vuelta del verano para perder esos kilos que nos hemos traído del chiringuito, nos encontramos con un problema añadido, según la psicóloga: evitar proyectar la ansiedad en la comida. Tal y como explica Pilar Conde, el llamado ‘hambre emocional’ –donde la necesidad fisiológica de alimentarnos se ve empañada por otras causas como la ansiedad, el aburrimiento, el estrés o el enfado- pude acarrearnos serios problemas de salud.
 

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“Es una forma de respuesta a nuestro malestar emocional. Pretendemos aliviar las emociones negativas con la comida y, en un principio, puede parecernos que lo conseguimos; pero esta sensación de alivio solo permanece durante la ingesta. Además, cuando sentimos esa hambre emocional no nos saciamos con verduras o carne, sino que nuestro cuerpo nos pide alimentos calóricos, ricos en azúcar y grasas saturadas. Podemos decir, pues, que se trata de antojos”, explica la experta.
 

Por ello, si queremos asegurar una alimentación equilibrada y adecuada a la nueva estación, es bueno programarnos un menú semanal, en el que se realicen las famosas cinco comidas y no olvidarnos de aportar frutas y verduras. Los expertos señalan la importancia de no descuidar la ingesta de proteínas (pescado azul, carne –mejor si es blanca-, que ayudan a generar importantes defensores de nuestro sistema inmunológico. También recomiendan limitar los carbohidratos que, aunque nos aportan un plus de energía, en exceso pueden reducir los linfocitos y provocar respuestas inmunes más bajas. Además, las vitaminas son fundamentales para el sistema inmunológico; así que asegúrate de mantenerlas en niveles óptimos. Sobre todo, incluye: vitamina A (zanahorias, espinacas, huevos…), vitamina C (cítricos y verduras de hoja verde), zinc (mariscos) y fibra (legumbres, cereales…).
 

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