Jennifer Lopez ha vuelto a demostrar que, cuando se trata de belleza, los detalles marcan la diferencia. Su última aparición no es noticia por su vestido ni por su peinado, sino por una manicura. Más concretamente, por un acabado: el afterglow. Un término que, hasta hace poco, no formaba parte del lenguaje habitual de las uñas, y que hoy es sinónimo de sofisticación.
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El encargado de compartirlo ha sido su manicurista de confianza, Tom Bachik a través de sus redes. El esmalte que ha usado pertenece a la línea Cat Eyes de DND, pero lo ha aplicado con un gesto que cambia por completo el resultado: sin activar el imán. El resultado es una luz suave, difusa, como si la uña brillara desde dentro. No hay efecto espejo. Solo un resplandor limpio, etéreo, casi imperceptible. Y, precisamente por eso, irresistible.
Qué es exactamente el efecto 'afterglow' (y por qué todas lo quieren)
El acabado afterglow no pertenece a la familia de los brillos tradicionales, ni se inscribe dentro de los mates satinados. Es algo intermedio y más interesante: una luminosidad suave, interna, que parece surgir de la base de la uña y no de su superficie. Imagina la luz que queda flotando en el cielo justo después de una puesta de sol. Eso, traducido al lenguaje de la manicura, es el afterglow.
Funciona especialmente bien en uñas naturales, cortas o medianas, y con tonos que oscilan entre los nudes lechosos, los rosas empolvados y los blancos translúcidos. Aporta elegancia inmediata a cualquier mano, realza el tono de piel y comunica una idea muy concreta de autocuidado sin excesos. No es una manicura que busca llamar la atención, sino elevar discretamente la presencia de quien la lleva. Y sí, encaja en todos los estilos y ocasiones.
Y aunque los tonos suaves son los más habituales, el afterglow también puede lograrse con colores más intensos como granates o ciruelas, siempre que se apliquen en capas finas y con acabado translúcido. La luz, en cualquier caso, debe parecer venir de dentro.
Por qué no es lo mismo que el cat eye (aunque lo parezca)
Que el esmalte que usó J.Lo forme parte de una colección Cat Eyes no significa que lleve una manicura magnética. De hecho, esa es la clave para entender el fenómeno. Los esmaltes magnéticos están formulados con partículas reflectantes que, al usarse con un imán, se alinean para formar una franja luminosa (el clásico efecto “ojo de gato”). Pero si se aplica el mismo esmalte sin activar el imán, esas partículas se mantienen dispersas de forma homogénea. Y lo que se consigue, entonces, es una especie de brillo que flota, mucho más sutil, envolvente y sofisticado.
La gran revelación es que los esmaltes magnéticos también sirven para lograr este acabado, siempre que se trabajen sin el gesto habitual del imán. Y cuanto más fina sea la capa, más etéreo el resultado.
Y no, tampoco es lo mismo que las uñas nácar o cromadas hechas con polvos perlados que se pusieron tan de moda: esos reflejos tornasolados, aunque preciosos, son más visibles y decorativos, mientras que el afterglow busca una luz suave y difusa.
Cómo copiarla en casa
Empieza con una capa base suave. Después, aplica un esmalte translúcido con brillo o un gel con partículas reflectantes, sin usar el imán. A veces, para crear más profundidad, se intercala una capa intermedia con un esmalte Cat Eye y, encima, otra capa lechosa o translúcida que encapsule el brillo.
El gesto definitivo está en el top coat. Porque aunque el brillo viene del esmalte, es la capa final la que define el acabado. Usar un top coat ultra brillante puede matar la sutileza del afterglow y convertirlo en un reflejo superficial. Usar uno mate lo apaga. El equilibrio está en un top coat sheer glow como Essie Gel Couture Top Coat que da brillo elegante sin ser excesivo.
Los esmaltes que replican el efecto de la manicura de J.Lo
Aunque el tono exacto que usó Tom Bachik para J.Lo es un gel profesional de DND, hay opciones en el mercado que capturan esa misma luz difusa y elegante. El Dior Vernis Gold Circus es uno de ellos, ideal si se aplica en capa muy ligera. Chanel Le Vernis Beach Icon, es otra opción perfecta. También destaca OPI Infinite Shine Glitter Mogul en blanco perlado, que aporta un halo suave.
Todos ellos funcionan mejor en combinación con top coats de brillo moderado, aplicados con control, y evitando cargar la uña. El objetivo no es el color, sino la luz.
Lo interesante del afterglow no es solo que haya salido de unas manos tan observadas como las de Jennifer Lopez. Es que conecta con una tendencia más profunda: la vuelta a lo esencial, a la belleza limpia, sin excesos. Es la misma energía que se respira en manicuras como la glow french o el efecto glaseado popularizado por Hailey Bieber. Todo apunta hacia un tipo de uña que parece natural, pero que está trabajada hasta el detalle.
