Desde hace años se dice que las plantas limpian el aire y que una maceta en el dormitorio puede ayudarte a dormir mejor. La NASA tiene parte de culpa en esa creencia. Pero la ciencia actual matiza mucho esa idea: hay algo de verdad, sí, aunque no exactamente como se suele contar.
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El famoso estudio de la NASA (y el malentendido)
En 1989, la NASA probó varias plantas de interior en cámaras selladas, diseñadas para entornos extremos como estaciones espaciales, y comprobó que podían reducir compuestos orgánicos volátiles como el benceno o el formaldehído. Ese trabajo, conocido como Clean Air Study, incluía especies como el lirio de la paz, la planta de serpiente, el poto o los helechos.
El problema vino después. Aquel estudio empezó a citarse como si fuera una guía práctica para dormitorios y salones reales, cuando en realidad analizaba condiciones de laboratorio muy controladas, sin ventilación natural. Investigaciones posteriores han calculado que, para reproducir esos efectos en una vivienda normal, harían falta decenas o incluso cientos de plantas por habitación, algo claramente poco realista.
Conviene subrayarlo: la NASA nunca presentó estos resultados como una receta para dormir mejor ni como una alternativa a ventilar una casa. Su objetivo era encontrar soluciones para espacios cerrados donde abrir una ventana era (y es) imposible.
Entonces… ¿las plantas purifican el aire del dormitorio?
Sí, pero muy poco. En un entorno real, la ventilación y el intercambio de aire con el exterior son muchísimo más eficaces que unas cuantas macetas. De hecho, revisiones recientes sobre calidad del aire interior coinciden en que el papel de las plantas como “purificadores” es modesto y solo apreciable en circunstancias muy concretas.
Aun así, no son inútiles. Las plantas pueden absorber pequeñas cantidades de ciertos contaminantes, aportar algo de humedad y, sobre todo, mejorar la sensación de confort del espacio. Más que limpiar el aire, ayudan a crear un microambiente ligeramente más agradable, algo que influye en cómo respiramos y cómo descansamos.
El mensaje de los expertos es claro: funcionan como complemento, pero no sustituyen ni a la ventilación ni a un purificador con filtro HEPA.
¿De verdad pueden ayudarte a dormir mejor?
En los últimos años, se han popularizado estudios y divulgaciones que apuntan a que dormir con una planta en el dormitorio puede aumentar el sueño profundo hasta un 30–40 %, siempre en escenarios muy controlados. Los cambios medidos suelen corresponder a pequeños ajustes en niveles de CO₂, ligeras variaciones en la humedad y reducciones modestas de algunos compuestos del aire.
Aquí conviene afinar: estas cifras no implican un efecto universal ni garantizado. Los propios investigadores insisten en que no se trata de una “cura contra el insomnio”, sino de un empujón fisiológico y psicológico. Un aire algo menos cargado, un entorno visualmente más relajante y una habitación bien ventilada facilitan que el cuerpo entre y se mantenga mejor en fases de sueño profundo.
Las plantas “favoritas” para el dormitorio
Aunque su impacto como filtros sea limitado, algunas plantas destacan por ser resistentes, decorativas y fáciles de mantener en interiores:
- Planta de serpiente (Sansevieria): resistente, soporta poca luz y riegos espaciados; se menciona a menudo porque mantiene el intercambio de gases por la noche. Es tóxica si se ingiere.
- Lirio de la paz (Spathiphyllum): puede reducir pequeñas cantidades de COV en condiciones controladas y aporta humedad. También es tóxico para mascotas.
- Aloe vera: suculenta fácil de cuidar, con capacidad limitada para filtrar formaldehído y benceno y usos cosméticos añadidos.
- Potos o planta del dinero: enredadera de bajo mantenimiento, habitual en listados basados en el estudio de la NASA.
- Palma areca y planta araña: ayudan a aumentar ligeramente la humedad y son resistentes y agradecidas en interiores.
En todos los casos, conviene revisar la toxicidad si hay niños o mascotas y recordar que su efecto es más ambiental que clínico.
Cómo usarlas bien (y cómo no)
Los autores del estudio original y las revisiones modernas coinciden en un punto clave: las plantas deben entenderse como parte de un sistema, no como la única solución. Algunas pautas básicas:
- Colocar varias plantas sanas en las estancias donde más tiempo se pasa, sin convertir la casa en una jungla “para limpiar el aire”.
- Mantener siempre la ventilación y reducir el uso de productos de limpieza muy agresivos.
- En caso de alergias o contaminación elevada, apoyarse en purificadores de aire eficaces.
- Integrar las plantas en una rutina de bienestar: cuidarlas y verlas crecer reduce el estrés, algo que sí influye directamente en el descanso.
En resumen, la NASA nunca dijo que una maceta en la mesilla sustituyera a abrir la ventana ni prometió noches perfectas de sueño. Pero sus estudios ayudaron a mirar las plantas de interior de otra manera: no solo como decoración, sino como pequeñas aliadas que, combinadas con buenos hábitos y expectativas realistas, pueden hacer el dormitorio un poco más confortable, más verde y más fácil de descansar.
