Iñaki Urdangarin ya no se esconde tras el silencio. Desde su refugio en Vitoria y con motivo del lanzamiento de su libro, "Todo lo vivido", el exdeportista se sincera en ¡HOLA! sobre el trauma que supuso su ingreso en prisión.
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En un relato inédito , Iñaki nos confiesa cómo gestionó el miedo, el desarraigo y el dolor de estar lejos de los suyos; un viaje al corazón de un hombre que, tras perderlo todo, ha encontrado en el perdón su verdadera libertad. Sin embargo, en esta reconstrucción personal, emerge una figura fundamental que ha sido su puerto seguro en la tempestad: su madre, Claire Liebaert. En las siguientes líneas, descubrimos el homenaje más íntimo y conmovedor del exduque a la mujer que, con su silencio elegante y su apoyo incondicional, le enseñó que el amor de una madre es, sencillamente, lo que más se quiere en el mundo.
"No puedo estarle más agradecido por todo lo que me ha dado. Es la persona que más me ha apoyado en todas las etapas. El amor materno es único"
"El amor materno es único”
Si hay un nombre que Iñaki pronuncia vulnerabilidad, es el de su madre, Claire Liebaert. En las páginas de de su libro, ella no es solo un apoyo, sino el faro que ha iluminado sus años más oscuros. Al preguntarle por ella, la respuesta de Iñaki es de una contundencia emocional que no admite dudas: "La quiero como a nadie en el mundo".
Consciente de que el amor se manifiesta de formas distintas, Iñaki matiza con delicadeza: "No me planteo comparaciones con mis hijos. Pero no puedo estarle más agradecido por todo lo que me ha dado. Es la persona que más me ha apoyado en todas las etapas". Para el exduque, la figura de Claire trasciende lo cotidiano; es la personificación de un "sexto sentido" que solo una madre posee, esa capacidad de conocer el alma del hijo sin necesidad de mediar palabra.
"No puedo estarle más agradecido por todo lo que me ha dado. Es la persona que más me ha apoyado en todas las etapas. El amor materno es único. Es un sexto sentido en todo. No hay nadie que te conozca mejor. Mi madre es un referente, lo ha hecho todo bien y eso es un legado que me encanta que vivan mis hijos", confiesa con orgullo.
Claire Liebaert no es solo el pilar de Iñaki, sino el centro de gravedad de una familia numerosa y unida que desafía cualquier tempestad. Convertida en una auténtica "superabuela", su legado se extiende a través de una impresionante descendencia: veinticinco nietos y once bisnietos.
El pasado verano, la familia cerró filas en torno a ella para celebrar una cifra mágica: sus 90 años. Fue en Viladrau, su refugio de siempre, donde setenta personas brindaron por la mujer que ha sabido mantener la elegancia del silencio y la fuerza de la unidad. Para Iñaki, ver a sus hijos compartir momentos con su abuela es comprobar que, a pesar del «desgarro» vivido, los cimientos de su vida siguen siendo indestructibles.
