La caja de truenos se abrió un lunes cualquiera. Por medio de un largo mensaje que él mismo compartió en sus redes sociales, Brooklyn Beckham asestó el último golpe a su familia al explicar, por primera vez, los motivos que le habían llevado a alejarse de ellos. Sin andaduras y desde la sinceridad más absoluta. Si pensábamos la guerra estaba más cerca de solucionarse, estábamos equivocados. "He guardado silencio durante años y he hecho todo lo posible por mantener estos asuntos en privado. Desafortunadamente, mis padres y su equipo han seguido recurriendo a la prensa, dejándome sin otra opción que hablar por mí mismo", comenzaba diciendo en una larga publicación en sus stories. "No quiero reconciliarme con mi familia. No me están controlando, me estoy defendiendo por primera vez en mi vida", zanjó.
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Entre muchos de los motivos y ejemplos que el mayor de la familia da para justificar su salida, destaca la mala relación que sus padres tendrían con su actual mujer, Nicola Peltz. "Mis padres han intentado sin cesar arruinar mi relación desde antes de mi boda, y no han parado. Mi madre canceló la confección del vestido de Nicola en el último momento, a pesar de lo emocionada que estaba por lucir su diseño", admite. "La noche antes de nuestra boda, miembros de mi familia me dijeron que Nicola no era de sangre ni de la familia. Desde el momento en que comencé a defenderme con mi familia, he recibido innumerables ataques de mis padres", expresa. "Mi familia le ha faltado el respeto constantemente a mi esposa, por mucho que hayamos intentado unirnos. Mi madre ha invitado repetidamente a mujeres de mi pasado a nuestras vidas con la clara intención de incomodarnos a ambos", dice.
Para más inri, Brooklyn apunta a que sus padres buscan mantener todo el rato la imagen pública de que son una familia unida y fuerte, pero presenta una realidad bien distinta y quebrada desde su interior. "Mi familia valora la promoción pública y los patrocinios por encima de todo. La marca Beckham es lo primero. El amor familiar se define por cuánto publicas en redes sociales o por la rapidez con la que lo dejas todo para posar para una foto familiar", cuenta. ¿A qué se refiere el primogénito con 'la marca Beckham'? ¿Qué hay en juego para que sus padres quieran evitar a toda costa que la prensa se haga eco de sus rencillas personales?
En la parte paterna, Beckham presenta un legado insólito como uno de los grandes futbolistas de su generación, además de uno de los más exitosos y conocidos dentro y fuera del terreno de juego. Ya sea por su mediática relación con 'posh Spice', o por sus icónicos looks dosmileros y coordinados que protagonizaban las portadas de las grandes revistas del corazón, han sido y son una de las parejas del momento. Cuando colgó las botas, David siguió unido al deporte que narró su vida: ya fuese como comentarista en ocasiones puntuales o como propietario de un club de fútbol, actual faceta que desempeña, y de forma muy exitosa, en el Inter Miami. No en vano, el equipo en el que actualmente juega Leo Messi se convirtió en campeón de la MLS (Major League Soccer) el pasado mes de diciembre. En dicha celebración, con una carga familiar ostentosa, no estuvieron ni Brooklyn ni Nicola. También es copropietario del Salford City, equipo británico, junto a algunos de sus amigos y excompañeros del Manchester United, entre ellos, Gary Neville, Paul Scholes o Ryan Giggs.
Además de todos los affaires relacionados con el mundo del balón, David es un apasionado de la naturaleza y la campiña británica. Su pasión por la mansión que él y Victoria tienen en los Cotswolds le llevó a crear, en 2020, BEEUP, su propia empresa de productos orgánicos y saludables. El exfutbolista sorprendió a sus seguidores al mostrar su faceta de apicultor, utilizando la miel de sus colmenas para crear un snack natural. Fue durante la pandemia cuando David descubrió su pasión por las abejas, un hobby que ha llevado hasta el final y que comparte con los demás a través de su propio negocio. Quizá es ese deseo de mantener la excelencia en todas sus aristas profesionales lo que lleva a los Beckham a querer
Victoria y su 'desesperación' por gustar
"Toda mi vida he utilizado la ropa para convertirme en otra persona, para ser la persona que siempre quise ser. Cuando estaba en el escenario todo era diferente. Me gustaba la sensación de evadirme de la realidad y ser otra persona. No quería ser yo", dijo Victoria Beckham en uno de los capítulos de su miniserie de Netflix. Detrás de la figura de mujer perfecta que apenas sonríe y cuyas comisuras son desconocidas se erige una imagen que, como ella misma dijo, "quería desesperadamente" gustar a los demás. La exSpice ha convertido la moda en su escaparate pese a haber comenzado en el mundo de la música, y ahí se erige gran parte de su imperio. Tras triunfar en la girlband que cambió vidas en los años 90 -y que tuvo un comeback grandioso en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012-, Victoria se lanzó a ser diseñadora. Su marca, que adquiere su nombre y su apellido, ha conseguido conquistar los corazones de todo tipo de celebridades, pero no todo fue un camino de rosas. "Siempre había sido mi sueño", dice.
Cuando empezó con su empresa hace más de 18 años, no conocía el sector y todos la cuestionaban, pero con el tiempo supo cambiar de idea a sus detractores y críticos, pudiendo sacar a flote su negocio, contando con el apoyo incondicional de su marido, que incluso tuvo que ayudarla económicamente en su peor momento. "Me siento mal por todas las veces que tuve que pedirte que me ayudaras...", dice en un momento de su documental rompiendo a llorar. "No tienes que demostrarme nada", le contestó David. "Lo sé, pero quiero hacerlo. Y también a mí misma".
"Sabía perfectamente lo que pensaba la gente: era cantante y su marido es futbolista, ¿quién se cree que es? Entiendo por qué había ciertos prejuicios, pero soy de las que no se rinden. No ha sido un camino fácil y tengo mucha presión, y creo que es porque todavía me juzgan en todos los sentidos por venir de donde vengo", reflexionaba en Victoria Beckham, la miniserie de tres capítulos que llegó después del éxito de Beckham, otro producto audiovisual con el que el matrimonio ha consolidado, en los últimos años, la narrativa en la pequeña pantalla. Su imperio ya va más allá de los grandes desfiles y los céspedes más verdes: ahora también son una pareja blindada por un contrato de Netflix a través del cual muestran pequeñas instantáneas de su vida e intentar cambiar la percepción pública sobre algunas de sus grandes polémicas. No en vano, Victoria se mostró mucho más cercana y risueña de lo que acostumbra en su documental, una faceta desconocida que podría resumir esa idea de "marca", de fantasía social y pública, de unión familiar inquebrantable en photocalls que se desmorona en casa, según el testimonio del propio Brooklyn. Ser una de las familias más poderosas requiere esfuerzo, trabajo y un porcentaje alto de apariciones públicas: un peso, o responsabilidad, que el mayor de los Beckham no está dispuesto a tener tras sus explosivas declaraciones.
