Eugenia Martínez de Irujo, duquesa de Montoro, y su marido, el empresario musical Narcís Rebollo, han protagonizado uno de los gestos románticos más comentados de este verano 2025. La diseñadora compartía en redes sociales una imagen con el mar de fondo, bañada por los últimos rayos de sol, acompañada de unas sencillas palabras que, sin embargo, lo dicen todo: “Atardeceres… Te quiero”. Una escena que resume la complicidad de una pareja que lleva ya ocho años juntos y que, lejos de perder frescura, parece haber encontrado en los pequeños detalles la forma de mantener viva la chispa.
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Este verano comenzó para Eugenia a mediados de julio en San Sebastián. Allí disfrutó de la gastronomía en uno de los templos de la ciudad, Rekondo, y vivió un reencuentro muy especial con su amiga Amaia Montero. Ambas lo compartieron en redes sociales con mensajes cargados de cariño: “¡Tenemos que vernos más! Querida amiga del alma, te admiro y te adoro”, escribía la duquesa. A lo que la cantante respondía: “¡Tienes toda la razón, la próxima me acerco yo prometido! Te quiero mucho mi amor”.
Después llegó Ibiza, isla ligada a la familia de Eugenia, donde la pareja navegó junto a Tana Rivera y un grupo de amigos. Allí, en plena puesta de sol en alta mar, la aristócrata volvió a mostrar su faceta más tierna dedicando a su hija un mensaje muy especial: “Mi ratoncín”, con la música de Rosario de fondo. El broche lo puso Cádiz, un lugar muy especial para ella, donde organizó una de sus tradicionales fiestas flamencas en la terraza de su casa frente al mar.
Una velada de cante y baile en la que no faltaron artistas como Tomasito, Rancapino Chico, Coral de los Reyes o Sara Rincón. Eugenia, entusiasmada, agradecía así la magia de la noche: “Anoche fue una noche antológica, mi queridísimo Fernando Soto ¡Gracias, gracias, gracias por tanto arte! ¡Viva Jerez y su gente!”.
La complicidad con Tana y los amigos de siempre
Tana Rivera, la hija que Eugenia tuvo junto al torero Fran Rivera, ha acompañado a su madre en varios momentos de estas vacaciones. Juntas acudieron al concierto de Melendi en Chiclana de la Frontera, donde madre e hija disfrutaron de una velada musical y muy divertida. “Los veranos mejores, con mi ratona”, escribía orgullosa Eugenia. Junto a ellas, tampoco faltaron rostros habituales en su entorno, como Inés Bilbao, Rocío Laffón o Teresa de la Cierva, que se sumaron a las noches gaditanas de cante, baile y amistad.
Un amor que nació sin buscarlo
Aunque ahora forman una de las parejas más consolidadas del panorama social, lo suyo comenzó de la forma más sencilla. Como explicó el propio Rebollo: “Nos presentaron unos amigos comunes. Ella colaboraba con la Fundación Pequeño Deseo, ayudando con el tema de los niños, pedía deseos con artistas, coincidimos y… hasta ahora”.
Ese “hasta ahora” se ha convertido en ocho años de relación y una boda inesperada en Las Vegas. Sobre aquel momento, el presidente de Universal Music contaba divertido: “Es serio, no creas. Íbamos con el cachondeo y el cura nos preguntó si habíamos bebido. Nos casaron a las 11 de la noche. Es una boda de verdad, aunque no hemos ido al Ayuntamiento, hay que hacer un montón de papeleo”. Eugenia, hija menor de la duquesa de Alba, es una de las aristócratas más queridas de nuestro país, reconocida por su naturalidad, su estilo y su capacidad de reírse de sí misma. Además de diseñadora, es una apasionada defensora de los animales, como ha demostrado en más de una ocasión compartiendo tiernas imágenes con sus perros y con su famoso cerdito Gordi.
Narcís, por su parte, es presidente de Universal Music en España y Portugal, y está considerado uno de los hombres más influyentes de la industria musical. A lo largo de su carrera ha trabajado con artistas nacionales e internacionales de primer nivel, aunque en lo personal siempre se ha mostrado discreto y cercano. Ambos se conocieron en un momento de madurez y han sabido construir una relación basada en el respeto y en la complicidad. Hoy, se muestran felices de compartir juntos no solo los grandes eventos musicales, sino también la intimidad de un día de piscina en casa, un helado compartido o la compañía de sus mascotas.