UNA CIUDAD POR DESCUBRIR

Los lugares que han convertido a Gante en la capital belga del arte de vanguardia


Más allá de la postal medieval y del misticismo de Van Eyck, Gante late con un pulso frenético, joven y rabiosamente contemporáneo. Un recorrido por la ciudad que ha sabido transformar su patrimonio industrial y sus templos históricos en el laboratorio artístico más audaz de Bélgica.


Centro histórico de Gante, Bélgica© Javier García Blanco
13 de enero de 2026 - 7:45 CET

Gante es bien conocida por su larga lista de monumentos que desafían al tiempo: la majestuosidad gótica de la catedral de San Bavón, la silueta inconfundible de la iglesia de San Nicolás, los antiguos muelles Graslei y Korenlei reflejados en las aguas del Lys, o la imponente fortaleza del castillo de los Condes. Es, además, la ciudad que custodia la obra cumbre de los hermanos Van Eyck, La Adoración del Cordero Místico, y la urbe que vio nacer a Victor Horta. Sin embargo, este fabuloso legado artístico –que se despliega también en el MSK, el Museo de Bellas Artes– no se limita a las maravillas de siglos pasados. Hoy en día, la ciudad flamenca ha trascendido su propia historia para convertirse en una de las urbes de mayor relevancia cultural de Europa, un laboratorio creativo donde el arte contemporáneo y la arquitectura de vanguardia conviven con naturalidad entre fachadas medievales y canales históricos.

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© Javier García Blanco

Basta poner un pie en sus calles adoquinadas para descubrir que Gante es una ciudad viva y dinámica que respira juventud e inconformismo gracias a sus más de 74.000 estudiantes. Esta inmensa población universitaria no solo rejuvenece la demografía, sino que inyecta a Gante un carácter desenfadado, crítico y creativo que ha propiciado el caldo de cultivo perfecto para la experimentación. 

El Barrio de las Artes: el epicentro de la provocación

Para entender esta dualidad gantesa, hay que alejarse un poco del centro medieval y dirigirse hacia el sur, al Barrio de las Artes (Kunstenkwartier). Es aquí, en un radio que se recorre cómodamente a pie, donde la ciudad se quita el corsé histórico y muestra su músculo contemporáneo.

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La joya de la corona de esta modernidad es el S.M.A.K. (Museo Municipal de Arte Actual). Situado frente al clásico Museo de Bellas Artes –en un diálogo arquitectónico y conceptual fascinante–, el S.M.A.K. ocupa lo que antaño fue un casino. Su colección es considerada una de las más importantes de Bélgica, con piezas maestras del pop art, el minimalismo, o el arte Povera. Es un espacio de experimentación constante, donde las exposiciones temporales –hasta el 26 de marzo puede verse España-Resistance. The Power of the Image, dedicada al papel de la imagen en la lucha por la democracia en España–, a menudo desbordan los límites de las salas para interactuar con el vecino parque Citadelpark.

Este distrito cultural se completa con otros hitos imprescindibles que definen el horizonte y la identidad de la ciudad. Imposible de ignorar es la Torre de los Libros (Boekentoren), conocida como la “cuarta torre” de Gante; una obra de Henry van de Velde que custodia el saber universitario con su imponente silueta de hormigón. A poca distancia, el STAM (Museo de la Ciudad) narra la evolución urbana conectando pasado, presente y futuro mediante una museografía interactiva y actual. Y para cerrar el triángulo, la majestuosa abadía de San Pedro se ha reinventado como un espacio de referencia para exposiciones temporales de prestigio, ofreciendo además un oasis de calma en su hermoso jardín interior de aire romántico.

© Javier García Blanco
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Diseño y arquitectura que dialogan con la historia

De regreso al centro histórico, justo a un paso del puente que separa las icónicas riberas del Graslei y el Korenlei, la narrativa creativa continúa en el Design Museum Gent. Ubicado detrás de una majestuosa fachada del siglo XVIII, este museo es el ejemplo perfecto de la filosofía gantesa: una cáscara histórica con un corazón moderno. Actualmente, el museo se prepara para reabrir en octubre tras una ambiciosa reforma que promete dotarlo de una nueva ala y espacios polivalentes, reafirmando su estatus como custodio de la evolución del diseño, desde el Art Nouveau de Horta hasta las corrientes más actuales y sostenibles.

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Pero en Gante la vanguardia no se encuentra solo en las paredes de los museos, sino que ha reescrito el propio urbanismo de la ciudad. El ejemplo más rotundo de esta transformación es De Krook. Situado en un meandro del Escalda, este edificio es mucho más que una biblioteca. Diseñado por el estudio gantés Coussée & Goris en colaboración con los españoles –y ganadores del Pritzker–, RCR Arquitectes, De Krook es una estructura de acero y cristal que parece flotar sobre el agua. Pasear por sus pasarelas al atardecer, cuando la luz se refleja en las lamas metálicas, es asomarse a la Gante del futuro.

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Pero si hay una intervención arquitectónica que resume la valentía de la ciudad, esa es el Pabellón Municipal, en la plaza Poeljemarkt. Enclavado en el corazón de la ciudad, entre el Campanario, la iglesia de San Nicolás, el ayuntamiento y la catedral, este gigante de madera, vidrio y hormigón obra de Robbrecht & Daem y Marie-José Van Hee no deja indiferente. Su cubierta doble a dos aguas reinterpreta las líneas de los edificios medievales circundantes, creando un espacio cubierto pero abierto, donde se celebran conciertos y mercados. Aunque al principio los locales lo apodaron burlonamente “el establo de ovejas”, hoy es un icono de la arquitectura moderna, premiado internacionalmente, que demuestra que lo contemporáneo puede, y debe, tocarse con lo histórico.

Espacios para la experimentación

La escena artística de Gante también se nutre de la recuperación de espacios insólitos. Un lugar imprescindible para el viajero que busca lo alternativo es Zebrastraat. Lo que en el siglo XIX fue un zoológico y posteriormente un complejo de viviendas sociales, hoy es un dinámico centro de conocimiento y cultura. Gracias a la Fundación Liedts-Meesen, el complejo ha sido salvado y revitalizado. Es imposible no sorprenderse al ver la intervención del artista Nick Ervinck: una estructura laberíntica de un amarillo chillón que se despliega por el tejado, rompiendo la sobriedad del ladrillo. El patio central de Zebrastraat es un hervidero de actividad, con exposiciones, el futurista bar XYZ Lounge diseñado por Didier Faustino y eventos musicales.

© Javier García Blanco

En el barrio de Patershol, el contraste es aún más agudo en la Kunsthal Gent. Ubicada en el antiguo monasterio medieval Caermersklooster, esta plataforma de arte contemporáneo utiliza la arquitectura sacra para presentaciones radicales. No es un museo estático, sino un lugar de producción y encuentro donde artistas locales e internacionales desarrollan su trabajo in situ, bajo la mirada de siglos de historia monástica.

La ruta de los espacios singulares debe incluir KIOSK, situado en el antiguo auditorio anatómico del campus de Bijloke, donde el arte visual contemporáneo ocupa el lugar donde antaño se diseccionaban cuerpos para la ciencia. Y para los puristas del minimalismo y el arte conceptual, la Herbert Foundation es una parada obligatoria. Ubicada en un edificio industrial renovado en la calle Coupure, la colección de Annick y Anton Herbert es un referente internacional, albergando obras de los años 70 y 80 que marcaron un antes y un después en la historia del arte.

© Javier García Blanco

Más allá de museos y galerías, Gante también vive el arte en los muros de sus calles. La ciudad ha abrazado el arte urbano como una forma legítima de expresión cultural, dando alas al proyecto 'Sorry, Not Sorry'.

El punto más emblemático de esta colorida forma de expresión artística es la Werrengarenstraat, conocida popularmente como la “calle de los grafitis”. Es un pasaje estrecho y psicodélico, de nuevo en el centro, donde las capas de spray se acumulan día tras día. El aspecto de la calle cambia constantemente; es un organismo vivo en el que artistas emergentes plasman sus obras efímeras sobre las de sus predecesores.

© Javier García Blanco

Pero el arte urbano se extiende mucho más allá de este callejón. Gante cuenta con una ruta de arte callejero que incluye obras monumentales de artistas de talla mundial nacidos en la ciudad, como Roa, famoso por sus gigantescos animales en blanco y negro, o Bué The Warrior, con sus personajes coloridos y optimistas. Recorrer la ciudad buscando estos murales –mapa en mano o mediante una app oficial– permite descubrir barrios fuera del circuito turístico tradicional y entender la narrativa visual de la ciudad.

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Una sinfonía cultural: teatro, cine y flores

Otro de los rincones imprescindibles de la vida cultural de Gante es el Centro de Artes Viernulvier, ubicado en el histórico edificio De Vooruit. Este imponente recinto, construido por el movimiento socialista obrero a principios del siglo XX como un lugar de elevación cultural para la clase trabajadora, sigue fiel a su propósito, aunque actualizado. Hoy es un laberinto de salas de teatro, conciertos y estudios, con una cafetería y una terraza que son el punto de encuentro por excelencia de la intelectualidad y la juventud gantesa. Tomar una cerveza local aquí es sumergirse en la historia social de la ciudad.

Además, el calendario de Gante está marcado en rojo por eventos que atraen miradas internacionales. El Film Fest Gent es una cita ineludible en octubre, diferenciándose de otros festivales por su enfoque único en la música de cine, atrayendo a los mejores compositores del mundo para los World Soundtrack Awards. Y cada cuatro años, la ciudad se transforma en un jardín del Edén vanguardista con las Floralias (Floraliën). Lejos de ser una simple exposición de flores, las Floralias –este año se celebran en los primeros diez días de mayo– son un festival urbano que explora la sostenibilidad y la innovación botánica, reconectando con la tradición hortícola de la ciudad desde una perspectiva del siglo XXI.

© Javier García Blanco

Gastronomía en escenarios singulares

La experiencia de vanguardia en Gante no estaría completa sin sentarse a la mesa. La gastronomía aquí acompaña a la estética, y un ejemplo perfecto es el restaurante Pakhuis. Escondido en un callejón, este local ocupa un antiguo almacén industrial de hierro y vidrio. La renovación ha mantenido la estructura original, creando una atmósfera de brasserie cosmopolita que recuerda al Soho neoyorquino o londinense. Bajo sus techos altos y claraboyas, se degustan las famosas ostras y platos de temporada que fusionan la tradición franco-belga con toques modernos, todo ello en un ambiente bullicioso y elegante.

Gante es la prueba viviente de que una ciudad no tiene por qué elegir entre ser un museo al aire libre o un laboratorio de futuro. Para el viajero que busca algo más que la postal de calles empedradas, Gante ofrece el regalo de la reinvención constante: una ciudad vieja con un corazón eternamente joven.

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