12 meses, 12 pueblos: uno para cada mes del año


De enero a diciembre, un recorrido por pueblos auténticos y poco conocidos de España y Portugal, donde cada mes ofrece una experiencia única que convierte la visita en inolvidable.


Pueblo medieval de Sortelha, Portugal© Shutterstock
9 de enero de 2026 - 16:28 CET

El turismo rural está de moda y es que cada vez más nos gustan los pueblos. Medievales, con sabor a mar, en la montaña, rodeados de naturaleza…. Pero sobre todo auténticos y poco evidentes. Un pueblo, un mes y una razón para viajar: estas son 12 propuestas en 12 pueblos con encanto que muestran su mejor versión en un momento concreto del año, cuando la tradición, la naturaleza o una fiesta local marcan el calendario.

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ENERO: Trevejo, Cáceres

En Cáceres hay rincones que parecen detenidos en el tiempo, donde se suceden paisajes únicos y se descubren fortalezas encaramadas en lo alto de la sierra, junto a pueblos que han sabido conservar su esencia a lo largo de los siglos. Uno de estos tesoros es Trevejo, en la sierra de Gata, un pequeño enclave junto a la frontera portuguesa que invita a detenerse en cada una de sus 19 poblaciones. En el viaje, el oído se encuentra con un curioso dialecto, la fala, una lengua romance que aún se habla en San Martín de Trevejo, Eljas o Valverde del Fresno, cada uno con sus matices y particularidades.

Trevejo es un diminuto pueblo —miembro de Los Pueblos más Bonitos de España— situado a los pies de los restos de un castillo medieval, desde cuya altura se contempla un paisaje salpicado de encinares. Aquí, el tiempo transcurre despacio entre paseos por el casco histórico de piedra y visitas a la fortaleza árabe de la Reconquista. Aunque en su día estuvo bajo distintas órdenes religiosas, como los templarios o la de Santiago, hoy apenas quedan ruinas que evocan su pasado glorioso. Merece la pena también visitar la iglesia de San Juan Bautista y, junto a ella, las tumbas antropomorfas de una necrópolis visigoda que transportan a otra época.

¿Por qué visitar Trevejo en enero?

Porque es el perfecto contrapunto al bullicio de las fiestas navideñas. En esta sierra extremeña reinan la paz, el contacto con la naturaleza y tradiciones que han perdurado siglos. El frío y la niebla invernal envuelven Trevejo con un halo cinematográfico que convierte cada paseo en una experiencia mágica.

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FEBRERO: Bielsa, Huesca

En pleno corazón del Pirineo aragonés, Bielsa es un pequeño pueblo que combina paisajes de montaña impresionantes con un carácter auténtico que ha resistido el paso del tiempo. Situado en el espectacular valle de la Pineta, con paredes rocosas por las que se desploman cascadas como las del río Cinca, Bielsa invita primero a recorrer sus calles empedradas, donde casas de piedra y tejados inclinados parecen contar historias de siglos pasados. Más allá del pueblo, el entorno es un paraíso para paseos, incluso en invierno. Rutas senderistas ascienden hacia bosques y cumbres y, quienes prefieran el coche, pueden recorrer los 14 kilómetros de valle, comenzando en Bielsa y llegando hasta el imponente circo de la Pineta.

¿Por qué visitar Bielsa en febrero?

En este mes, el invierno aún viste los picos cercanos de nieve y la luz baja del sol realza la magia de este rincón del Pirineo. Pero el verdadero encanto llega con su carnaval tradicional, una fiesta que mantiene viva la esencia de los pueblos de montaña: máscaras, música, bailes y rituales que marcan el calendario anual. Los vecinos abren sus puertas y celebran la vida en comunidad, mientras los visitantes se sumergen en una cultura local que ha llegado prácticamente intacta a nuestros días. Es el momento perfecto para sentir la autenticidad de Bielsa.

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MARZO: Riópar Viejo, Albacete

Marzo es un momento ideal para descubrir Riópar, un bonito pueblo enclavado en la Sierra de Alcaraz, donde la naturaleza despierta de su letargo invernal. Entre bosques de pino, ríos cristalinos y montañas que aún guardan restos de nieve, sus casas de piedra y tejados rojizos conservan la arquitectura tradicional manchega, y sus calles y plazas transmiten la sensación de un lugar detenido en el tiempo. 

¿Por qué visitar Riópar en marzo?

Cuando los primeros verdes llenan la sierra, Riópar Viejo se convierte en un destino perfecto para quienes buscan contacto con la naturaleza. El Parque Natural de los Calares del Río Mundo añade un atractivo extra: con el deshielo de la primavera, las cascadas y arroyos cobran vida, regalando un espectáculo natural impresionante, ideal para paseos y excursiones en familia.

Tips prácticos para la visita:
  • Cómo llegar: Riópar se encuentra a unos 100 km de Albacete y a 200 km de Madrid.
  • Rutas recomendadas: La Cascada del Río Mundo es la estrella del parque, y se puede combinar con el sendero hasta el Mirador del Nacimiento, apto para toda la familia. Desde el aparcamiento hay que caminar por un sendero de pinos unos 15 minutos hasta los miradores.
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ABRIL: Monsanto, Portugal

Alejado del turismo de masas, Monsanto es un pueblo único, colgado entre gigantescas rocas graníticas que parecen proteger sus calles y casas blancas. De él dicen que es el pueblo más portugués de Portugal, lo sea o no, a encanto pocos le ganan con su aire medieval y la distribución irregular de sus callejuelas empedradas y sus miradores –está en lo alto de un cerro– que ofrecen magníficas panorámicas. Ascendiendo, hay que visitar la fortaleza que guarda dentro de su muralla la iglesia de Santa María. El clima suave de abril permite recorrer el casco histórico sin el bullicio del verano, disfrutando de la arquitectura tradicional portuguesa que solo pueblos poco conocidos pueden ofrecer.

¿Por qué visitar Monsanto en abril?

La primavera transforma Monsanto: los campos que rodean el pueblo se tiñen de verde intenso y los jardines y macetas florecen, creando un contraste vibrante con la piedra centenaria, los colores de las flores y el cielo azul del Alentejo. Además, el entorno natural invita a paseos y excursiones por los alrededores.

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MAYO: Caravaca de la Cruz, Murcia

Plazas, iglesias y miradores, Caravaca se recorre en mayo con la calma que no se encuentra durante la temporada alta, disfrutando de la arquitectura medieval y de los rincones escondidos que hacen única esta localidad del noreste de Murcia. ¿Sabías que comparte vínculos con Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela? Lo hace porque tiene el privilegio de un año jubilar perpetuo, que se celebra cada 7 años, aunque habrá que esperar hasta el 2031 para asistir al próximo.

En la visita a Caravaca de la Cruz no hay que perderse el santuario de Caravaca, en lo alto del cerro, y en el paseo por las calles medievales de la ciudad, algunos de sus museos, como el de la Vera Cruz, el Arqueológico o el Museo de la Fiesta, dedicado a los Caballos del Vino.

Los alrededores ofrecen rutas naturales y miradores sobre la sierra, ideales para completar la visita, como las Fuentes del Marqués, un paraje próximo donde nace un manantial de aguas frescas y cristalinas.

¿Por qué visitar Caravaca de la Cruz en mayo?

A principios de mayo (entre los días 1 y 5 de 2026) la localidad se transforma con la famosa fiesta de los Caballos del Vino, una celebración única en la que jinetes suben corriendo por las calles empinadas del casco histórico, portando estandartes ricamente decorados. Declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, en Caravaca cada esquina se llena de color, música y emoción estos días, ofreciendo a los visitantes una inmersión en la identidad y pasión murciana.

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JUNIO: Porto Covo, Portugal

Porto Covo es un pequeño pueblo costero del Alentejo que conserva una imagen muy reconocible: casas blancas con zócalos azules, una plaza central tranquila y el Atlántico marcando el ritmo de la vida diaria. A diferencia de otros destinos de la costa portuguesa, aquí no hay grandes complejos ni paseos marítimos interminables, sino un pueblo compacto y fácil de recorrer a pie, donde la vida gira en torno al mar y a la pesca.

Sus alrededores son uno de sus grandes atractivos. Desde el propio núcleo urbano se accede a calas y playas naturales como Praia Grande, Praia do Espingardeiro o la isla de Pessegueiro, además de a tramos espectaculares de la Ruta Vicentina, una de las rutas de senderismo costero más bonitas de Europa. La gastronomía es sencilla y local, con protagonismo absoluto del pescado fresco y el marisco y muy buenos restaurantes para degustarla.

¿Por qué visitar Porto Covo en junio?

Porque es el mes en el que se disfruta de su costa antes de la llegada del verano más concurrido. Las playas están tranquilas, las temperaturas son agradables y el pueblo mantiene su ritmo local, lo que permite caminar, bañarse, comer bien y disfrutar del Atlántico con calma. Junio es el momento perfecto para conocer Porto Covo tal y como es, sin prisas y sin multitudes.

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JULIO: Benissa, Alicante

Benissa es uno de esos pueblos de la Marina Alta que sorprenden por su doble identidad: un casco histórico bien conservado, de calles estrechas y edificios señoriales, y un litoral de pequeñas calas y acantilados que conserva un carácter bastante más natural de lo que suele asociarse a la Costa Blanca. El centro histórico, con plazas tranquilas y fachadas de piedra, se recorre con calma y ofrece una visión más tradicional del Mediterráneo alicantino.

A pocos minutos del núcleo urbano, la costa de Benissa se extiende a lo largo de varios kilómetros con calas como La Fustera, Advocat o Baladrar, unidas por un sendero litoral ideal para caminar junto al mar. La combinación de pueblo, mar y paisaje permite alternar días de playa con paseos culturales, mercados locales y comidas en restaurantes donde la cocina mediterránea sigue teniendo peso propio.

¿Por qué visitar Benissa en julio?

En este mes el que el pueblo entra en modo verano, pero sin perder su esencia. Coinciden las fiestas patronales y verbenas locales, hay ambiente en las calles y en las plazas al caer la tarde, y el mar está en su mejor momento para disfrutar de las calas. Es una época ideal para quienes buscan Mediterráneo con vida local, pero sin tanto turismo como otro destinos cercanos.

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AGOSTO: Ponte Maceira, A Coruña

Ponemos rumbo al norte para conocer este pequeño pueblo gallego situado a orillas del río Tambre, conocido por su espectacular puente medieval, uno de los mejor conservados de Galicia. El pueblo se articula en torno al río, con casas de piedra, antiguos molinos y un entorno natural que invita a caminar sin rumbo. Forma parte del Camino de Santiago hacia Finisterre, pero conserva un ambiente tranquilo y auténtico. El río marca el ritmo de la vida local y ofrece zonas de baño natural, senderos junto al agua y paisajes verdes que, incluso en verano, mantienen una sensación de frescor. Es un lugar pensado para pasear, sentarse a observar el paisaje y disfrutar de una Galicia rural y pausada, donde la arquitectura y la naturaleza conviven en equilibrio.

¿Por qué visitar Ponte Maceira en agosto?

Porque agosto es el mes en el que el norte se convierte en refugio. Las temperaturas suaves permiten recorrer el pueblo y sus alrededores sin calor, el río invita a refrescarse y el ambiente es más animado, pero sin perder la calma que define al lugar. Ponte Maceira es perfecto para quienes buscan un verano diferente, lejos de la playa.

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SEPTIEMBRE: Sortelha, Portugal

Sortelha es uno de los pueblos medievales mejor conservados de Portugal. Amurallado, construido casi por completo en piedra y situado en una colina de la región de Beira, su casco histórico se recorre en poco tiempo, pero invita a detenerse en cada rincón: murallas, torre del homenaje, casas integradas en enormes rocas de granito y calles donde apenas ha cambiado nada en siglos.

El pueblo es pequeño y esencial, sin artificios. No hay grandes monumentos, aquí el atractivo está en caminar despacio, contemplar el paisaje que se abre desde las murallas y disfrutar del silencio. Sortelha forma parte de la red de Aldeias Históricas de Portugal, y es un excelente ejemplo del patrimonio rural portugués en su versión más pura.

¿Por qué visitar Sortelha en septiembre?

Porque septiembre ofrece el equilibrio perfecto entre clima y calma. Las temperaturas son suaves, ideales para recorrer el pueblo y su entorno sin el calor del verano, y la luz del final de la estación realza la piedra y el paisaje. Es un mes especialmente agradable para quienes buscan historia, tranquilidad y autenticidad, sin prisas ni masificación.

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OCTUBRE: Valverde de los Arroyos, Guadalajara

Valverde de los Arroyos es uno de los pueblos más singulares de la Sierra Norte de Guadalajara y un magnífico ejemplo de la arquitectura negra, construida con pizarra y piedra oscura. El pueblo se integra por completo en el paisaje de montaña, con calles irregulares, casas tradicionales y un entorno natural que refuerza su carácter rural y auténtico.

Más allá del casco urbano, Valverde es punto de partida de rutas sencillas que recorren valles, arroyos y bosques, como el camino hacia la cascada del Aljibeuno de los saltos de agua más bonitos de la zona. Es un destino pensado para caminar, respirar aire limpio y disfrutar de un ritmo pausado, muy alejado del turismo rápido.

¿Por qué visitar Valverde de los Arroyos en octubre?

Porque octubre es el mes en el que el paisaje se transforma. Los bosques que rodean el pueblo se llenan de tonos ocres y rojizos, las temperaturas son ideales para caminar y el entorno está especialmente tranquilo. Es el momento perfecto para una escapada de otoño rural, con naturaleza, silencio y uno de los paisajes más fotogénicos de la Sierra Norte.

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NOVIEMBRE: Tomar, Portugal

Para visitar una de las ciudades históricas más fascinantes de Portugal hay que viajar a Tomar, a unas tres horas en coche de Cáceres casi en línea recta. Una localidad marcada por la presencia de la Orden del Temple y por un patrimonio monumental que va mucho más allá de una visita rápida. Su centro histórico se articula en torno al río Nabão, con plazas tranquilas, calles elegantes y un ambiente sereno.

El gran icono de la ciudad es el Convento de Cristo, declarado Patrimonio de la Humanidad, un conjunto monumental único que combina arquitectura templaria, manuelina y renacentista. A su alrededor, Tomar conserva iglesias, antiguos conventos y jardines que refuerzan su carácter cultural, sin perder una dimensión cercana y local.

¿Por qué visitar Tomar en noviembre?

Porque es un mes ideal para recorrer la ciudad con calma. Las temperaturas son suaves, hay menos visitantes y el patrimonio se disfruta sin colas ni aglomeraciones. Es un momento perfecto para un viaje cultural y pausado, en el que la historia se convierte en la auténtica protagonista.

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DICIEMBRE: Óbidos, Portugal

Óbidos es uno de los pueblos medievales más bellos de Portugal, completamente rodeado por murallas y con un encantador casco histórico. Sus calles empedradas, casas blancas con detalles de color y pequeños comercios tradicionales convierten el paseo en una experiencia muy visual, especialmente al recorrer el camino de ronda sobre las murallas, desde donde se obtienen algunas de las mejores vistas del pueblo y del paisaje que lo rodea.

A lo largo del año, Óbidos mantiene una intensa vida cultural, con librerías instaladas en antiguas iglesias, pequeños hoteles con encanto y una gastronomía local muy ligada a la tradición, donde no falta la ginjinha, el licor de cereza típico de la región. Es un pueblo pensado para perderse sin rumbo, entrar y salir de tiendas, y disfrutar de su atmósfera aún más encantadora en Navidad.

¿Por qué visitar Óbidos en diciembre?

Porque en diciembre el pueblo se transforma con la llegada de la Navidad. Óbidos se llena de luces, decoraciones y mercados temáticos, creando un ambiente especialmente acogedor y festivo. Es el momento perfecto para una escapada invernal, pasear al atardecer entre murallas iluminadas y cerrar el año con un viaje cálido, histórico y lleno de encanto.

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