Dentro del universo de las colecciones de arte corporativas, la Colección FEMSA se ha consolidado como un referente para comprender el contexto social y cultural de Latinoamérica a través de una destacada selección de obras de arte moderno y contemporáneo. Lo que comenzó en 1977 con la incorporación de El maizal (Milpa seca), del pintor mexicano Gerardo Murillo, conocido como Dr. Atl, es hoy uno de los acervos de arte latinoamericano más relevantes de la actualidad.
Para continuar con este legado y dar inicio a las celebraciones por los 50 años de su creación, la Colección FEMSA presenta un proyecto colaborativo junto al Museo Amparo, en el Centro Histórico de Puebla, y el equipo curatorial integrado por Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez. Bajo el título El Hogar que Habito. Obras de la Colección FEMSA, la exposición reúne el trabajo de 60 artistas de México y Latinoamérica para explorar distintas formas de habitar y relacionarnos con el mundo a través de ejes como el territorio, el entorno natural y el cuerpo humano.
Distintas formas de habitar: la mirada de Eugenia Braniff para la Colección FEMSA
“Pienso, luego existo”, la célebre frase del filósofo René Descartes, encuentra una nueva lectura en esta propuesta y se transforma en la premisa que da sentido a la exposición: “Antes de existir, habitamos”. Una idea que pone en el centro nuestra relación con los espacios, el territorio y aquello que, mucho antes de definirnos, nos da un sentido de pertenencia.
La exposición, que abrió sus puertas al público el pasado 26 de septiembre y permanecerá en salas hasta el 25 de enero de 2027, ofreció un recorrido exclusivo para medios de comunicación. El equipo de ¡HOLA! México estuvo presente para acompañar a las curadoras en un recorrido por la muestra y descubrir, de su mano, las historias y los detalles detrás de cada una de las piezas seleccionadas de la Colección FEMSA para ser exhibidas específicamente en el Museo Amparo.
Bajo la mirada curatorial de Eugenia Braniff —curadora asociada y consejera de la Colección FEMSA—, Paulina Bravo y Beto Díaz, la exposición propone cinco ángulos temáticos que transitan de lo íntimo a lo colectivo para explorar una idea central: habitar es mucho más que ocupar un espacio. Es también construir vínculos, establecer conexiones y relacionarnos con aquello que encontramos en el camino.
Bajo esta premisa, el recorrido por el Museo Amparo comienza con Vendrá la memoria, de Ana Hernández Redasilú. La instalación, compuesta por una especie de mapa creado a partir de cuerdas y calabazas intervenidas, explora el concepto de interconexión al tiempo que funciona como una guía para los visitantes. La pieza llega por primera vez a la Colección FEMSA como parte de las adquisiciones más recientes de su acervo.A partir de aquí, el recorrido lleva a los visitantes por cinco salas que transitan de lo micro a lo macro. Más que ofrecer respuestas definitivas, la muestra busca abrir conversaciones y plantear preguntas pertinentes para nuestro tiempo, como: “¿Quiénes pueden habitar los territorios y qué territorios nos forman?”.
La primera sala, Desde y hacia el cuerpo, coloca al cuerpo humano como nuestro primer hogar: el espacio que habitamos y que, a su vez, nos habita. En ella conviven distintas disciplinas y lenguajes, entre ellas Coraza, de Magali Lara, que invita a reflexionar sobre la relación que construimos con nuestro propio cuerpo.El recorrido continúa con Fragmentos y tensiones, una sala que aborda el territorio como un espacio de poder y plantea preguntas sobre quiénes tienen la posibilidad de habitarlo y transitarlo. En el centro se encuentra Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, una pieza que reúne una serie de elementos encontrados en el desierto de Sonora y que convierte el paisaje en testimonio de las relaciones que establecemos con el territorio.
En El territorio doméstico, el hogar aparece no solo como el espacio que habitamos, sino también como un lugar donde convergen saberes, intimidades y violencias. Baños, salas, cocinas y escenas de la vida cotidiana se convierten aquí en protagonistas. Esta mirada se materializa en Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, quien reúne objetos pertenecientes a su abuela para recrear una cocina y convertir los recuerdos familiares en una instalación.La relación entre la humanidad y la naturaleza encuentra su espacio en Habitar el mundo, una sala que reconoce al planeta como nuestro hogar compartido y reúne obras de artistas de distintas regiones para reflexionar sobre nuestra responsabilidad frente al entorno natural y las especies que lo habitan.
Finalmente, Estructuras coloniales pone la mirada en las huellas de la colonización y en la manera en que distintas identidades han sido invisibilizadas a lo largo de la historia. Las obras recuperan las voces y memorias de comunidades que han sido históricamente marginadas, como sucede con La Artesa que vino del mar, de Aydeé Rodríguez López, una pieza que rescata la memoria de la comunidad afromexicana.
Con El Hogar que Habito. Obras de la Colección FEMSA, el acervo y el Museo Amparo buscan dar vida a un espacio de encuentro en torno al arte latinoamericano, con obras de artistas como Francisco Toledo, Fernando Botero y Leonora Carrington. La exposición se complementa con un programa público que reunirá a distintas audiencias a través de conversatorios, activaciones y encuentros multidisciplinarios, con el objetivo de acercar el arte a nuevos públicos y reforzar el papel de la Colección FEMSA como un puente entre las obras, las comunidades y las distintas formas de habitar nuestro mundo.
Más que una exposición, El Hogar que Habito propone un recorrido para mirar de cerca aquello que nos conecta: el cuerpo, el territorio, la memoria, la naturaleza y los espacios que llamamos hogar.











