Hay algo poético en que una colección de arte que nació con una sola pieza —El maizal (Milpa seca), de Dr. Atl, donada por la familia fundadora de FEMSA en 1977— celebre su medio siglo con cerca de 170 obras desplegadas en las cinco salas de MARCO. Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA se inauguró el pasado 19 de marzo en Monterrey y es la presentación pública más amplia que el acervo haya tenido en México. Detrás de ella está un equipo curatorial formado por Eugenia Braniff, Paulina Bravo, Alberto Díaz y Adriana Melchor. Pero es Eugenia quien encarna el hilo que conecta tres generaciones de una familia que convirtió el mecenazgo en una forma de construir país.
Una herencia que se respira
Eugenia es hija de Bárbara Garza Lagüera, presidenta del Comité para el Desarrollo de la Colección FEMSA y ganadora en 2016 del Premio Iberoamericano de Mecenazgo en Madrid y nieta de Eva Gonda.
Cuando le preguntamos qué significó ver a su madre recibir aquel reconocimiento, la respuesta es directa: “Fue de mucho orgullo. Mi mamá también ha sido inspirada por su mamá. Somos una familia de mujeres, y es muy lindo que reconozcan a la mamá de uno”. Ese linaje femenino —abuela, madre, hija— no es solo el motor del acervo; es el tema que atraviesa las piezas que más conmueven a Eugenia.
¿Pero cómo fue crecer dentro de esa dinámica? “Parece que sí, era muy importante, pero era parte de”, dice con naturalidad. “Desde un viaje, era visitar museos o conocer artistas. Nunca me di cuenta, hasta hoy haciendo retrospectiva, que siempre hubo algo de arte. Como niña no te das cuenta. Es como si creces en una familia de cocineros: la comida es parte de ella”.
El Museo de Monterrey y la visión descentralizadora
La historia tiene una protagonista que Eugenia evoca con cariño: su abuela. “Ella y su cuñada, Mayela Garza Rangel, fundaron el Museo de Monterrey con esta vocación de descentralizar los centros de arte hegemónicos y traer arte a Monterrey, donde veían que no había eso”. Esa decisión, tomada en 1977, dio vida al museo —activo hasta el año 2000— y al acervo que hoy incluye obra de Remedios Varo, Leonora Carrington, Lygia Clark, Siqueiros, Francis Alÿs y Gabriel Orozco. Eva Gonda y Mayela se adentraron en la escena artística de su tiempo: “En su momento con Tamayo, con Toledo, con Rodolfo Morales, con Felguérez… Era parte de ese grupo”, recuerda Eugenia con una sonrisa.
De las galerías de Nueva York a la Colección FEMSA
Antes de incorporarse a la Colección, Eugenia construyó una trayectoria internacional: pasó por la galería David Zwirner en Nueva York, es miembro del Guggenheim Latin American Circle y de Storefront for Art and Architecture, y en 2019 se incorporó al Board de la Tate Americas Foundation. Estudió Historia —no Historia del Arte, por elección deliberada— y más adelante cursó una maestría en curaduría.
“Trabajé en galerías mucho tiempo y de ahí decidí meterme más en la parte institucional”, cuenta. Cuando le preguntamos por qué volver a México, responde: “De los 800 museos que hay en Nueva York, ¿por qué no volver y formar parte del desarrollo de tu país?”. De aquella experiencia se llevó algo esencial: “El trato con artistas y el respeto por lo que hacen”.
Constelaciones y derivas: el gran rompecabezas
La exposición no sigue una lógica cronológica ni geográfica. Está organizada en núcleos temáticos —territorio, alquimia, abstracción, estructuras coloniales— que permiten que una obra de Siqueiros dialogue con una pieza de un artista emergente, o que los bodegones de la madre de Ana Gallardo convivan con los grandes formatos que su hija recreó décadas después.
“Hace como cinco años que entré fue llegar al acervo, revisarlo y revisitarlo con otros ojos. Ver qué se tiene, por qué se tiene, para qué y para quién se tiene”, explica Eugenia sobre el proceso curatorial. “Poco a poco las líneas se fueron dibujando. Por eso la palabra constelación: si miras al cielo puedes ver un puntito que es una estrella, pero si lo unes a los demás, no se entiende el uno sin el otro”. El montaje también trajo sorpresas: “La Leonora Carrington por atrás tiene otra pintura, como unos ensayos abstractos. El maizal atrás dice Nahui Olín. Cositas de detrás de cámaras que ves a la hora de montar”.
Ana Gallardo y el linaje femenino que la conmueve
Cuando le pedimos que elija una pieza del acervo que le sea especialmente significativa, no duda: la de Ana Gallardo. “Es ella sanando su linaje femenino a través de su mamá y de su hija. Su mamá quiso ser artista y fue artista, pero no la artista que pudo haber sido porque, por las estructuras patriarcales, no se podía. Ana recreó las pinturas de su madre a gran formato, con carbón, con algo más rudo. Y su hija hizo las vasijas de los bodegones de su abuela”. Hace una pausa: “Me dan ganas de llorar cada vez”.
Esa emoción conecta con un tema transversal de la muestra: el papel de las mujeres en el arte latinoamericano. Eugenia señala que artistas como Olga Costa y María Izquierdo trabajaron en formatos pequeños no por elección, sino por las circunstancias: “Tenías niños y trabajabas y no sabías dónde cabía el estudio, pero el niño, pero la cuna, pero la carriola”. ¿Qué significa que hoy las mujeres ocupen estas posiciones? “Es un resultado necesario de la lucha de muchísimas mujeres durante muchísimos años”.
Los próximos 50 años
La exposición permanecerá en MARCO hasta agosto de 2026 y después viajará: Puebla es la siguiente sede confirmada y hay planes para itinerar por el resto de México y América Latina. “Las intenciones son que nos conozcan en América Latina y que formemos parte de la comunidad en la que vivimos”, adelanta.
MARCO celebra este año 35 años y la Colección FEMSA, 50. “Tenía que ser aquí y en este museo”, dice sobre el regreso a Monterrey. Y cuando le preguntamos qué dicen su mamá y su abuela, ríe: “Ojalá les guste, porque hicimos algo muy distinto a lo que ellas han hecho”. Su sueño es seguir enriqueciendo el acervo. “Si seguimos así, yo me doy de santos”. Y para quienes apenas se acercan al arte, un consejo que es declaración de principios: “Que vean muchas exposiciones. Que vean y que vean y que vean. Que conozcan artistas, que vayan a sus estudios, que vayan y vean y lean”.








