Antes de dedicarse por completo a la pintura, Gerardo Malo desarrolló durante años una trayectoria vinculada al diseño y al mobiliario en México. Formado como arquitecto, siempre ha entendido el espacio, los materiales y la proporción como parte esencial de su manera de mirar. La pintura, que durante años convivió con esa práctica, terminó convirtiéndose en una búsqueda propia que hoy ocupa el centro de su trabajo.
Una pausa para pintar
Malo empezó a pintar hace casi 30 años aunque su carrera se había enfocado casi exclusivamente al interiorismo. En sus proyectos se había vuelto costumbre sellarlos con un cuadro propio. Pero con el tiempo notó que esas obras, resueltas para completar un espacio, no terminaban de contar una historia propia. Decidió entonces poner en pausa el interiorismo para dedicarse, única y exclusivamente, al arte.
El impulso definitivo llegó de un viaje a México: aunque durante años evitó voltear a ver al país que dejó atrás, en sus últimas visitas sintió una energía que lo empujó a retomar la pintura en serio. Poco después, fue precisamente un proyecto de interiorismo en Ciudad de México para un coleccionista de arte, el cual le llevó casi un año, lo que lo convenció de tomar la decisión.
De regreso en Madrid, Malo se dedicó a pintar a tiempo completo y montó su primera exposición. La muestra tuvo muy buena respuesta y le abrió acercamientos con varias galerías, aunque por ahora prefiere tomarse un tiempo antes de firmar con alguna y dedicarse a producir.
"Para mí, no hay absolutamente nada más inspirador que México".
Formado como arquitecto, reconoce que esa disciplina sigue rigiendo su pintura: líneas rectas, puntos de fuga, volúmenes que dialogan con la luz. Entre sus referentes cita a Agustín Hernández, PedroRamírez Vázquez y, sobre todo, Luis Barragán, a quien atribuye la decisión de estudiar arquitectura. Del muralismo mexicano, en particular de Siqueiros, toma esos golpes de profundidad que él mismo describe como puntos de fuga dentro del movimiento, traducidos a un lenguaje más geométrico y arquitectónico.
También sigue de cerca a artistas contemporáneos como Pedro Reyes, cuya escultura monumental instalada este año en LACMA celebra como ejemplo de representar a México desde una mirada artística y contemporánea, lejos del cliché. En el color, prefiere jugar con distintos tonos para generar volumen, luz y sombra. Ese lenguaje es la base de la nueva serie que prepara, que planea desarrollar durante una estancia de tres meses en México dedicada por completo a crear y producir.
Su obra puede adquirirse a través de Punto M, tanto en México como en Madrid, o directamente por Instagram, en la cuenta @gerardo-malo.estudio, donde también comparte avances de su próxima serie.








