Este año es especial en la Casa Real de Suecia, ya que se esperan celebraciones importantes. El rey Carlos Gustavo de Suecia cumple 80 años y celebra sus bodas de oro con Silvia Sommerlath, lo que lleva a un tercer aniversario, los 50 años de ella como reina de Suecia. Aunque todavía se desconoce cómo serán unas fiestas que tradicionalmente cuentan con presencia de otras casas reales europeas, en el país ya han comenzado con los prolegómenos, como la participación de la reina en un programa que recuerda su historia de amor, al que acudió con el mismo vestido que usó para el anuncio de su compromiso matrimonial en 1976, o la publicación de un libro que revisa a fondo su papel. En él se encuentran muchas anécdotas desconocidas, sobre todo de tiempo que duró su noviazgo con el que fue el rey más joven de Europa y ahora es el más veterano de todos.
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De profesión: Reina. Cómo Silvia de Suecia cambia el mundo (Beruf: Königin – Wie Silvia von Schweden die Welt verändert, en su versión original) sale a la venta en los próximos días y ya está despertando mucha expectación en Suecia y en Alemania, donde nació la reina Silvia, hija de un empresario alemán y de una brasileña de ascendencia española. El libro es un reportaje biográfico escrito por la periodista sueca Ingrid Thörnqvist, quien siguió a la reina Silvia durante un año para mostrar su trabajo real más allá de los actos oficiales y, aunque pone el foco en su trabajo, principalmente centrado en la protección de la infancia contra la violencia y el abuso sexual y la mejora de la atención a personas con demencia, también encierra muchas anécdotas de su vida personal.
Para encontrar el nexo con esta imagen tomada durante los Juegos Olímpicos de Munich de 1972, hay que remontarse a los inicios del noviazgo entre los reyes de Suecia. Silvia Sommerlath, de 23 años, había estudiado idiomas en Dusseldorf y con el dominio de seis lenguas, después de un tiempo trabajando en el consulado argentino en Munich, fue fichada para trabajar en la planificación y organización del protocolo de los Juegos Olímpicos, fue allí donde conoció al que estaba a punto de convertirse en el rey de Suecia.
Según se cuenta en este libro, al que ya han tenido acceso los medios alemanes como Bunte, el príncipe se fijó en ella a través de unos prismáticos, mientras Silvia -vestida con un uniforme que les exigía llevar a todas el mismo perfume y el mismo tono de labios- trabajaba como jefa de protocolo dirigiendo al equipo de azafatas que indicaban a los miembros de la realeza y otras autoridades cuál era el lugar que les tocaba ocupar. La anécdota afirma que el príncipe, a pesar de estar a una distancia de un metro y medio, se escondía detrás de unos prismáticos para disimular: no miraba a la cancha, miraba a Silvia. En ese momento, casualidades del protocolo, a su lado estaba la reina Sofía y la infanta Elena.
Desde ese mismo momento, Carlos Gustavo y Silvia comenzaron a jugar al despiste con la prensa con la protección de su círculo, incluidas las compañeras de trabajo de ella, hasta el punto de que Silvia siguió trabajando en eventos similares -como los Juegos de Invierno de Innsbruck de 1976- mientras él acudía al palco de autoridades. Para aquel entonces, ya había muerto su abuelo paterno, el rey Gustavo Adolfo, y él le había sucedido en el trono. Por eso, cuando en marzo de 1976 se anunció el compromiso matrimonial, solo un mes después de esos últimos juegos en los que Silvia trabajó como una total desconocida, la expectación fue máxima, ya que el que se casaba no era un príncipe, ya era un rey.
El 19 de junio de ese mismo año, solo tres meses después del compromiso, algo que no es habitual en la realeza, que suele planificar sus bodas con mucho tiempo de antelación, la pareja se casó en la Catedral de Estocolmo, marcando la entrada de una plebeya a la realeza sueca, un tabú que ya había roto el príncipe Harald al casarse con Sonia en 1968, por lo que tampoco generó demasiados debates.
El libro, que busca mostrar a Silvia no solo como figura ceremonial, sino como una mujer con un rol activo, estratégico y profundamente comprometido, en principio solo se publicará en dos idiomas y se anuncia como un retrato enormemente personal de una de las reinas más desconocidas de Europa.
