Caminos separados

Andrés Mountbatten-Windsor y Sarah Ferguson, ante su segunda separación: ponen fin al pacto doméstico que los mantuvo a flote


No parece este el final de una ruptura emocional, más bien el final de una convivencia estratégica que ahora parece haber dejado de funcionar


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Sira AcostaPeriodista senior de Realeza y Guionista
26 de enero de 2026 - 17:56 CET

La expectación es máxima en torno al Royal Lodge de Windsor, donde se espera el inminente desalojo de Andres Mountbatten-Windsor, después de que su hermano, el rey Carlos III, se viera obligado a retirarle de forma masiva alguno de los privilegios que todavía conservaba, incluido el uso de sus títulos y la mansión que tenía arrendada en los terrenos reales que rodean al castillo que ahora es el epicentro institucional. Su vinculación nunca juzgada con Jeffrey Epstein quedó expuesta con una filtración de correos electrónicos y eso -por presión popular y parlamentaria- precipitó su caída final y también la de su exmujer, Sarah Ferguson, cuya mensajería con el magnate condenado por tráfico sexual de menores también salió a la luz. Esta reconfiguración de los antiguos duques de York no solo afecta a su proyección pública, ya que también ha afectado a su vida privada, provocando una nueva separación entre ellos. 

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Después de firmar el divorcio en 1996, Sarah Ferguson siguió residiendo de forma intermitente, pero constante en la última década, con el príncipe Andrés y participando en algunas citas de la familia real, como se ve en estas imágenes tomadas en Windsor el 2024

Tras una larga batalla, el hermano del rey cambia el Royal Lodge de Windsor por la Marsh Farm de Sandringham, una propiedad más modesta, ajustada a su papel actual y lejos del castillo que alberga las funciones de Estado y de donde viven los príncipes de Gales. Hasta ahora, Sarah Ferguson había seguido viviendo con su ex, pero una fuente cercana afirma a HELLO! que ya está lista para emprender un camino por separado: "Lo ha apoyado todos estos años, pero ahora está lista para abrirse camino. No se mudará con él a la nueva casa. Sin embargo, no se mudará a la casa de la princesa Beatrice en los Cotswolds. La casa de la princesa Eugenia en Portugal es una opción mientras encuentra un lugar".

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Andrés Mountbatten-Windsor conduciendo en los terrenos reales de Windsor este 26 de enero, una fecha que se suponía límite para su traslado a Sandringham

Esta mudanza de Andrés a Sandringham supone, por tanto, una nueva separación para una pareja que lleva haciendo y deshaciendo su convivencia desde 1992, cuando anunciaron por primera vez que se estaban dando un tiempo, una pausa que saltó por los aires cuando salieron a la luz las imágenes de Sarah Ferguson con su asesor financiero en actitud cariñosa. Esas fotos hicieron que el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, se negara a volver a coincidir con la duquesa de York el resto de su vida, una promesa que el marido de Isabel II mantuvo hasta el 2018, cuando accedió a ello para cumplir el deseo de Eugenia de York de tener a su familia reunida el día de su boda.

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Eugenia de York consiguió tener su boda soñada, con sus padres y sus abuelos, en parte porque su primo Harry rompió el hielo con Sarah Ferguson, invitándola a su boda con Meghan Markle y haciéndole formar parte de la familia

Quien no tuvo problema en seguir compartiendo techo con ella fue el propio Andrés, que nunca tuvo la necesidad de escenificar una separación física de la madre de sus hijas. Así que la pareja firmó el divorcio en 1996 (el mismo año en el que se divorciaron Carlos III y Diana de Gales) y acordó que lo mejor para su familia y para las aspiraciones de la Casa York de tener un papel público importante dentro de la realeza británica era hacer un frente común. De modo que siguieron compartiendo buena parte de su vida e incluso haciendo inversiones juntos. Este pacto doméstico se tradujo en una convivencia intermitente durante los primeros años y permanente durante la última década que, según lo que se desprendía de las propias declaraciones de Sarah Ferguson, era beneficiosa para ambos, como amigos, como padres y también como abuelos. 

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Los duques de York con sus hijas, las príncesas Eugenia y Beatriz, durante unas vacaciones de agosto en el Reino Unido. Andrés y Sarah habían firmado el divorcio hacía cuatro meses, sin embargo, la familia York siguió unida

Esto último parece que no va a cambiar, Andrés y Sarah seguirán unidos en lo que su descendencia se refiere, pero ya no habrá un día a día entre ellos. Los divorciados ideales -así los describían sus hijas- toman otra vez caminos por separado, al menos por el momento. Con el fin de sus privilegios (no todos, ya que sigue conservando sus derechos como Mountbatten-Winsor y miembro de la familia) se ha terminado una atípica unión que proporcionó a Andrés un apoyo y una voz que siempre estaba lista para salir en su defensa.  

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Después de salir de la realeza británica, Sarah Ferguson concedió entrevistas y escribió memorias, pero siempre siendo leal al príncipe Andrés y a la realeza de Isabel II

"Estaba total y completamente enamorada de Andrés. Lo haría todo de nuevo. Es el mejor, un gran hombre con un gran corazón y bondadoso. Nuestra boda fue el mejor día de mi vida, pero abandoné mi anonimato. Pude hacerlo porque el amor lo conquista todo. Sigue con nosotros hoy. No lo decepcionaré. Él me apoya tanto como yo lo apoyo a él. Me ha apoyado en las buenas y en las malas, no solo en el matrimonio o el divorcio. Estamos de acuerdo en las tres C: comunicación, compromiso y compasión", dijo Sarah Ferguson en el año 2024, cuando Andrés ya estaba retirado de la vida pública por el caso Epstein, pero todavía se albergaban dudas sobre su futuro papel, ya que el pacto extrajudicial lo alejó de tener que sentarse en un banquillo. 

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Sarah Ferguson y el príncipe Andrés en el día del anuncio de su compromiso el 17 de marzo de 1986, en el Palacio de Buckingham.

Sarah Ferguson, que había logrado esquivar el caso Epstein hasta que se filtraron los archivos de finales del 2025, ha hablado siempre maravillosamente bien del padre de sus hijas, incluso cuando nadie lo hacía y con la libertad de no pertenecer a la realeza británica. Gracias a su relato, se pudo seguir cómo fue cambiando la naturaleza de esa alianza estratégica que siempre presumía de una lealtad inquebrantable. Muestra de ello es como establecía paralelismos enre haber cuidado a su padre y hacer lo mismo ahora con el hijo favorito de Isabel II. "Cuando Jane (su única hermana de padre y madre) se fue a Australia, me convertí en cuidadora de papá. Me dejaron a cargo de un hombre triste, que es más o menos lo que estoy haciendo ahora. Es por eso que la reina Isabel y yo nos llevamos tan bien. Mi madre era su amiga íntima, así que me conocía de toda la vida y me quería. La llamaba Mumma. Ella nunca me decepcionó, incluso si yo la decepcioné a ella. En los días más oscuros, nunca me dejó. Aunque todavía hasta el final me ponía nerviosa verla  porque era la reina de Inglaterra. Me pusieron muchas vacunas contra la COVID para poder pasear a los perros con ella. Tenía unos zapatitos marrones para caminar. Ahora tengo los corgis, son fenomenales...", contó en una entrevista para la revista Sunday Times en diciembre de 2024. 

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Los duques de York -título que ya no usan- en las carreras de Ascot en el 2019

De este testimonio, que no tiene más de dos años, se desprende que ese retorno a la realeza británica que experimentó Sarah Ferguson en los últimos años, regresando a las bodas reales, las carreras de Ascot, el royal box de Wimbledon, los servicios religiosos de Navidad e, incluso, las citas con la realeza extranjera, como fue la misa que se brindó en la Capilla de San Jorge en memoria del rey Constantino de Grecia, podrían formar parte de ese agradecimiento por estar al lado del príncipe Andrés cuando los propios Windsor no podían estarlo. No hay que olvidar que la propia Isabel II escenificó ese acercamiento de Andrés a la familia para mostrar a los británicos que, como madre, seguí apoyando a su hijo, aunque no podía permitirle que siguiera formando parte de la agenda institucional. Ese lugar que Isabel II ideó para Andrés y Sarah, se mantuvo durante los albores del reinado de Carlos III, muestra de ello fue la presencia de los antiguos duques de York en el funeral real de la duquesa de Kent, coincidiendo en el lugar y en la foto con el rey y con los príncipes de Gales.

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Navidad de 2023: invitados por Carlos III a Sandringham
Sarah Ferguson en el palco real de Wimbledon con la princesa Beatriz en junio de 2025
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En febrero de 2024 los duques de York acudieron juntos a una misa en memoria del rey Constantino de Grecia, un acto oficial que organizaba la reina Camilla y que se celebró en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor

Solo una semana después de ese momento, que indicó brevemente que los duques de York volvían a ser aceptados, comenzaron a filtrarse las conversaciones que Jeffrey Epstein mantuvo en su día con el príncipe Andrés, con Sarah Ferguson o con su personal a sueldo de la institución. Esos archivos, como poco, vinieron a demostrar que la relación del matrimonio con el condenado por tráfico sexual de menores no era como ellos la había contado y uno a uno se comenzaron a caer los proyectos filantrópicos y laborales de ella, al tiempo que aumentaba la presión política y social sobre el rey. 

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'New York Post' de febrero de 2011: la fotografía del príncipe Andrés con Jeffrey Epstein con la que comenzó todo

En cuestión de tres meses, en los que no han faltado las conjeturas sobre el destino final de los York y el papel que tomarían las princesas Eugenia y Beatriz en todo esto, los acontecimientos han derivado en una nueva separación de una pareja que se casó en 1986, se divorció en 1996 y permaneció unida hasta el 2026. No parece este el final de una ruptura emocional, más bien el final de una era y de un pacto doméstico que ahora parece haber dejado de funcionar. 

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