Acaba de cumplir 22 años y su agenda tiene un llamativo volumen de actos de la máxima relevancia institucional. Amalia de Holanda, la hija mayor de los soberanos de los Países Bajos, los reyes Guillermo y Máxima, es una princesa heredera única en su generación, ya que ha ido cumpliendo etapas a una velocidad insólita y este 2025 ha sido su gran año. A pesar de que a su padre se le presupone un largo reinado, ya que todavía tiene 58 años y su madre, Beatriz de Holanda, no abdicó hasta los 75, la princesa de Orange y heredera del trono neerlandés ha acelerado en los últimos meses su presencia oficial, todo ello sin dejar de lado una formación que ahora está en pausa por las fiestas navideñas.
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Amalia de Holanda comenzó sus estudios en Defensity College en septiembre, con el fin de formarse como reservista militar en un programa que durará dos años. Una educación castrense que combina con la licenciatura en Derecho Holandés que está cursando en la Universidad de Ámsterdam, una especialización que comenzó tras graduarse en Política, Psicología, Derecho y Economía (PPLE), estudios que parcialmente realizó en Madrid debido a la grave amenaza que recibió por parte de una organización criminal que tiene en jaque al Estado.
Su año comenzó con un primer debut en solitario amadrinando un buque de combate junto al Ministerio de Defensa y sorprendió acompañando a sus padres a la conmemoración del 80º aniversario de la liberación de Auschwitz, un acto al que acudieron las principales casas reales de Europa, pero en el que ella fue la única heredera presente. Fue entonces, sin haber terminado su licenciatura, algo que no llegó hasta el pasado julio, cuando la institución comenzó a darle un giro a su papel, algo que en cierto modo se esperaba tras la decisión de comenzar a recibir la asignación anual de 1'5 millones de euros que le corresponden como heredera al trono y que estaban a su disposición desde que cumplió la mayoría de edad.
Entonces, la princesa de Orange, con un perfil muy similar al que tenía su abuela a su edad: un carácter serio y disciplinado, marcado también por una falta de libertad personal, aunque por circunstancias distintas, aceleró de lleno su incorporación a la vida pública. En los últimos meses, ha acudido a más actos y, sobre todo, de mayor peso institucional e internacional, estando presente en las funciones reservadas al jefe del Estado, como el recibimiento a los mandatarios extranjeros durante la cumbre de la OTAN.
También voló con su madre de Washington y a Nueva York para la cumbre de las Naciones Unidas, asistió a la abdicación de Luxemburgo, participó en todas las cenas de Estado que se han celebrado en los últimos meses en el Palacio Real y no faltó en actos muy significativos de carácter nacional, como el 750 aniversario de la ciudad de Ámsterdam.
A diferencia de sus padres, que sí tienen ya actos programados para enero, la agenda oficial de la princesa Amalia llega a Navidad completamente despejada de cara al 2026, pero lo lógico es que siga la tendencia de este año, si no superior, al menos al mismo nivel. Una estrategia con la que además han sacado una doble ventaja, ya que su importante presencia pública le está forjando una imagen de persona accesible y cercana, cuando, por otro lado, poco o nada se conoce de su vida privada e incluso de sus aficiones, al margen de su pasión por Madrid, donde residió un tiempo con la complicidad de Felipe VI y la reina Letizia, la historia de los joyeros reales de Europa y por montar a caballo, deporte que le generó este año un susto, ya que en junio tuvo que ser operada de su brazo izquierdo tras caerse del caballo. Una información que, por tanto, se tuvo que brindar a la prensa. Así, entre presencia pública, formación y una esfera personal bastante desconocida, también por motivos de seguridad, la princesa de Orange va trazando el camino que le llevara a convertirse en reina algún día.
