Este sábado, la Familia Real ha despedido a la princesa Irene de Grecia, fallecida el pasado jueves a los 83 años de edad. En un lluvioso y frío día de enero, doña Sofía se ha rodeado de sus seres queridos, amigos más cercanos y familiares para darle el último adiós a su hermana pequeña. La tía del rey Felipe padecía un deterioro cognitivo desde hacía años, aunque su salud había empeorado mucho esta semana, lo que llevó a doña Sofía a cancelar su agenda para pasar los últimos y delicados momentos junto a ella. Su funeral tendrá lugar este próximo lunes en Atenas, en el Cementerio Real de Tatoi, ubicado en la capital griega.
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La capilla ardiente quedó instalada en el Palacio de la Zarzuela, pero este sábado a las 12:00 horas sus restos mortales se han depositado en la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio, en Madrid. Hasta allí han acudido las infantas Elena y Cristina, Alexia de Grecia -acompañada de su marido y sus hijos, Arrietta y Carlos Morales, en representación griega- y José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, junto a su mujer, Teresa Urquijo, entre muchos otros asistentes. La aclamación a la vida de la princesa Irene ha sido rotunda y, en una jornada tan complicada para doña Sofía, uno de sus principales apoyos ha sido, sin duda, la presencia de sus nietos.
Doña Sofía ha llegado a la catedral junto a los Reyes Felipe y Letizia, la infanta Sofía y la princesa Leonor, que no se ha separado de ella y con quien ha compartido paraguas para subir las escaleras que conducían al templo religioso. Agarrada a su brazo, y mostrando la cercanía que existe entre ella y la futura heredera al trono, ambas han protagonizado uno de los momentos más emotivos de la velada. Leonor no se ha querido separar de su abuela y ha demostrado en todo momento lo importante que era poder estar a su lado en esta jornada tan triste y complicada. Su complicidad, amor y cercanía ha estado más que latente, pero Leonor no ha sido la única en brindarle cariño, presencia y apoyo este sábado.
Doña Sofía ha estado ampliamente arropada por sus nietos. Además de la infanta Sofía y la princesa Leonor, también han acudido a la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio los hijos de la infanta Cristina, Irene, Pablo y Miguel Urdangarin; y la hija de la infanta Elena, Victoria de Marichalar. Las dos nietas han entrado juntas, cabizbajas y visiblemente emocionadas. Irene ha tenido un bonito gesto con la princesa con la que comparte nombre, pues en su vestimenta ha añadido un guiño real de lo más especial: las perlas, que forman parte de un lenguaje histórico profundamente arraigado en la realeza europea. Victoria de Marichalar ha interpretado el luto desde un registro distinto, más contemporáneo, pero igual de respetuoso.
Pablo y Miguel Urdangarin han aparecido junto a su madre, la infanta Cristina, y la prima de esta, Alexia de Grecia. Ambos han caminado juntos y se han mostrado de lo más comprensivos y cercanos con los allí presentes, quedándose parados en el corrillo de saludos que se había generado a la entrada del recinto. No han podido acudir, sin embargo, ni su hermano Juan, afincado en Londres por temas profesionales, y tampoco su primo Felipe de Marichalar, que está viviendo actualmente en Abu Dabi.
Su funeral, el lunes en Atenas
El destino, caprichoso, quiso que el día de la muerte de la princesa Irene de Grecia coincidiera con la jornada en la que la Familia Real griega celebró un servicio conmemorativo en memoria del rey Constantino, hermano de doña Sofía y de la princesa Irene, en Tatoi. Este sábado, el príncipe Pablo de Grecia ha querido honrar la memoria de su tía con un sentido mensaje en el que explica, además, los motivos que llevarán a su mujer, Marie-Chantal, y a sus hijos, el príncipe Odysseas y la princesa Olympia, a perderse el funeral del lunes en Atenas.
"Con profundo dolor, lamento el fallecimiento de mi querida tía, la princesa Irene de Grecia. Mujer de fuerza tranquila, profunda fe y firme devoción por la familia, su presencia era a la vez amable e inquebrantable, y sus valores no se expresaban con palabras, sino con hechos, manifestados en cada acto de devoción y cuidado hacia quienes la rodeaban", ha expresado. "Irene era una fuente de sabiduría, lealtad y amor, un ancla firme para nuestra familia a lo largo del tiempo. Su pérdida deja un vacío que no puede llenarse, pero su recuerdo permanecerá para siempre en nuestros corazones. Que descanse en paz eterna, reunida con sus seres queridos", ha concluido.
