Irene de Grecia ha fallecido en Madrid a los 83 años, rodeada de los suyos y en la que fue su casa desde los años ochenta: el Palacio de la Zarzuela. Hija pequeña de los reyes Pablo y Federica de Grecia, y hermana —e inseparable compañera— de la reina Sofía y del rey Constantino, cuya memoria se recordaba precisamente este 15 de enero con una misa en Grecia, la princesa Irene fue siempre una mujer profundamente espiritual. Ahora se conocen los detalles de su despedida.
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La capilla ardiente quedará instalada en el Palacio de la Zarzuela en las próximas horas, en un ámbito familiar y será este próximo sábado en la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio de Madrid, donde se acogerán durante unas horas los restos mortales la princesa Irene.
El lunes, 19 de enero, el funeral se celebrará en Atenas y después tendrá lugar el entierro en el cementerio real de Tatoi, lugar que le corresponde como princesa y alteza real, y donde además se descansa desde el 2023 su querido hermano, el rey Constantino, y sus padres, los reyes Pablo y Federica de Grecia.
Hay que recordar que la fe ocupaba un lugar habitual en sus conversaciones, igual que la música, la filosofía y todo lo relacionado con las corrientes de pensamiento orientadas a tender puentes entre religiones y culturas. Ese interés no fue superficial: llegó a profundizar en él durante el tiempo que pasó en la Universidad de Madrás junto a la reina Federica, que pasó allí largas temporadas, y donde estudió enfoques humanísticos y espirituales que marcaron su vida e impulsaron un legado filantrópico en causas educativas, culturales y en definitiva humanitarias. Célebre es la anécdota en la que en 1985, tras el programa europeo que implicaba el sacrificio de vacas para frenar la sobreproducción de leche, la princesa Irene lanzó una iniciativa para transportar vacas sanas y productivas a lugares que necesitaran esa leche para frenar la desnutrición.
