Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) han aumentado notablemente entre los adolescentes en los últimos años y, además, cada vez aparecen a edades más tempranas. Los expertos en este tipo de trastornos coinciden en que uno de los factores determinantes de este aumento es la exposición constante a imágenes idealizadas -o directamente irreales- de vidas ajenas en redes sociales, la presión estética y la presión académica, entre otros. Estrella González Campos, psicóloga sanitaria en la Clínica López Ibor, hace hincapié en la importancia de detectar a tiempo un TCA. Intervenir pronto puede cambiar radicalmente la evolución y, en consecuencia, la vida de nuestro hijo, pero ¿cómo pueden las familias darse cuenta de que algo está ocurriendo? ¿Cómo detectar las primeras señales de que un posible trastorno de la conducta alimentaria antes de que vaya a más? González Campos lo explica.
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¿Qué implica que un adolescente padezca un TCA?
Que un adolescente padezca un Trastorno de la Conducta Alimentaria implica una alteración profunda y sostenida en su relación con la comida, el cuerpo y el peso. No se trata solo de hábitos alimentarios, sino de un problema de salud que afecta a todo el organismo. A nivel físico, puede provocar alteraciones hormonales, cardiovasculares, digestivas y metabólicas, déficits nutricionales y un impacto negativo en el crecimiento y desarrollo. En una etapa vital tan sensible, estas consecuencias pueden ser especialmente graves si no se actúa a tiempo.
¿Cómo le afecta a su salud mental?
El impacto en la salud mental es central. Los TCA suelen ir acompañados de ansiedad, síntomas depresivos, baja autoestima y una gran rigidez en el pensamiento. La comida y el cuerpo pasan a ocupar un lugar dominante en la vida del adolescente, condicionando su estado de ánimo, sus relaciones sociales y su rendimiento académico. Además, aparecen con frecuencia sentimientos intensos de culpa, vergüenza y miedo, que refuerzan el aislamiento y dificultan pedir ayuda.
No existe un “demasiado tarde” absoluto: siempre es posible intervenir y mejorar.
¿Las redes sociales agravan los TCA o son una puerta de entrada a ellos para muchos adolescentes?
Las redes sociales pueden ser tanto un factor de riesgo como un elemento agravante. Plataformas como TikTok o Instagram exponen de forma constante a ideales corporales irreales, filtros y mensajes que promueven la comparación contínua. En adolescentes vulnerables, esta presión favorece la insatisfacción corporal y la distorsión de la autoimagen, lo que puede desencadenar conductas de control, restricción o compensación que acaban evolucionando hacia un TCA.
Los expertos siempre habláis de la importancia de detectar lo antes posible un trastorno alimenticio en un menos; ¿por qué es tan importante? ¿Qué ocurre si un adolescente con un TCA recibe tratamiento cuando ya lleva mucho tiempo con él?
La detección precoz es fundamental porque el tiempo es un factor determinante en la evolución del trastorno. Cuando se interviene de forma temprana, la recuperación suele ser más rápida y menos compleja. Si el TCA se mantiene durante mucho tiempo sin tratamiento, las conductas y pensamientos se cronifican, el impacto físico y emocional aumenta y el proceso terapéutico suele ser más largo y difícil. Además, el trastorno puede integrarse en la identidad del adolescente, complicando aún más la recuperación.
En lo que a los tiempos se refiere, ¿cuándo es detección temprana y cuándo se considera que es ya demasiado tarde?
Hablamos de detección temprana cuando se identifican cambios iniciales en la conducta alimentaria, el ejercicio o la relación con el cuerpo, incluso aunque aún no haya un diagnóstico claro. No existe un “demasiado tarde” absoluto: siempre es posible intervenir y mejorar. Sin embargo, cuanto más se retrasa la intervención, mayor es el riesgo de cronificación y de complicaciones físicas y psicológicas.
¿Cómo detectar las primeras señales de un TCA en nuestro hijo o nuestra hija adolescente?
Algunas señales tempranas que suelen pasar desapercibidas son evitar comer en familia o en público, comer a escondidas, una preocupación excesiva por comer “sano”, la demonización de ciertos alimentos o la práctica de ejercicio de forma rígida y compensatoria. También es importante atender a cambios emocionales como ansiedad, irritabilidad, tristeza o aislamiento, así como a una actitud defensiva cuando se habla de comida, peso o imagen corporal.
¿Qué hacer para saber si se trata de meras sospechas o si efectivamente se trata de un TCA?
Ante la duda, es fundamental no minimizar la situación y consultar con profesionales especializados. Los TCA no se confirman solo por lo que se come, sino por la relación emocional y cognitiva que el adolescente mantiene con la comida y con su cuerpo. Una evaluación clínica permite diferenciar entre conductas puntuales y un trastorno en desarrollo, y orientar adecuadamente a la familia.
Los TCA suelen ir acompañados de ansiedad, síntomas depresivos, baja autoestima y una gran rigidez en el pensamiento.
En caso de que el menor se niegue a recibir ayuda, ¿qué puede hacer su familia?
La familia debe mantener una actitud firme respecto al cuidado de la salud, pero siempre desde la empatía y sin confrontaciones. Presionar u obligar suele aumentar la resistencia y el malestar. Es importante expresar preocupación, ofrecer apoyo y buscar también orientación profesional para los propios padres, que pueden aprender estrategias para acompañar y facilitar que el menor acepte ayuda de forma progresiva.
¿Cuál es la situación emocional de los y las adolescentes que llegan a consulta por un TCA?
Suelen llegar con un elevado nivel de sufrimiento emocional. Muchos se sienten atrapados en pensamientos obsesivos relacionados con la comida y el cuerpo, con miedo a perder el control y una autoestima muy dañada. Es frecuente que se sientan incomprendidos y que tengan dificultades para expresar lo que les ocurre, utilizando el TCA como una forma de gestionar emociones que les desbordan.
¿Se pueden llegar a ‘curar’ o siempre habrá que estar pendientes de posibles altibajos?
La recuperación es posible y real, pero va mucho más allá de normalizar el peso. Implica mejorar la relación con la comida, con el cuerpo y con las emociones. Muchas personas consiguen una vida plena y funcional. Como en otros problemas de salud mental, pueden existir momentos de mayor vulnerabilidad, por lo que es importante contar con herramientas y apoyo para manejar posibles altibajos.
¿Los padres y las madres de estos adolescentes también suelen necesitar ayuda psicológica o apoyo emocional? ¿Qué herramientas necesitan para ayudar, a su vez, a sus hijos?
Sí, con mucha frecuencia. Acompañar a un hijo con un TCA genera miedo, culpa y agotamiento emocional. Los padres necesitan apoyo psicológico, información y herramientas para comunicarse de forma adecuada, evitar comentarios que refuercen el trastorno y crear un entorno seguro. Aprender a acompañar sin controlar, a manejar sus propias emociones y a confiar en el tratamiento es clave para ayudar a sus hijos en el proceso de recuperación
