Tamara Hernán tiene un hijo, dos perros y dos gatas. Es educadora canina y creadora de la metodología Crianza Multiespecie, con la que ofrece recursos prácticos para que perros y niños en sus primeras etapas de desarrollo convivan desde el respeto y el bienestar físico y emocional en cada familia.
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Acaba de publicar Creciendo entre perros (Ed. La Esfera de los Libros), donde hace un recorrido que parte desde el embarazo y continúa por toda la infancia para lograr una convivencia segura y afectuosa entre ambos. Hemos hablado con ella.
Convivir con perros puede ser un factor protector en la salud mental durante el embarazo y el posparto
Te defines como mamá "multiespecie". ¿Cómo integras las responsabilidades de cuidado de tu hijo y de tus animales?
Me defino como mamá multiespecie porque asumo la responsabilidad del bienestar y la seguridad de todas las vidas que dependen de mí. Hay muchos paralelismos entre cuidar de un perro y de un niño, y creo que las madres estamos muy acostumbradas a hacer encaje de bolillos. No se trata de sumar más tareas ni de vivir con más ansiedad, sino de integrar cuidados desde una mentalidad de integración. En la familia no hay jerarquías de valor: todos importan, aunque en cada momento haya que atender más las necesidades de uno que de otro. La crianza y la convivencia ya son limitantes de por sí; bebés y perros marcan tiempos y límites, y a veces eso implica tomar decisiones responsables aunque no coincidan con lo que nos gustaría. La pregunta clave siempre es qué necesidad estamos cubriendo realmente y si esos límites nos están cuidando a todos.
“No basta con tener un perro 'bueno' o un niño 'que los adore' para que la relación funcione, dices en el libro. ¿Cuál es la base para que haya una buena convivencia entre hijos y mascotas?
Esta pregunta es clave y empiezo explicando por qué no me gusta el término “mascotas”. Hablo de perros como miembros de la familia. Siento que este término los cosifica como seres que cumplen una función. Para mí la base de una buena convivencia es el respeto: conocer las necesidades del perro, entender su comunicación y respetarla. El perro no está para cubrir las necesidades del niño/a; puede querer interactuar o no, y ambas opciones son válidas. También es fundamental dejar de romantizar la convivencia y la idea de que los perros tienen siempre un instinto protector hacia bebés y niños. Esa creencia genera falsas sensaciones de seguridad. A esto se suma el auge de vídeos idealizados, incluso creados con inteligencia artificial, que refuerzan una imagen irreal. Cuando partimos de estas ideas, es menos probable que las familias adopten una actitud preventiva. La prevención nace del conocimiento, no de la idealización.
Has desarrollado un método propio, 'la crianza multiespecie' que asemejas con la crianza consciente. ¿Cuáles son sus puntos en común?
Ambas parten de un cambio de mirada: poner el foco en el vínculo y no en el control. Dejamos de preguntarnos cómo lograr que “se porte bien” para preguntarnos qué le está pasando y qué necesita, porque detrás de cualquier comportamiento siempre hay una necesidad. Entendemos los procesos de desarrollo, tanto del perro como del niño/a, y ajustamos expectativas. La presencia plena, la autorregulación emocional del adulto y la comunicación respetuosa son pilares compartidos. Esto no tiene que ver con criar desde un positivismo extremo ni con generar “generaciones de cristal”, sino con poner límites que cuidan y cubrir necesidades antes de que el malestar estalle en comportamientos inseguros. Acompañar respetuosamente es poner esos límites con sentido y responsabilidad.
Los animales domésticos son una pieza esencial de la familia, pero hay sectores que critican la 'humanización' que puede aparecer, porque algunas parejas deciden tener animales en lugar de hijos. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Vivimos en una sociedad en la que tener hijos es un acto de valentía porque es cada vez más complejo, y muchas parejas conviven primero con perros. No me parece algo negativo. Muchas críticas a la “humanización” tienen más que ver con los vínculos que se crean que con un análisis real. Humanizar sin criterio sería atribuir al perro necesidades que no le corresponden; compartir espacios, ofrecer comodidad o tenerlo en cuenta en decisiones familiares no lo es. Disfrazarlo, vestirlo sin necesidad o llevarle en carrito si no lo necesita sí lo es. La clave está en no cruzar ciertos límites y actuar con criterio. También es importante no sobreprotegerlo, por mucho que se le quiera, y permitirle desarrollarse como individuo y como especie, dándole espacio para hacer cosas de perro.
Durante el embarazo, ¿qué es lo más importante a tener en cuenta en la convivencia con el animal?
Fortalecer o reparar el vínculo hacia un apego seguro. Un perro con un apego seguro gestionará mucho mejor los cambios que se avecinan. Esto implica respetarlo, entenderlo, darle autonomía y ajustar el estilo de vida a lo que será sostenible cuando llegue el bebé. No es algo que se haga en pocos días. Aún existe la creencia de que preparar al perro es solo enseñarle el carrito o el gorro del hospital, y luego sorprenden las dificultades. Aunque cada vez hay más conciencia, todavía muchas familias llegan tarde, y siguen existiendo casos de cesiones, abandonos o eutanasias por miedo o problemas de convivencia, cuando en la gran mayoría de los casos la situación sería reversible con información y acompañamiento. El problema es que el desconocimiento y la presión emocional hace que muchas familias ni siquiera pidan ayuda.
Hablas también del apoyo de los perros en la depresión posparto. ¿Cómo se concreta?
Hay evidencia científica que respalda que indican que convivir con perros puede ser un factor protector de la salud mental perinatal, tanto en embarazo como en posparto. Pero el perro no es curativo ni evita una depresión. El beneficio aparece cuando la relación es sana. En esos casos puede aportar compañía, seguridad, acompañamiento y favorecer la oxitocina. Cuando la convivencia no va bien, puede convertirse en un factor estresante, aumentar el cortisol y agravar la situación emocional, incluso interferir en la lactancia. Por eso no se trata de idealizar al perro, sino de cuidar el vínculo. Cuando no es así, la prioridad debe ser pedir ayuda e instaurar estrategias que cuiden y protejan tanto a la madre y al bebé como al perro.
Algunos animales muestran celos con los recién nacidos. ¿Qué hay que hacer para mantener la seguridad al máximo?
Nunca dejar a un perro y a un bebé solos ni sin supervisión. Además, no interpretar siempre los celos como tal. Muchas veces son señales de estrés o inseguridad. Sí existe evidencia de que los perros pueden mostrar conductas compatibles con celos, entendidos como el miedo a perder el vínculo y la atención de su figura de apego. El error es leerlo como rebeldía, desobediencia o minimizarlo. Para mantener la seguridad es clave saber interpretar estas señales como una petición de ayuda, integrar al perro sin forzar interacciones, ajustar la convivencia, supervisar y pedir acompañamiento profesional cuando aparecen señales de alerta.
En bebés pequeños, ¿cuáles son las recomendaciones esenciales para que la relación con el animal vaya por el mejor camino?
En la etapa en la que el bebé empieza a moverse, gatear y aproximarse al perro, la supervisión activa es clave: estar cerca, no a distancia. Intervenir, regular y observar a un brazo de distancia. Si estás más lejos y pasase algo, llegarías tarde. No deben permitirse interacciones libres. Por muy buenas y divertidas que sean las intenciones del peque. Es fundamental poner límites claros que cuidan: respetar espacios de descanso, comida y agua del perro, no perseguirlo ni forzar el contacto. El aprendizaje debe ser progresivo, sin forzar al perro, creando interacciones indirectas y tranquilas. No se trata de confiar a ciegas ni de desconfiar, sino de ser realistas y responsables, entendiendo que hacen falta muchas experiencias acompañadas para que se creen patrones de comunicación fiables que den lugar a una relación segura. El ejemplo adulto es lo primero que el bebé interioriza.
¿Cómo viven los niños el duelo cuando su mascota se va? ¿Cómo apoyarlos en estos casos?
Depende mucho de la etapa evolutiva. Convivir con un perro suele ser la primera experiencia de despedida y es una oportunidad para integrar el duelo como una parte de la vida desde la normalidad. El duelo existe cuando existe el vínculo, y este no se da de la misma forma en todas las edades. En niños muy pequeños no suele vivirse con la intensidad que en niños más mayores ya vinculados con el perro. Esto suele ser un mensaje de alivio para las familias. Por ejemplo, pueden preguntar por él como si estuviera vivo sin sufrir como lo hace un adulto. En niños mayores es importante no mentir ni fantasear, acompañar con palabras sencillas y permitirles vernos y estar tristes. Crear rituales de despedida y mantener el recuerdo ayuda a integrar la pérdida. Crear espacios para hablar de él con palabras, canciones, dibujos o cuentos. Porque no se muere lo que no se olvida, y tener la oportunidad de seguir recordándole será una forma de enseñarles que el amor no desaparece con la muerte.
