Niños

Naiara Briones, profesora de Plástica y Dibujo Técnico, sobre cómo fomentar la creatividad en los niños: “Es importante hacerles partícipes de los problemas cotidianos”


Hacer manualidades con los hijos tiene muchos más beneficios de los que cabría imaginar. La autora nos explica cuáles son y cómo sacar el máximo partido a esta actividad.


Naiara Briones, fotógrafa, diseñadora y docente de Educación Plástica, Pintura y Dibujo Técnico© Naiara Briones
Actualizado 15 de enero de 2026 - 8:08 CET

Que las madres y los padres se sienten a hacer manualidades con sus hijos es mucho más que mero entretenimiento. A los niños les gusta, sí, pero es un momento en el que se genera mucha más conexión de la que podríamos imaginar y, además, en el que se fomenta en ellos una serie de habilidades no solo útiles, sino también muy necesarias. Así lo asegura Naiara Briones, fotógrafa, diseñadora y docente de Educación Plástica, Pintura y Dibujo Técnico en Educación Primaria, ESO y Bachillerato. Es, además, madre de tres hijos, con los que ha realizado y realiza muchos trabajos manuales y que le sirven de inspiración.

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Hemos hablado con Naiara Briones, que ha publicado el libro Agujetas maternales. Actividades fáciles y creativas para mamis ocupadas y sus peques (Ed. Larousse), en el que incluye muchísimas propuestas de manualidades para que padres e hijos hagan juntos (y que son fáciles de hacer, no requieren grandes complicaciones, al tiempo que ofrecen resultados espectaculares). La autora nos explica en detalle todo lo que aportan este tipo de actividades a los niños, y sus beneficios superan con creces toda expectativa.

Cuando un niño se sabe creativo, se sabe capaz de enfrentarse a situaciones nuevas y de encontrar soluciones.

Naiara Briones, docente de Educación Plástica, Pintura y Dibujo Técnico

El libro se titula “Agujetas maternales” y lo comienzas hablando de la carga mental invisible de las madres. ¿Por qué esta introducción en un libro sobre manualidades para niños? ¿Qué relación hay entre una y otras?

Sé que puede sorprender que un libro de actividades infantiles empiece hablando de la carga mental de las madres, pero Agujetas maternales nació precisamente de mis propias agujetas: de ese cansancio físico y mental que aparece cuando te conviertes en madre y que convive, al mismo tiempo, con unas ganas enormes de hacerlo bien y de disfrutar de verdad del tiempo con tus hijos.

Para mí, esta introducción es un pequeño homenaje a las madres: a todo lo que llevamos en la cabeza, a todo lo que sacamos adelante cada día y a ese impulso constante por mejorar, aunque muchas veces nos olvidemos de nosotras mismas. Convertirse en madre lo cambia todo, recoloca prioridades y da lugar a una forma completamente nueva de mirar la vida. Desde ahí nace este proyecto.

La maternidad activa y pone a prueba la creatividad de las mujeres. Y no porque de repente te pongas a hacer manualidades, sino porque cada día te enfrentas a situaciones nuevas para las que no hay manual de instrucciones: decisiones improvisadas, problemas inesperados y soluciones sobre la marcha. Eso, aunque no lo llamemos así, es creatividad pura

Esa idea se refleja incluso en la maquetación del libro: aparecen elementos muy cotidianos —un calcetín sucio, un plátano a medio comer, la cita con el pediatra o la lista de la compra— que poco a poco se transforman. En esa lista se cuelan el vinagre y el bicarbonato para hacer experimentos, una cuchara se convierte en una cara… Es la creatividad entrando sin hacer ruido en la rutina de una familia. Este libro no va de hacer más, sino de encontrar el momento: de tener ese libro al que recurrir cuando surge ese ratito y ganas de conectar, pasarlo bien juntos y crear recuerdos sin complicarse la vida.

¿Qué aporta el hacer manualidades a los niños? ¿Por qué es recomendable ofrecerles propuestas para que hagan trabajos manuales?

Las manualidades aportan mucho a los niños: trabajan la coordinación, la toma de decisiones, la paciencia o la capacidad de resolver pequeños problemas. Pero lo importante es entender que las manualidades son solo una parte de algo mucho más amplio: la creatividad. Por eso en el libro no hay solo trabajos manuales. Hay manualidades, sí, pero también experimentos, juguetes hechos con materiales reciclados, actividades al aire libre y juegos de pensar, imaginar, inventar historias o resolver retos sin necesidad de materiales. Las manualidades forman parte de la creatividad, pero la creatividad va mucho más allá de las manualidades.

Ofrecer propuestas variadas permite algo muy valioso: observar qué les interesa de verdad a nuestros hijos. Hay niños a los que les fascina ver qué pasa al mezclar ingredientes, otros disfrutan creando con materiales reciclados, otros inventando historias o conectando ideas. Pasando tiempo con ellos y ofreciéndoles experiencias diversas, pueden ir descubriendo qué se les da bien y qué les hace vibrar.

Creo que sentarnos a hacer actividades con nuestros hijos —jugar, crear, experimentar— va más allá de entretenerlos; es acompañarlos a descubrir quiénes son y cómo piensan. Y eso es una herramienta enorme para su desarrollo.

¿Es necesario buscar la perfección, que los niños hagan esas manualidades lo más bonitas posibles? ¿O basta con el proceso, con el mero hecho de hacerlas?

No, no es necesario buscar la perfección. De hecho, cuando ponemos el foco en que quede “bonito” o “como en la foto”, muchas veces estropeamos la experiencia. En cualquier actividad creativa, especialmente en la infancia, es mucho más importante el proceso que el resultado. Por eso los experimentos suelen ser de las actividades favoritas de los niños: no van de hacerlo bien o mal, sino de observar, sorprenderse y hacerse preguntas. No hay una expectativa estética que cumplir, solo curiosidad.

A lo largo de los años, como profesora y como madre, he visto que muchos niños dejan de expresarse plásticamente porque empiezan a pensar que “no se les da bien”. De pequeños crean sin juicio, pero con el tiempo aparece la comparación: con lo que hacen otros niños, con dibujos que ven en libros, en la tele o en internet, o con comentarios que reciben a su alrededor. Muchas veces, sin darnos cuenta, los adultos también ponemos el foco en el resultado final, y ahí es cuando empiezan las dudas y las ganas de expresarse se van apagando.

Por eso siempre les digo a mis hijos que las imágenes que vienen de muestra en una actividad son solo una propuesta, no un modelo a copiar. Cada niño es distinto y lo interesante es que lo hagan a su manera. Así les damos espacio para expresarse y para ir construyendo su propia identidad.

Muchas actividades del libro no están pensadas para guardar ni para colgar en la pared. Algunas están hechas con materiales efímeros o pensadas para disfrutarse en el momento. Y está bien así. Lo valioso es despertar el asombro, aprender a equivocarse y disfrutar del proceso. Cuando soltamos la exigencia, la creatividad fluye… y el rato en familia deja de ser un examen y vuelve a ser un disfrute.

© Larousse

¿Les dirías a los padres y a las madres que, además de proponerles diferentes manualidades, se sienten con ellos a hacerlas? ¿Por qué?

Sí, siempre que les apetezca y puedan. Porque sentarse con ellos a hacer actividades no es solo acompañarles, sino conectar. Cuando compartimos esos ratos aprendemos muchísimo sobre nuestros hijos: cómo afrontan la frustración, qué les motiva, qué se les da bien o qué emociones aparecen cuando algo no sale como esperaban. Además, nuestra presencia, sin dirigir ni resolver por ellos, les da seguridad. Muchas veces no necesitan ayuda, solo saber que estamos ahí. Y eso les anima a seguir probando, a tomar decisiones y a confiar en lo que son capaces de hacer.

Compartir hobbies en familia es algo maravilloso. Encontrar actividades que nos gusten a todos ayuda a despertar intereses, crear pasiones compartidas y, de forma natural, a ofrecer alternativas atractivas a las pantallas. No desde la prohibición, sino desde el disfrute.

Es verdad que a veces proponemos actividades para que estén entretenidos mientras hacemos otras cosas, y eso también está bien. Pero los momentos creativos compartidos generan conexión, complicidad y recuerdos que se quedan. Incluso dedicar ratitos individuales a cada hijo, haciendo algo que le gusta especialmente, puede ser muy valioso. No se trata de hacer una manualidad digna de un museo, sino de aprovechar esos momentos para estar juntos de verdad. En esos ratos compartidos pasan muchas cosas importantes, tanto para ellos como para nosotros.

¿Cómo fomentar la creatividad en los niños?

Aunque a muchos les pueda sorprender, para fomentar la creatividad en los niños no hace falta sacar los pinceles ni las témperas. El pensamiento creativo puede entrenarse en el día a día y, muchas veces, sin ningún material. La infancia es la etapa más creativa de la vida. Los niños ya tienen ese pensamiento creativo de forma natural; nuestro papel como adultos no es tanto enseñarles a ser creativos como crear las condiciones para que puedan seguir siéndolo en el día a día.

Una forma muy eficaz es hacer preguntas abiertas y originales, de esas que no tienen una única respuesta: “¿qué pasaría si los animales pudieran hablar?”, “¿para cuántas cosas distintas podría servir una cuchara?”. Las preguntas y el asombro son un motor potentísimo de la creatividad.

También es importante hacerles partícipes de los problemas cotidianos. Desde decidir qué cenar con lo que hay en la nevera hasta pensar cómo organizar un día especial en familia. Cuando les damos voz, entienden que su opinión importa y que son capaces de encontrar soluciones.

Los niños ven el mundo de una manera distinta a la nuestra, más libre y menos condicionada.

Naiara Briones, docente de Educación Plástica, Pintura y Dibujo Técnico

Otra propuesta muy sencilla es observar el mundo juntos con una mirada curiosa: salir a pasear sin pantallas, fijarse en las sombras, en las formas de las nubes o en pequeños detalles del entorno, y hacerse preguntas sobre lo que ven.

Dedicar tiempo a inventar historias juntos es otra herramienta fantástica: imaginar viajes imposibles, cambiar el final de cuentos que ya conocemos, pensar cómo contaría la historia otro personaje o anticipar cómo creemos que terminará una historia nueva.

Y, por último, proponer retos con condiciones o animarles a inventar sus propios juegos. Las restricciones bien planteadas activan la creatividad: “con estas dos sillas, esta manta y estos cojines, ¿puedes construir un refugio?” o “con una pelota, invéntate un juego con tres normas”. Tener un marco concreto les ayuda a arrancar y a pensar de forma creativa.

La llama de la creatividad ya está en los niños. Nuestro trabajo como adultos, aunque no siempre fácil, es cuidarla y avivarla para que no se apague.

¿Por qué es necesario fomentar esa creatividad?

Fomentar la creatividad es fundamental porque tiene un impacto directo en la autoestima de los niños. Cuando un niño se sabe creativo, se sabe capaz de enfrentarse a situaciones nuevas y de encontrar soluciones, incluso aunque nunca antes se haya encontrado con ese problema. Eso les da seguridad, confianza y les anima a salir de su zona de confort.

Además, la creatividad es una habilidad clave en el mundo en el que estamos entrando. En un contexto cada vez más marcado por la inteligencia artificial, lo importante no será memorizar datos, sino saber pensar, conectar ideas, imaginar soluciones nuevas y tener criterio propio. La creatividad no es solo artística: una científica, un investigador o una inventora necesita ser profundamente creativa para avanzar.

Por eso es importante desterrar la idea de que un niño creativo será necesariamente artista. Podrá serlo si expresa su creatividad a través de la pintura, la escultura, la instalación o la performance, pero también podrá ser un profesional que marque la diferencia en el ámbito que elija. La creatividad es una herramienta de supervivencia y de evolución humana: gracias a ella hemos avanzado como especie y seguiremos haciéndolo.

Junto con el pensamiento crítico, es una de las habilidades más importantes que podemos potenciar en nuestros hijos. Especialmente porque no siempre encuentran ese espacio en el sistema educativo, donde es difícil salirse del camino marcado. La casa puede —y debería— ser ese lugar donde se les permita pensar a su manera, probar, equivocarse y construir su propia forma de entender el mundo.

© Getty Images

En el libro señalas que es también preciso fomentar el pensamiento divergente en los niños. ¿Por qué? ¿Qué implica ese pensamiento divergente?

El pensamiento divergente es la capacidad de imaginar varias soluciones posibles ante una misma situación, en lugar de buscar una única respuesta correcta. Es pensar en abanico, abrir posibilidades y no quedarse solo con el camino marcado. Fomentarlo en la infancia es clave porque la vida real no funciona como muchos ejercicios escolares, donde solo hay una respuesta válida. En el día a día, los problemas suelen tener muchas soluciones posibles, y aprender a explorarlas da seguridad, flexibilidad y confianza.

Cuando un niño desarrolla pensamiento divergente, entiende que equivocarse forma parte del proceso y que puede probar distintas opciones, porque a veces hay varias soluciones posibles que pueden encajar. Eso reduce el miedo al error y aumenta la autonomía.

Además, este tipo de pensamiento está muy ligado a la creatividad, pero también a la resolución de conflictos, a la toma de decisiones y al pensamiento crítico. No se trata solo de imaginar, sino de aprender a pensar por uno mismo. Por eso es tan importante ofrecer espacios —tanto en casa como en la escuela— donde no todo esté cerrado, donde no haya siempre una única manera correcta de hacer las cosas y donde los niños puedan explorar, cuestionar y proponer.

¿Cómo educar la sensibilidad visual de niños pequeños?

Educar la sensibilidad visual en los niños pequeños no tiene que ver necesariamente con enseñarles historia del arte —aunque poco a poco podamos introducir conceptos si los conocemos y les interesan—, sino con ayudarles a mirar con atención: a parar, observar y darse cuenta de lo que normalmente pasa desapercibido. Una forma sencilla de hacerlo es poner palabras a lo que ven: colores, formas, tamaños, contrastes, composiciones. Preguntarles qué les llama la atención de un dibujo, de una imagen, de un paisaje o de una fotografía, sin juzgar ni corregir su mirada.

También es importante ofrecerles estímulos visuales variados y de calidad: libros con distintos tipos de ilustración, imágenes cuidadas, obras de arte adaptadas a su edad, diferentes paisajes y entornos, y tiempo para observarlos sin prisas. No se trata de ver mucho, sino de aprender a mirar mejor. Y, sobre todo, respetar su forma de mirar. Los niños ven el mundo de una manera distinta a la nuestra, más libre y menos condicionada. Cuando validamos esa mirada —aunque no coincida con la adulta— estamos educando sensibilidad, criterio y confianza.

Además, vivimos en un mundo profundamente visual, donde gran parte de la información nos llega a través de imágenes. Educar la sensibilidad visual también implica aprender a leerlas: preguntarnos cómo están construidas, qué colores utilizan, qué emociones despiertan o qué historias cuentan. Todo eso conecta directamente con el pensamiento crítico y les da herramientas no solo para interpretar imágenes, sino también para crear las suyas propias de forma consciente.

Educar la sensibilidad visual es enseñarles a disfrutar de lo que ven, a emocionarse con ello y a construir su propia forma de mirar el mundo. Y eso es una base preciosa y fundamental para la creatividad y para la vida.

¿A partir de qué edad sería recomendable que los niños empezaran a hacer manualidades?

En realidad, no hay una edad mínima para empezar a hacer manualidades, porque al principio no se trata de “hacer algo bonito”, sino de explorar con el cuerpo y los sentidos. Muchas actividades creativas ayudan a desarrollar la motricidad fina y la coordinación mano-ojo de forma natural, mientras tocan, manipulan, aprietan o encajan. Eso sí, en los primeros años es fundamental adaptar siempre las propuestas a su momento evolutivo, especialmente cuando todavía exploran el mundo a través de la boca: materiales seguros, tamaños adecuados y siempre con la supervisión de un adulto. La clave no es la actividad en sí, sino ofrecerla de forma consciente y acorde a su edad.

Por eso el libro está pensado como un manual de creatividad que acompaña a las familias desde los 2 años y durante toda la infancia, hasta que los peques quieran seguir compartiendo actividades con nosotros. Incluye propuestas como botellas sensoriales, juguetes hechos con materiales cotidianos o actividades muy sencillas que les permiten explorar el mundo y jugar con lo que hay en casa, ahorrando espacio y también dinero en juguetes.

La idea era crear un libro que acompañara la crianza a largo plazo. Por eso, en muchas actividades, además del paso a paso con fotos, se incluyen notas para adaptarlas a distintas edades, respetando el ritmo y el momento evolutivo de cada niño. Así podemos ofrecer experiencias creativas ajustadas a su edad, sin prisas y sin expectativas de resultado. La creatividad crece con ellos… y también con nosotros.

En un libro sobre manualidades, recomiendas crear rutinas que ejerciten el pensamiento lateral. ¿Cómo definirías este tipo de pensamiento y por qué potenciarlo?

Antes hablábamos del pensamiento divergente, y es normal que a veces se confunda con el pensamiento lateral. Para situar al lector, conviene diferenciarlos: ambos forman parte del pensamiento creativo, pero no son exactamente lo mismo. El pensamiento divergente consiste en generar distintas ideas o respuestas ante una misma situación; el pensamiento lateral, en cambiar el punto de vista y buscar soluciones desde lugares menos evidentes. Ambos son fundamentales para la vida real, donde rara vez existe una única respuesta correcta.

En Agujetas maternales propongo crear momentos dentro de nuestras rutinas que ejerciten este tipo de pensamiento, porque el objetivo del libro no es solo hacer manualidades bonitas, sino entrenar una forma de pensar.

Fomentar la creatividad es fundamental porque tiene un impacto directo en la autoestima de los niños.

Naiara Briones, docente de Educación Plástica, Pintura y Dibujo Técnico

En ese sentido, Agujetas maternales. Actividades fáciles y creativas para mamis ocupadas y sus peques no es solo un libro de actividades, sino un proyecto creativo vivo que se ha materializado en un libro. Es una concentración práctica de años de ideas compartidas con familias reales, pensada para acompañar el día a día de la crianza real.

Lo diseñé como el libro de actividades que a mí me habría gustado tener si solo pudiera quedarme con uno: completo, fácil de usar y pensado para acompañar la crianza real; para criar creando. Reúne manualidades, experimentos, juguetes con materiales reciclados, juegos para tiempos de espera y actividades al aire libre, organizadas de forma clara y adaptables a distintas edades y momentos del año.

En el fondo, Agujetas maternales no va de proponer manualidades perfectas, sino de acompañar el desarrollo de mentes flexibles, curiosas y seguras. Niños que no buscan “la respuesta correcta”, sino que se atreven a pensar por sí mismos. Y eso, hoy más que nunca, es una herramienta fundamental para la vida.

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