Enero es considerado, tradicionalmente, el mes de los divorcios. Sucede igual que tras las vacaciones de verano, cuando en septiembre hay una mayor cantidad de demandas de separación. Se trata de un cambio vital muy importante que impacta sobre todos los miembros de la familia.
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Isabel Gómez-Alba es coach de separaciones y experta en inteligencia emocional (www.isabelgavt.com). Está especializada en separaciones cuando hay hijos con discapacidad, una experiencia que ha vivido en su propia familia y que la impulsó a formarse para ayudar de forma integral a otras parejas que pasan por lo mismo. Hemos charlado con ella.
Si el niño tiene una discapacidad intelectual, puede necesitar una ayuda adicional de un especialista para comunicarle la decisión
¿Cuál es el principal problema que se da con respecto a las separaciones o divorcios cuando hay un hijo con una discapacidad o con una enfermedad grave?
Depende mucho de qué tipo de discapacidad y nivel de autonomía tenga el niño. No es lo mismo una discapacidad física que intelectual. La principal diferencia con respecto a hijos ordinarios sería definir quién es el cuidador principal del niño, puesto que eso va a definir el tipo de guarda y custodia en el convenio regulador de divorcio. Además, está el desafío económico, que es mayor en estos casos, porque se suman mayores gastos por terapias, medicación, escuelas especiales, etc.
Por otro lado, si el niño tiene una discapacidad intelectual, puede necesitar una ayuda adicional de un psicólogo especialista o facilitador cuando se comunique la decisión de separarse al hijo, si es que este puede tener mayor dificultad a nivel cognitivo para entender la situación, pues es super importante que comprenda bien que su seguridad no se ve amenazada, y que los cambios no van a influir en su calidad de vida, y sobre todo que sienta que él no es culpable de nada y que papá y mamá lo siguen queriendo como siempre de igual manera.
Muchas parejas rotas con un hijo con discapacidad deciden no separarse por las dificultades logísticas y económicas. ¿Cómo se les puede ayudar en ese caso?
Si están decididos a separarse, lo primero es estudiar cuál es su situación financiera y laboral para crear un buen plan logístico y ver si son capaces de asumirlo. Si no es así, y deciden seguir en la convivencia, aunque su relación de pareja sexo-afectiva se rompa, siguen teniendo una relación parental que no ha cambiado, y ese proyecto en común, que son los hijos, sigue estando.
Es importante que mantengan una buena relación de amistad, donde se apoyen mutuamente y tomen decisiones conjuntas en función a las necesidades de cada uno y a lo que esperan de su vida, desde la asertividad y la empatía, y desde ese amor que un día se profesaron. Establecer una negociación de los límites que favorezca al buen ambiente y al bienestar familiar. Si esto es difícil, se puede pedir ayuda a un mediador, psicólogo o coach especializado en relaciones de pareja.
¿Cómo viven los niños con discapacidad o con una enfermedad grave ese proceso de separación? ¿Hay diferencias con respecto a otros menores?
Partiendo de la premisa de que cada niño es un mundo, y cada cual lo vive a su manera, en el caso de los niños con necesidades especiales hay que tener especial cuidado a la hora de establecer las medidas de apoyo y el tipo de guarda y custodia que se va a redactar en el convenio regulador. Dichas medidas hay que comunicarlas al niño de manera que puedan comprenderlas sin error, pues su situación de vulnerabilidad es mayor y requieren de mayor protección por nuestra parte, tanto a nivel físico como emocional.
Nadie mejor que los padres conocemos a nuestros hijos. Por tanto, es muy importante observarles bien durante esta etapa y dedicarles más tiempo de presencia para estar con ellos. Hacerles partícipes en los cambios de rutinas, y en las nuevas dinámicas que surjan, hará que este cambio pueda motivarlos y sientan que realmente su opinión cuenta y la valoramos. Dejar que expresen sus emociones libremente, validarlas y escucharles, les va a ayudar. Que entiendan que siguen siendo una familia a pesar de que cambie la estructura.
¿Qué aspectos (legales, económicos...) es necesario revisar con más calma cuando hay una separación en una familia donde algún hijo tiene discapacidad?
A nivel legal, con la nueva ley 8/2021 se ha reformado la legislación civil y procesal para el apoyo con personas con discapacidad. Esto sí que influye a la hora de tomar decisiones para un buen convenio de divorcio. Si antes, aunque los hijos cumplieran la mayoría de edad, los padres seguían ejerciendo la "patria potestad prorrogada" en el hijo con discapacidad, ahora con la nueva ley, se ha de instar un proceso judicial para solicitar las medidas de apoyo para fijar una curatela en el caso de que la guarda de hecho de los padres no sea suficiente. A la hora de definir el convenio regulador y el tipo de custodia, el juzgado va a tener en cuenta aspectos como la adaptación de los dos domicilios de los padres a las necesidades del hijo, la distancia de estos hasta el centro de día, o terapias a los que tenga que acudir, la preparación de ambos progenitores de cara a las necesidades del hijo...
Otra diferencia es respecto a la pensión de alimentos, pues en estos casos se incluyen los gastos de terapias, medicamentos, asistencia y necesidades especiales del niño, independientemente de la prestación económica que reciba. Cuando el hijo alcance la mayoría de edad, el progenitor que no vive con él puede solicitar que se siga estableciendo el régimen de visitas y de comunicación con él. En el mismo procedimiento, al interponer la demanda de divorcio se pueden solicitar las medidas de apoyo para el niño.
En el aspecto económico, si se solicita la prestación por discapacidad del hijo, y la custodia es compartida al 50%, cada progenitor ha de solicitar por separado la prestación por discapacidad aportando el convenio regulador de divorcio, puesto que se le ingresará a cada uno el 50% de la prestación del hijo de la discapacidad. A la hora de hacer la declaración de la renta, hay que decírselo al gestor y que los progenitores se pongan de acuerdo en desgravarse las ayudas por la discapacidad en años alternos.
En general, la situación de discapacidad o enfermedad grave de un hijo, ¿actúa como unión para los padres o como separador?
Sucede una cosa o la otra, de la misma manera que se da cualquier circunstancia adversa en la vida, como una enfermedad, una muerte, o algo de vital importancia. O bien el suceso les une más porque refuerza ese motivo en común que tienen como pareja, de luchar por algo que les une; por el contrario, la disparidad de opinión frente al suceso, provoca que se separen porque la visión de cómo afrontarlo es diferente.
¿Cuáles son las claves para asegurar que la pareja pone las bases para un buen divorcio?
Un buen divorcio no es el que termina rápido, sino el que no deja heridas innecesarias. La principal clave de un buen divorcio consciente es siempre la buena comunicación. Una comunicación empática y asertiva. Que nunca pierda el foco central que siempre son los hijos. Pensando siempre en el bienestar común de la familia, dejando de lado los motivos o enfados de la pareja a la hora de tomar decisiones. Negociar desde la responsabilidad como padres adultos que son y no desde la rabia del "niño interior" herido.
Un buen convenio de divorcio ha de tener en cuenta las necesidades y voluntades de cada miembro de la familia, donde todos ganen y nadie pierda. Otra clave es que no se generen conflictos de lealtad en los niños, para asegurarnos de que aunque haya un proceso de duelo y dolor que hay que transitar, no sufran lo innecesario. Dejarse acompañar por profesionales y buscar un sustento emocional es igualmente importante
