La preeclampsia sigue siendo una de las complicaciones del embarazo que más preocupa a los especialistas, no solo por su impacto en la salud de la madre y del bebé, sino porque a menudo avanza en silencio y llega sin avisar. Pero sí que puede haber determinadas señales que nos alertan de la presencia de este problema. Por eso, los especialistas insisten: conocer sus síntomas y apostar por un diagnóstico precoz es clave para proteger la salud durante la gestación. Nos lo explica la doctora Miriam Turiel, ginecóloga de la Clínica Universidad de Navarra.
Para ti que te gusta
Este contenido es exclusivo para la comunidad de lectores de ¡HOLA!
Para disfrutar de 5 contenidos gratis cada mes debes navegar registrado.
Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.TIENES ACCESO A 5 CONTENIDOS DE
Recuerda navegar siempre con tu sesión iniciada.
¿Qué es la preeclampsia y por qué se considera una complicación grave del embarazo?
La preeclampsia es una complicación del embarazo que se caracteriza principalmente por la elevación de la tensión arterial y por la posible afectación de distintos órganos, como el riñón, el hígado o la placenta. Se considera una complicación grave porque puede tener consecuencias importantes tanto para la salud de la madre como para la del bebé, ya que puede alterar el correcto funcionamiento de la placenta y comprometer el crecimiento y el bienestar fetal. Por eso, su detección precoz es fundamental.
¿En qué momento de la gestación suele aparecer con más frecuencia?
Lo más habitual es que la preeclampsia aparezca a partir de la semana 20 de embarazo, especialmente en el tercer trimestre, aunque en algunos casos puede manifestarse antes o incluso debutar en los días posteriores al parto.
¿Existen factores de riesgo que aumenten la probabilidad de desarrollarla?
Sí. Aunque puede aparecer en mujeres sin antecedentes, existen situaciones que aumentan el riesgo, como el primer embarazo, los embarazos gemelares, tener antecedentes personales o familiares de preeclampsia, padecer hipertensión, diabetes, enfermedad renal u obesidad, o una edad materna más avanzada. Conocer estos factores nos permite realizar un seguimiento más estrecho y personalizado.
Lo más habitual es que la preeclampsia aparezca a partir de la semana 20 de embarazo, especialmente en el tercer trimestre
¿Cuáles son los síntomas más comunes que pueden indicar preeclampsia?
Los síntomas pueden variar, pero los más frecuentes son los siguientes:
- Hinchazón repentina de cara, manos o pies.
- Dolor de cabeza intenso.
- Alteraciones visuales como visión borrosa o destellos.
- Dolor en la parte alta del abdomen.
- Sensación marcada de malestar o cansancio.
¿Cuáles de estas señales deben preocupar especialmente a una mujer embarazada?
Es importante consultar de forma inmediata si aparece un dolor de cabeza fuerte y persistente, visión borrosa o pérdida de visión, dolor intenso bajo las costillas, una hinchazón llamativa y repentina o un aumento brusco de peso en pocos días, ya que pueden ser señales de una forma más grave de la enfermedad.
¿Hay signos silenciosos que solo se detectan en controles médicos?
Sí, y esto es clave. En muchas ocasiones la preeclampsia no produce síntomas al inicio. Puede detectarse únicamente durante los controles del embarazo, al observar una tensión arterial elevada, la presencia de proteínas en la orina o alteraciones en los análisis de sangre. Por eso, las revisiones periódicas son fundamentales.
¿Cómo se confirma el diagnóstico de preeclampsia?
El diagnóstico se basa en la medición de la tensión arterial, análisis de orina y sangre para valorar el funcionamiento de distintos órganos. Además, implica hacer un el seguimiento del bienestar del bebé mediante ecografías y otras pruebas. Siempre debe realizarse por un equipo médico especializado.
En muchas ocasiones la preeclampsia no produce síntomas al inicio. Puede detectarse únicamente durante los controles del embarazo
¿Qué riesgos implica la preeclampsia para la salud de la madre?
La mayoría de las mujeres con preeclampsia, cuando están bien controladas, evolucionan favorablemente. Sin embargo, es importante saber que se trata de una enfermedad potencialmente seria, ya que puede afectar a distintos órganos de la madre si no se detecta o se controla adecuadamente. Puede provocar subidas importantes de la tensión arterial, alteraciones del funcionamiento del riñón, el hígado o la coagulación, y en situaciones más graves, convulsiones, conocidas como eclampsia.
A nivel global, la preeclampsia es una de las principales causas de complicaciones graves durante el embarazo y se considera la segunda causa de mortalidad materna en el mundo. Precisamente por ello, en nuestro entorno se insiste tanto en la prevención, el diagnóstico precoz y el seguimiento especializado, que permiten reducir de forma muy significativa estos riesgos.
¿Qué complicaciones pueden surgir si no se detecta ni se trata a tiempo?
Además de los riesgos para la madre, puede afectar al bebé, provocando retraso del crecimiento intrauterino, parto prematuro, desprendimiento de placenta o la necesidad de finalizar el embarazo antes de lo previsto. Un diagnóstico precoz reduce de forma muy significativa estos riesgos.
¿Qué opciones de tratamiento existen una vez diagnosticada?
El tratamiento depende de la gravedad de la enfermedad y del momento del embarazo en el que se diagnostique. Puede incluir control estrecho de la tensión arterial, medicación antihipertensiva y, en algunos casos, ingreso hospitalario para una vigilancia más cercana. El único tratamiento definitivo es el parto, por lo que siempre buscamos el equilibrio entre proteger la salud de la madre y permitir que el bebé madure lo máximo posible de forma segura.
La buena noticia es que hoy sabemos que, en muchos casos, la preeclampsia se puede prevenir. Existen programas de cribado en las primeras semanas del embarazo que permiten identificar a las mujeres con mayor riesgo y comenzar de forma precoz un tratamiento preventivo con ácido acetilsalicílico a dosis bajas, una medicación segura y bien tolerada durante el embarazo. Gracias a estos avances, podemos adelantarnos a la enfermedad y mejorar claramente el pronóstico y la salud tanto de la madre como del bebé.
