En su lugar de veraneo

La boda en Málaga de Natalia, la novia maña que llevó un vestido con chaqueta drapeada y un ramo de hortensias azules


Lecumberri confeccionó su look nupcial, una propuesta desmontable para su enlace de primavera


Boda en Málaga con vestido de novia de Lecumberri© Alejandro Onieva
Estrella AlbendeaColaboradora de Novias
27 de noviembre de 2025 - 18:20 CET

El día de la boda es una fecha muy esperada en la vida de esas mujeres que llevan décadas imaginando su gran día. “Desde niña, como tantas otras que crecieron soñando con un cuento de hadas, tenía claro cómo sería mi vestido de novia. Las imágenes de las princesas de Disney grabadas en la memoria me acompañaron durante años, hasta que llegó el momento de convertir ese sueño en realidad”, confiesa Natalia, una de esas recién casadas que hizo realidad su jornada más deseada el pasado mes de mayo. Ella es maña, natural de Zaragoza, pero escogió Málaga para pasar por el altar con un look transformable que hizo a medida un paisano suyo, el diseñador Ángel Lecumberri. Desde su atelier de Zaragoza dieron forma a una creación apta para un enlace religioso: “sabía que llevaría velo, una cola larguísima y, por supuesto, los hombros cubiertos para la ceremonia”.

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© Alejandro Onieva

“Siempre me había atraído su estilo: clásico, limpio, con esa capacidad de adaptarse a cada mujer sin perder la esencia. En nuestra primera cita lo sentí clarísimo, fue un auténtico flechazo”, con estas palabras se refiere esta estilosa novia al trabajo del creador que dio forma a su diseño nupcial. Desde la primera cita ambos conectaron y dieron forma juntos al vestido que llevaría al altar.

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Cita tras cita, en compañía

Para la confección de esta propuesta fueron necesarias más de seis pruebas. “Sin prisas, cuidando cada detalle con mimo”, nos dice Natalia. En este proceso no estuvo sola, sino que contaba con la compañía de su madre, su suegra y su hermana. Las tres escogieron la misma firma para que ideara los looks de este gran día. “Cada uno distinto, único y profundamente especial. Fue una experiencia compartida que hizo todo aún más emocionante”, apunta. 

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“Desde el primer boceto supimos que tenía que ser algo muy especial. En Lecumberri Atelier entendieron a la perfección mi estilo y lo que soñaba para ese día. Las pruebas fueron emocionantes. Trabajamos con tejidos delicados que caían como una segunda piel y cada ajuste era un paso más hacia ese ‘sí, quiero’ tan esperado”, revela.

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El primer paso fue definir las claves de la pieza en cuestión: sería una prenda elegante, sencilla, por la que no pasara el tiempo. Se decantaron por un vestido con escote corazón, tirante ancho y silueta recta, donde la base era el crepé. “Lo que realmente lo hacía especial era la chaqueta. Una pieza drapeada, asimétrica, confeccionada en seda de gasa natural, cerrada por detrás con una hilera de pequeños botones”, señala. El objetivo era simular un vestido a partir de los dos elementos, de esta forma, tendrían un estilismo desmontable, que sorprendiera a todos. 

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“Durante la ceremonia todo era sobrio y majestuoso, pero en la fiesta, al quitarme la chaqueta, el efecto sorpresa fue total. Debajo, el vestido de tirantes brillaba con luz propia, más ligero, más libre”, explica. A esto se sumaba una larga cola, que podía retirarse y un velo clásico. Era una propuesta que, desvela nuestra protagonista, contaba su historia. "Si tuviera que elegir un solo elemento que marcó la diferencia, sin duda sería la pieza de gasa que caía desde el hombro izquierdo. Añadía movimiento, ligereza, un aire etéreo que acompañó cada uno de mis pasos y le dio al vestido una frescura inesperada y poética”.

© Alejandro Onieva
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"Practicando el baile de novios me torcí el tobillo y acabé con un esguince a tres semanas de la boda. Las últimas pruebas del vestido las hice con muletas… ¡y cortando el bajo así! Ahora lo contamos entre risas, pero vaya susto".

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Complementos con gran valor sentimental

El estilismo no estuvo completo hasta que no se sumaron unos estudiados accesorios, de gran importancia para la novia, por su valor sentimental. Como pendientes, escogió un diseño con tres brillantes en forma de media luna. “Mi abuela Quiteria se los regaló a mi madre para su boda, con ellos también se casó mi hermana”, recuerda. A ese ‘algo prestado’ se sumó un collar de su madre y otra joya especial: “una pulsera que elegimos en nuestra joyería de confianza en Zaragoza, César Saiz”. 

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La búsqueda del calzado para su enlace fue también un gran reto que tuvo que asumir. La talla de pie condicionó la elección, tal y como ella describe: “llevo un 35 y encontrar algo fue casi una gincana. Al final, Belén, de Gallery Carrilé, me los hizo a medida… ¡Y fueron perfectos! (tengo que reconocer que al final me los cambié por mis alpargatas de cuña de Alfaro, personalizadas con la tela del vestido y nuestras iniciales bordadas N&A, porque no quería poner en riesgo mis tobillos de nuevo)”.

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El ramo era un diseño floral a juego con el color que protagonizó la decoración de su ‘sí, quiero’. Apostó por tres hortensias azules con tallo largo, una elección sencilla que quedaba atada por la cinta azul que su madre bordó con cariño. “Tenía un mensaje que decía: 'siempre contigo, mamá’”, cuenta.

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El moño, la apuesta segura

Fiel a ella misma, Natalia quiso potenciar la naturalidad en su look de belleza. Se puso en manos del reputado Alberto Pastrana, que logró un resultado muy elegante: “me dejó radiante”. Escogieron un maquillaje fresco, con un rubor comedido y como peinado, un recogido pulido. Y es que, ante la duda, las novias españolas confían en las bondades y la sofisticación de un moño. “Me encanta llevar el pelo así en los eventos y no iba a cambiar justo en el día más importante”, admite.

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Celebrar en el lugar de veraneo

Son muchas las parejas que se cuestionan por qué casarse en el lugar en el que residen o nacieron. En ocasiones apetece hacer de este día una bonita aventura. Natalia y Álvaro escogieron Málaga, a pesar de no ser de allí. Sus 200 invitados se desplazaron a la localidad para celebrar su amor el pasado 10 de mayo. “Curiosamente, la idea de celebrar la boda en Málaga fue de Álvaro, aunque mi familia veranea allí desde hace años y tenemos una casa familiar llena de recuerdos”, dice.

Escogieron la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús para la ceremonia, “es jesuita como el colegio donde estudió Álvaro de pequeño, así que fue muy simbólico”. Para la celebración apostaron por Hacienda Nadales: “un jardín botánico espectacular que fue todo un flechazo”. La pareja nunca había acudido a ninguna boda en este enclave, pero algo les encandiló y finalmente quedaron encantados: “un entorno con alma, el catering fue espectacular y el personal no pudo ser más atento”. 

© Alejandro Onieva
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Para llegar a celebrar esta jornada, nuestros protagonistas tuvieron, primero, que enamorarse. Cuando les preguntamos acerca de su historia, nos explican que fue cosa de una amiga, que les presentó en las Fiestas del Pilar. “Quedamos el 23 de octubre y fuimos a las ferias porque a mí me encantan. Jugamos a los dardos, pinchamos globos, incluso jugamos al bingo. Luego cenamos una pizza de cuatro quesos tan grande que Álvaro tuvo que llevarse media a casa. Nos despedimos con un beso y antes de que llegara al coche ya tenía un mensaje suyo. Fue una tarde fenomenal”, nos cuenta.

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Un viaje como escenario para la petición de matrimonio

Desde que se conocieran aquel día, en pleno mes de octubre de 2022, la relación fue viento en popa y no llegaron a separarse. Para diciembre de ese mismo año se decidieron a convivir y comenzaron una vida juntos. “Un año después, en un viaje por Bruselas, Brujas y Gante, Álvaro me pidió matrimonio. Fue el 29 de diciembre de 2023, en Brujas. Y fue un sí, un sí rotundo y feliz”, rememora Natalia.

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De esta forma comenzaron una apasionante odisea con los preparativos de su boda. Pero durante este proceso no estuvieron solos, contaron con un gran apoyo, dado que se trataba de diseñarlo todo a distancia. “Una piensa que después de soñar la boda durante años y tenerlo todo clarísimo puede organizarla sola... ¡Ja! Encima, a distancia, Zaragoza – Málaga. Por suerte rectifiqué a tiempo y apareció Marta Cañete, de Lovely Sense Events, mi hada madrina en forma de wedding planner. Conectamos desde el minuto uno. Gracias a ella, mi boda soñada no se quedó en Pinterest, se hizo realidad”, apunta.

© Alejandro Onieva
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"Ver a toda nuestra gente —amigos, familia, personas que queremos con locura— bailando, cantando, celebrando nuestro amor con tanta alegría, fue una auténtica explosión de felicidad. Éramos muy conscientes de que no volveremos a tener a todas esas personas juntas en un mismo lugar. Así que lo dimos todo, con el corazón lleno y las sonrisas encendidas".

© Alejandro Onieva

Todo al azul en la decoración

Como ya adelantaba al contarnos los detalles de su ramo, en la boda de nuestra protagonista todo fue azul. La decoración la centraron en este color y en concreto en las hortensias de este tono. “La iglesia estaba flanqueada por dos arreglos de hojas verdes con hortensias a la salida. En la finca, el jardín botánico ya tenía magia de por sí, pero quisimos dejar nuestro sello: cartel de bienvenida con centros florales, un seating plan en el árbol más antiguo del jardín decorado con papelería diseñada por mí (¡sí, diseñadora por un día!)”, revela. 

© Alejandro Onieva

Además, quisieron seguir la tendencia de las mesas con mensaje y se decantaron por una frase de amor que enmarcaron (también con marcos azules) en una propuesta ideada por la novia. En la mesa nupcial montaron un gran jardín de hortensias y colgaron frases de amor en una pared vegetal: “Fue muy nosotros”. 

© Alejandro Onieva
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"La entrada a la iglesia fue absolutamente inolvidable. Caminar del brazo de mi padre por ese pasillo que, de repente, me pareció interminable, con todas las miradas puestas en mí y, al fondo, Álvaro esperándome… Fue uno de esos instantes en los que el corazón late fuerte, todo se ralentiza y sabes que no lo vas a olvidar jamás".

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"Otro de los momentazos fue el trayecto del hotel a la Iglesia en coche. Una joya literal: modelo del año 1938 que perteneció al mismísimo Rey Faruk, con seis metros de pura elegancia sobre ruedas. La idea era ir solo mi padre y yo, pero los tiempos, las fotos, los detalles de última hora, hicieron que mi hermana se uniera como copiloto en este trayecto. Fue especial. En otro momento quizá me habría puesto nerviosa o hasta un poco furiosa, pero ese día no. Estaba tranquila, incluso divertida, y me encantó compartir ese rato también con ella". 

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En ese mismo coche, los recién casados volvieron a montarse para trasladarse de la ceremonia a la celebración y este es otro instante que Natalia rememora con mucha ilusión. Aunque el desplazamiento no fue muy largo, ella lo recuerda como algo muy especial. "Sentados los dos en esa burbuja silenciosa, mirándonos las alianzas, compartiendo lo que estábamos sintiendo, procesando que ya estábamos casados… Ese momento íntimo, lejos del bullicio, fue pura magia", apostilla.

© Alejandro Onieva

El último consejo

La primera lección que Natalia se lleva tras celebrar su gran día es que contar con una wedding planner se hace imprescindible, para dejar todos los cabos sueltos listos y especialmente si se organiza a distancia. “También aprendí que, cuando celebras tu boda lejos de casa, es fundamental organizarse con cabeza. Hacer muchas listas, preparar con antelación todo lo que hay que llevar, coordinar la logística, pensar en los detalles… Es otro nivel de planificación, porque implica transportar muchas cosas y no puedes dejar nada al azar”, añade.

Como último consejo para quienes se casan próximamente, escoge un clásico: relajarse y fluir el día de la boda. Si algo no está perfecto, aclara, no importa. “Todo el trabajo está hecho, y ese día no se repite. Lo importante es vivirlo al máximo, con calma y con alegría, porque pasa volando y es tan bonito como irrepetible”, concluye.

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