Si pensamos en los armarios de las princesas y reinas europeas, hay tejidos que se repiten con frecuencia: el tweed, el paño suave, crepé de seda, lino si hablamos de verano e incluso detalles de encajes delicados. Son materiales aceptados en el protocolo, pues transmiten sobriedad, tradición y neutralidad, pensados para mantener siempre esa elegancia que destaca en su justa medida, sin eclipsar, en los diferentes eventos.
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Sin embargo, hay otros que han llegado a generar cierto debate, como el cuero. Un tejido con una carga visual potente, asociado durante décadas a lo rebelde, lo nocturno o lo rompedor, y que durante mucho tiempo pareció poco compatible con la imagen formal y contenida de la realeza. Hasta que en 1987, Diana de Gales apareció en el estreno de El fantasma de la Ópera en Londres, después de su divorcio con el actual monarca Carlos III, desafiando las reglas con un pantalón de cuero en un vibrante rojo, junto a una chaqueta bomber.
Desde entonces, rara es la ocasión en la que hayamos visto a alguna aristócrata británica cercana a la Corona lucir el cuero en sus conjuntos. De hecho, Kate Middleton lo lleva en accesorios como bolsos o botas, pero no es nada habitual en sus prendas. Quizá por eso, en 2019, nos sorprendimos al ver a Meghan Markle, antes de su salida oficial como miembro de la realeza junto al príncipe Harry, cuando apareció en un acto llevando una falda de cuero burdeos. Ocurrió en octubre de aquel año, cuando la duquesa de Sussex participó en una mesa redonda sobre igualdad de género en el Castillo de Windsor.
Un modelo de tiro alto y justo por debajo de la rodilla, confeccionado en piel de cordero y firmado por Hugo Boss, que acompañó con un jersey de cuello en pico y salones de tacón en el mismo tono. Tan curiosa fue su elección como el hecho de que, apenas 24 horas antes, la reina Letizia había estrenado precisamente la misma falda del sello alemán durante un viaje a Seúl.
La monarca española asistió junto a un encuentro con miembros de startups y fue nombrada junto a Felipe VI como ciudadana honoraria de la ciudad. Una cita especial a la que llevó este modelo burdeos, en su caso, combinado con una blusa blanca de Carolina Herrera y unos zapatos muy similares a los de la que fue protagonista de la serie Suits.
Tan solo un año después era Máxima de Holanda quien defendía esta falda, dejando claro que puede encajar también incluso en los protocolos más encorsetados. ¿Su fórmula? Conjuntarlo con prendas en la misma gama de color, como hizo tanto en 2020 con un diseño plisado de Roberto Collina, como en 2023, con una versión más entallada y corta, de la firma Natan.
Así quieren las estilistas de Zara que combinemos esta falda
El sello liderado por Marta Ortega, ha decidido incluir entre sus nuevas propuestas para invierno esta pieza defendida por las aristócratas durante años. Zara propone versiones también de corte midi, pero en un burdeos más oscuro y siempre de tiro alto, acompañadas por un fino cinturón negro de hebilla metalizado.
Las estilistas del gigante de Inditex tienen claro que esta falda se lleva junto a un jersey calentito de punto, pero en tonos neutros para darle protagonismo al burdeos, como el marrón o el negro. Y se han puesto de acuerdo también en el calzado: ni tacones, ni bailarinas. Este diseño se lleva con botas altas de tacón cuadrado, pero no cualquiera, sino las de tipo cincel. Aquellas que se distinguen por su puntera geométrica, suavemente cuadrada y con un borde frontal definido, inspirada en la forma de esta herramienta. Una opción que estiliza el pie y alarga visualmente la pierna.
