Pasó a la historia por ser una de las monarcas más longevas de la historia de la corona británica, con un reinado que duró casi 64 años, superado solo por su tataranieta, la reina Isabel II, quien se mantuvo 70 en el trono. Victoria de Inglaterra, además, fue la primera soberana británica en ostentar el título de emperatriz de la India. También fue pionera al casarse de blanco y se convirtió después en una de las reinas que más años mantuvo el luto, vistiendo de negro durante cuatro décadas, después del fallecimiento de su adorado Alberto, a quien unía un matrimonio en el que sí había amor, algo casi tan inusual para la época como su larguísimo luto.
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Pero además, la reina Victoria también destacó por su gran pasión por las joyas, una afición que comenzó desde su infancia, cuando su madre, la duquesa de Kent, le regaló un medallón de oro con forma de corazón, que contenía un mechón de pelo de su padre, a quien la monarca no llegó a conocer. Fue una de las posesiones más preciadas de su vida, que mantuvo como un vínculo tangible y que daría pie a su pasión por este tipo de joyas tan populares en aquellos tiempos.
Su joyero se volvió excepcionalmente rico y variado a raíz de su matrimonio con el príncipe Alberto: "Tenía un gusto exquisito por las joyas", solía decir. Y así era. Su esposo era un gran diseñador de joyas que encargó algunas de las piezas más significativas que todavía hoy se conservan.
Desde un romántico relicario que Victoria le pidió para guardar también un mechón de pelo suyo y que llevó sobre su pecho durante años, pasando por magníficas creaciones como tiaras icónicas —regaló una a cada una de sus hijas cuando se casaron— o un parure de esmeraldas y diamantes. Este último conjunto de joyas a juego, formado por una diadema, un collar, pendientes y broche, se exhibe en la actualidad en el Palacio de Kensington.
Llegó a poseer valiosísimas creaciones, joyas heredadas de sus antepasados e incluso otras creadas con piedras del terreno de Balmoral, pulidas para encajar en monturas de delicada plata. Diseños a los que daba forma Joseph Kitching, el joyero oficial de la Corona. En este 125 aniversario de la muerte de la reina Victoria, recordamos algunas de sus creaciones más icónicas que han lucido después tres royals británicas: la reina Isabel II, Beatiz de York y Kate Middleton.
Isabel II y las joyas de la reina Victoria
A lo largo de su largo reinado, la madre del actual rey Carlos III lució varias joyas heredadas de la antigua monarca. Inolvidable es la corona de diamantes y perlas realizada para la coronación del Rey Jorge IV, que estrenó públicamente en noviembre de 1952, en su primera ceremonia de Apertura del Parlamento, y que usó regularmente en este acto durante décadas. También lució aquella tiara de esmeraldas encargada por el príncipe Alberto, piedra asociada a los nacidos en el mes de mayo, como Victoria.
Beatriz de York: un collar convertido en tiara
En su boda con Edoardo Mapelli Mozzi, el 17 de julio de 2020, Beatriz de York rindió homenaje a su historia familiar al lucir una joya con mucha tradición. Completó su look con una tiara, la misma que usó Isabel II el día de su boda con el duque de Edimburgo, en 1947. Pero esta joya, originalmente, había sido un collar que perteneció a la reina Victoria y que esta misma lució el día de su boda con el príncipe Alberto, en 1840.
Casi cuatro décadas después, el collar fue transformado en tiara por la prestigiosa joyería Garrard & Co., joyeros oficiales de la Corona británica. Beatriz de York rindió así homenaje a sus antepasados, escogiendo además un precioso diseño vintage que había pertenecido a Isabel II y que esta todavía guardaba en su armario. Se trataba de una creación confeccionada por Norman Hartnell, modista oficial de la difunta monarca, y antes de ella, también de la reina madre.
Kate Middleton y la tiara Oriental de la reina Victoria
Cuando la princesa de Gales apareció en el banquete de Estado en honor al presidente alemán Frank-Walter Steinmeier en el Castillo de Windsor, en diciembre de 2025, lo hizo con una de las piezas más imponentes —y menos vistas— del joyero real británico: la tiara Oriental Circlet, una joya diseñada en 1853 por Garrard bajo la supervisión directa del príncipe Alberto, marido de la reina Victoria.
Un diseño que recuerda a la arquitectura india, con flores de loto y arcos de influencia mogol, que crea una estructura similar más bien a la de una corona ceremonial que a una tiara tradicional. Originalmente, estaba engastada con ópalos y más de 2.600 diamantes. Sin embargo, su aspecto actual es el resultado de modificaciones realizadas a lo largo de los años. En 1902, la reina Alexandra decidió sustituir los ópalos por rubíes birmanos, considerados piedras protectoras, muchos de ellos provenientes de un regalo del gobernante de Nepal a la reina Victoria. Lo más curioso de esta tiara es que su dueña original dejó claro que solo las reinas y reinas consortes podrían llevarla, haciendo de ella una pieza de uso exclusivo dentro de la familia real.
