El 20 de enero de 2025, una nueva etapa -que nos traería momentos inesperados a futuro- comenzada en la Casa Blanca con la investidura oficial de Donald Trump como el 47º presidente de Estados Unidos; un cargo que ya había asumido de 2017 a 2021. Como manda la tradición, el estadounidense asumía la presidencia con una ceremonia de investidura que aconteció en la rotonda central del Capitolio de EEUU, es decir, el edificio donde se reúne el Congreso en Washington, D.C. Junto a él, además de otros miembros de su familia, se encontraba Melania Trump que volvía a ocupar el puesto de primera dama cuatro años después y lo hacía con un look lleno de intenciones y que no se libró de la polémica.
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El sombrero bicolor que no esperábamos
Para esta ceremonia en la que no faltaron cediendo el testigo funciones el expresidente Joe Biden y su mujer, Jill, Melania Trump digamos que pretendió no destacara a través de un look sosegado, sin embargo, un accesorio cambió radicalmente este efecto. Y, teniendo en cuenta que la actual Primera Dama de Estados Unidos es experta en lanzar mensajes a través de la moda (recuérdese su chaqueta viral con una frase escrita en la espalda de Zara), podemos aventurar que no fue casual que acompañara su abrigo cruzado y falda a juego de Adam Lippes con un sombrero de ala ancha tipo boater de Eric Javits. Y ¿qué hizo tan polémica esta elección?
“Si nos fijamos cuando Melania Trump participó en la primera toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en 2017, ella apostó no solo por un color azul claro muy luminoso, sino que despejó su rostro y mostró la mejor de sus sonrisas. Sin embargo, en 2025, su actitud fue mucho más comedida, discreta y misteriosa, sobre todo al llevar este sombrero que ocultaba su mirada, distanciándose del resto de participantes, cuyas expresiones faciales no quedaban ocultas. Y, como se suele decir, ‘la mirada es el espejo del alma’; en su caso, no pudimos percibir qué sensaciones ocurrían en su interior. Lo que me lleva a decir que no fue una elección casual”, precisa Luis Javier Merino como redactor jefe de moda en ¡HOLA!.
“De forma global, el conjunto era muy formal y acorde a lo esperado de un acto de tal envergadura y protocolo. Sin embargo, no poder ver su mirada no hizo que su actitud fuera cercana con el público. Se llegó a hablar de que quería distanciarse de la ceremonia y mostrar una reserva emocional. Obviamente, no se hicieron esperar memes y debates sobre qué quería ocultar o el mensaje profundo que quería lanzarlos”, matiza Luis Javier Merino. “De hecho, fue incómodo el momento en el matrimonio se besó y casi no pudo hacerlo por el ala del sombrero, una barrera improvisada entre ambos”, añade.
“También, podría ser entendible que quisiera [aunque no lo consiguiera] pasar desapercibida y no estar en el centro de la atención mediática, salvaguardando así su privacidad y dejando que Donald Trump tuviera el foco principal”, concluye.
Un cambio de look por la noche
Tras estos actos de mañana, la toma de posesión de Donald Trump concluyó con los tradicionales bailes inaugurales. En ellos, Melania demostró su lado más camaleónico y de discreta paso a ser ejemplo de elegancia, glamour y lanzando vibraciones que recordaban a la Edad de Oro de Hollywood. En estas citas musicales, la primera dama de Estados Unidos estrenó un vestido color blanco, off-shoulder (es decir, sin tirantes en los hombros), de Hervé Pierre. La pieza, además, presentaba una banda negra en zigzag que recorría su silueta de forma arquitectónica.
Sin duda, su imagen nada tenía que ver con la que mostró horas antes llena de dramatismo. “En los bailes, Melania jugó la carta de recuperar un protagonismo más vibrante, en el que se mostraba exultante y maravillosa a través de una elegancia pensada para destacar y hacer historia, lejos de las polémicas”, precisa Luis Javier Merino. Además, la ya Primera Dama decidió dejar su melena suelta en un acabado de ondas muy natural. Era la imagen perfecta del glamour, la sofisticación y la elegancia y, ahí sí, conquistó a todos los presentes con su imagen para el recuerdo eterno.
