El pasado 15 de enero de 2026, en el Castillo Real de Laeken, la princesa Elisabeth de Bélgica acompañó a su padre, el rey Felipe, en uno de los actos institucionales más relevantes del calendario diplomático del país: la recepción de Año Nuevo ofrecida a los representantes de la OTAN. Entre líderes políticos, altos mandos militares y embajadores internacionales, la heredera al trono belga cumplió con su papel con una naturalidad impecable. Sin grandes titulares, su presencia pasó casi desapercibida… y, sin embargo, su look decía mucho más de lo que parecía.
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Porque lejos de ser una elección neutra, el estilismo de Elisabeth encierra pistas claras de una transición silenciosa pero firme: la de una joven princesa que deja atrás una estética más juvenil e indefinida para comenzar a construir una imagen más madura, sobria y consciente del papel que está llamada a desempeñar. Un cambio que no solo se percibe en la ropa, sino también en el porte, el peinado y la forma de habitar el espacio institucional.
Un vestido negro con ecos de otra época
Para la ocasión, la princesa apostó por un vestido largo negro de punto de la firma francesa Sandro Paris. Se trata de un vestido “dos en uno”: la parte superior, entallada, con cuello redondo, manga corta y botones tono sobre tono, se acompaña de un peplum en la cintura que marca la silueta con precisión, mientras que la falda acampanada aporta volumen, movimiento y una elegancia casi ceremonial.
Este tipo de silueta —cintura definida y falda con vuelo— remite directamente a la Edad Dorada de la alta costura, evocando tanto las construcciones de Christian Dior como el refinamiento depurado de Coco Chanel. No es casual que el vestido parezca un conjunto de dos piezas: esa ilusión óptica refuerza la idea de orden, clasicismo y autoridad silenciosa.
El conjunto se completó con un cinturón negro de piel lisa, también de Sandro Paris, con hebilla metálica y dobles pasadores. En los pies, Elisabeth recurrió a los zapatos de tacón Romy 100 de Jimmy Choo en ante negro. Un stiletto atemporal, fabricado en Italia, de punta suavemente afilada y tacón estilizado.
Perlas, recogido y el poder de los detalles
La princesa optó por un recogido clásico, pulido y elaborado, que recuerda inevitablemente a iconos como Grace Kelly en sus años como princesa de Mónaco.
Los pendientes de perlas refuerzan esa misma idea. Las perlas, históricamente asociadas a la realeza, la madurez y la autoridad femenina, no suelen ser la primera elección de una mujer tan joven. Precisamente por eso, su presencia resulta tan significativa: Elisabeth está ensayando el papel de futura reina.
Las claves de un nuevo estilo (y de un nuevo rol)
Durante años, el estilo de Elisabeth de Bélgica ha sido coherente con su edad: correcto, funcional, sin excesos y aún en construcción. Algo natural en alguien que ha pasado buena parte de su juventud formándose académicamente y viviendo entre Bélgica y Estados Unidos, donde pronto regresará para completar su máster en Políticas Públicas en Harvard.
Sin embargo, este look marca un punto de inflexión. La elección del negro —color de sobriedad, autoridad y atemporalidad—, el corte clásico, la ausencia total de tendencias pasajeras y la referencia clara a royals más adultas y consolidadas, como Beatrice Borromeo, apuntan a una búsqueda consciente de madurez estética.
No es una transición sencilla: dejar atrás la imagen de “princesa joven” para abrazar una identidad más institucional implica riesgos. Pero este estilismo demuestra que Elisabeth parece dispuesta a asumirlos. En un momento en el que parte de la opinión pública reclama que las casas reales recuperen cierta aura de misterio, aspiración y distancia simbólica, este look conecta con una nostalgia colectiva por una realeza más reconocible como tal.
Vestir como una princesa —en el sentido clásico del término— vuelve a ser un gesto cargado de significado.
Un 2026 clave para la princesa Elisabeth
Antes del evento, Elisabeth acompañó a su padre en una audiencia privada con el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, y a lo largo de la semana había participado en encuentros con los líderes de las principales instituciones europeas. Más de cien invitados, altos cargos militares y diplomáticos fueron testigos de una heredera cada vez más presente y segura en el escenario internacional.
Este 2026 se perfila como un año decisivo para la princesa: más visibilidad, más responsabilidad y, previsiblemente, más apariciones públicas. Si este look es un anticipo de lo que está por venir, todo apunta a que Elisabeth de Bélgica ha comenzado a escribir —con paso firme y estilo propio— el primer capítulo de su vida adulta como royal.
