Alejandra de Rojas es de esas mujeres que parecen tener un radar natural para los planes con encanto, direcciones discretas pero muy solicitadas y propuestas distintas. La española sabe cómo impregnar de magia la vida cotidiana. No sorprende que sea la anfitriona ideal: tiene el don de transformar cualquier plan en un momento especial y difícil de olvidar.
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Esta vez, su destino ha sido Cenas Adivina Home, en la calle Béjar, 36; en el espacio cerca de Diego de León creado por Silvia Moreno, fundadora de este proyecto que nació en Madrid con cenas y que, ahora, se ha consolidado como lugar de encuentro, eventos y talleres. En Navidad, el postre estrella es el roscón (con permiso de su ya famoso tronco de Navidad) y elaborarlo para el Día de Reyes es la excusa perfecta para juntar alrededor de la mesa a familiares y amigos y compartir un delicioso y casero dulce. Nos cuenta que sueña con que llegue ya el desayuno del 6 de enero: “Quiero hacer el roscón para disfrutarlo con el padre de mi hijo Pepe, su abuelo y amigos… mientras abrimos los regalos”.
Prepararlo con ingredientes sencillos y naturales, como nos cuenta Alejandra, suena fácil, pero la masa tiene su truco. En la encimera del taller aparecen los básicos que todos conocemos y que definen un roscón de verdad: levadura, cítricos o agua de azahar; pero el reposo y la forma de preparar la base es más complicado de lo que pensamos. El resultado, eso sí, compensa: menos artificial, más sabor y una miga que cambia por completo cuando lo hace uno mismo.
Para Alejandra, lo mejor no fue solo aprender la técnica, sino el significado. “Me encanta poder realizarlo manualmente; quería saber hacerlo bien para poder repetirlo en casa y practicar con mi hijo Pepe”, comentó tras el taller, al que acudió acompañada por su amigo, el organizador de eventos Carlos Marina, con la idea de convertir este dulce en una tradición propia, porque la mañana de Reyes, con su hijo como protagonista, es especial.
“Quiero hacer el roscón para disfrutarlo con el padre de mi hijo Pepe, su abuelo y amigos… mientras abrimos los regalos”.
Y entre el amasado y las risas, también hubo hueco para alguna curiosidad que siempre sorprende: “El haba y la figurita no se colocan al principio, sino a mitad del proceso. ¡Y puedes poner tantas como quieras!”, celebrando ese detalle que convierte el roscón en un juego compartido y para todos.
