Cuando hablamos de melatonina, lo habitual es pensar en ella como la hormona que regula el sueño. Su papel en la conciliación y mantenimiento de un descanso reparador está bien documentado y es, de hecho, el motivo principal por el que muchas personas recurren a ella como suplemento. Sin embargo, en los últimos años, la investigación científica ha ampliado de forma notable esta visión.
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Hoy sabemos que la melatonina no actúa solo durante la noche ni únicamente en el cerebro. Su influencia se extiende a otros sistemas clave del organismo, entre ellos el digestivo.
La melatonina puede modular la motilidad intestinal, la respuesta inmunitaria y la permeabilidad de la mucosa
El eje intestino-cerebro-corazón y el papel de la melatonina
Según explica la doctora Sánchez Sotelo, la melatonina participa de forma activa en el denominado eje intestino-cerebro-corazón, un sistema de comunicación continua entre el aparato digestivo, el sistema nervioso y el cardiovascular.
El intestino alberga billones de microorganismos que producen neurotransmisores, hormonas y metabolitos capaces de influir en la inflamación, el sistema inmune y el estado de ánimo. A su vez, el cerebro envía señales al intestino a través del nervio vago y de hormonas relacionadas con el estrés, regulando funciones digestivas y también el ritmo cardiaco.
En este intercambio constante de información, la melatonina actúa como un modulador esencial. No solo facilita el sueño, sino que interviene en la forma en que estos sistemas se comunican y se regulan entre sí.
El intestino, una gran fuente de melatonina
Se sabe que el intestino contiene concentraciones de melatonina hasta cuatrocientas veces superiores a las del cerebro. Este dato ha cambiado por completo la manera de entender su función.
La melatonina no se produce únicamente en la glándula pineal. También se sintetiza en el tracto intestinal, donde actúa de forma local sobre receptores entéricos, sensores que perciben lo que ocurre en el intestino y activan respuestas automáticas. Gracias a esta acción, la melatonina puede modular la motilidad intestinal, la respuesta inmunitaria y la permeabilidad de la mucosa.
Tal y como señala la doctora Sánchez Sotelo, “esta producción se lleva a cabo a través de las mismas bacterias intestinales que tienen capacidad de influir en la conversión del triptófano a serotonina que después se convierte a melatonina afectando directamente la producción de esta hormona y su acción sistémica”.
Melatonina y microbiota intestinal: una relación clave
La relación entre la melatonina y la microbiota intestinal es bidireccional. Por un lado, la melatonina influye en el equilibrio del microbioma. Por otro, el estado de la microbiota condiciona la producción y la acción de esta hormona.
Cuando existe disbiosis, es decir, una alteración de la flora bacteriana intestinal, es frecuente que aparezcan problemas digestivos, trastornos del sueño, alteraciones del ritmo circadiano e incluso cambios en el estado de ánimo. La melatonina contribuye a favorecer el crecimiento y mantenimiento de bacterias beneficiosas como Lactobacillus y Bifidobacterium, al tiempo que reduce especies bacterianas proinflamatorias.
Este efecto ayuda a restaurar la eubiosis, el equilibrio de la microbiota, lo que se traduce en menor inflamación intestinal, una mucosa más íntegra y una respuesta inmune más eficiente.
Inflamación, estrés oxidativo y salud digestiva
Otro aspecto relevante de la melatonina es su capacidad para reducir el estrés oxidativo y la inflamación, dos procesos estrechamente relacionados con muchos trastornos digestivos y metabólicos.
La interacción entre melatonina y microbiota contribuye a disminuir la inflamación de bajo grado, mejora la sensibilidad a la insulina y favorece un metabolismo lipídico más equilibrado. Estos efectos no se limitan al intestino, sino que influyen también en la regulación neuroendocrina a través del eje intestino-cerebro.
Diversos trabajos científicos sugieren que la melatonina puede actuar como coadyuvante en casos de síndrome de intestino irritable, disbiosis asociada al estrés o al uso de antibióticos, así como en enfermedades metabólicas (resistencia a la insulina y obesidad), y patologías neurodegenerativas como Parkinson y Alzheimer.
Efectos en el corazón
Durante un tiempo se debatió si la melatonina podía tener efectos negativos a nivel cardiovascular. Sin embargo, una vez descartados posibles riesgos, la evidencia fisiológica apunta en sentido contrario.
La doctora Sánchez Sotelo aclara que “los mismos mecanismos que algunos estudios observacionales relacionan con daño cardiovascular son los que, en evidencia fisiológica demostrada, protegen al endotelio y reducen la inflamación sistémica”. Gracias a su acción antioxidante y a su influencia sobre el microbioma intestinal, la melatonina disminuye la peroxidación de lípidos, mejora la función mitocondrial y contribuye a regular la presión arterial y la frecuencia cardiaca.
La melatonina debe ser siempre pautada por un profesional médico, que valore la dosis, el momento de administración y la indicación concreta en cada persona.
Suplementación con melatonina: cuándo puede ser útil
La suplementación con melatonina suele asociarse casi exclusivamente a los problemas de sueño. Sin embargo, a la luz de la evidencia actual, su uso puede valorarse también en situaciones como la disbiosis o el síndrome del intestino irritable, además de como elemento preventivo para el bienestar cognitivo y la salud cardiaca.
En estos casos, el objetivo no es solo dormir mejor, sino apoyar el equilibrio del eje intestino-cerebro-corazón y reducir procesos inflamatorios que afectan al bienestar general. Aun así, no se trata de un suplemento que deba tomarse de forma indiscriminada.
Como subraya la experta, la melatonina debe ser siempre pautada por un profesional médico, que valore la dosis, el momento de administración y la indicación concreta en cada persona.
