Por qué el invierno revela todo lo que no funciona en tu casa (y cómo solucionarlo)


El frío nos obliga a pasar más horas dentro y, de repente, los rincones que antes ignorábamos saltan a la vista: un sofá que no invita a quedarse, la luz que no llega, una estantería llena de adornos… En invierno, tu casa no miente: te enseña todo lo que necesita para que realmente apetezca estar en ella


Salón con alfombra geométrica© Ricard López
15 de enero de 2026 - 13:02 CET

Hay un momento muy concreto del invierno en el que tu casa te hablate sientas en el sofá y notas que algo falta (o sobra), enciendes la luz y el salón parece más frío de lo que recordabas, buscas un rincón para leer y terminas torcida en la esquina más incómoda de la casa. En verano estas cosas se perdonan o pasan desapercibidas, porque la vida ocurre fuera, entra la luz y cualquier sofá decente parece suficiente. Pero cuando anochece a las seis y la rutina nos obliga a quedarnos dentro, la realidad sale a la luz.

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Y lo curioso es que conseguir que un hogar que invite a quedarse, a leer, a charlar, a descansar… no es cuestión de grandes acciones, sino de pequeños detalles. Luces cálidas, textiles envolventes, decoraciones cuidadas, muebles cómodos… ¡Todo suma! 

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© Nedgis

Cae la tarde y el salón pierde su encanto

De día tu salón probablemente funciona bastante bien. La luz natural lo hace todo más amable y los colores se ven más vivos. Pero cuando anochece, muchos espacios se vuelven fríos, planos y un poco impersonales. El típico plafón del techo ilumina todo por igual, sí, pero no crea ambiente, no genera sensación de refugio. Parece más una sala de reuniones que un sitio donde te apetece quedarte en pijama. 

¿La solución? Apagar la luz general y empezar a pensar en capas de luzUna lámpara de pie junto al sofá, otra sobre una mesa auxiliar, una pequeña luz en una estantería o sobre un aparador. Este diseño es el modelo Ninotchka, una lámpara fabricada con materiales de alta calidad, diseñada por Bent Karlby en 1954, que hemos fichado en Nedgis. Cuando la luz baja al nivel de los ojos y se reparte por el espacio, el salón cambia por completo. Se vuelve más íntimo, más cálido, más de quedarse.

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© Manuel Canovas

El sofá cumple, pero no enamora

En invierno el sofá se convierte en el centro neurálgico de la casa. No es solo donde te sientas: es donde cenas con una bandeja, ves capítulos de más, lees, trabajas con el portátil, te acurrucas con una manta… Y ahí notas si realmente es cómodo o solo pasable.

Muchas veces el problema no es el sofá en sí, sino lo que le falta. Cojines que sujeten bien la espalda –estos son de la firma Manuel Canovas–, uno más grande para recostarte, un plaid que no sea solo decorativo sino suave y caliente. Incluso una alfombra que haga que apoyar los pies no sea una experiencia gélida. 

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© &Tradition

Leer no debería ser incómodo

En esta época también leemos más. O al menos lo intentamos. Pero muchas veces lo hacemos en sitios improvisados: medio tumbadas en el sofá, con una luz que no llega bien o en la cama en una postura que al final te pasa factura. 

Crear un rincón de lectura no es un lujoes una mejora real en tu forma de vivir la casa. Una butaca cómoda, una lámpara que apunte directamente al libro y una mesita donde dejar una taza o las gafas. Tal y como vemos en este ambiente, decorado con muebles de la firma &Tradition. 

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© Jordi Canosa

Que la tele no se adueñe del salón

Durante el invierno es normal que la televisión gane protagonismo. Pero cuando todo el salón se organiza únicamente para verlael espacio se empobrece. Ya no invita a charlar, ni a jugar, ni a sentarse sin mirar una pantalla.

Cerrar la zona de asientos con una butaca como hizo la interiorista Pia Capdevila en este proyecto o añadir una mesa auxiliar hacen que el salón se vuelva más social. De repente ya no es solo un cine, es un sitio donde pasan cosas. Y eso, en invierno, se agradece muchísimo.

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© Giulio Ghirardi

Esas sillas que nadie usa

Todos tenemos alguna: esa silla que queda bien en la foto, pero que nadie escoge para sentarse. Así, los taburetes plegables que completan la decoración de esta zona de estar –un proyecto de ARP - Architecture Research Practice–, son perfectos para un salón de verano. Sin embargo, en invierno se vuelve evidente que no sirven para casi nada, porque son unas mesitas auxiliares ideales.

En cualquier caso, sustituir esa silla por una butaca envolvente o un banco tapizado transformará un rincón muerto en un sitio deseado. Ganarás un lugar más donde sentarse, leer o simplemente estar cómoda. 

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© IKEA

Las paredes se ven vacías

En invierno, con menos luz natural, las paredes desnudas se ven más frías, duras y lejanas. 

Colgar cuadros, láminas, fotos o incluso textiles hace que las habitaciones se sientan más cálidas y humanas. Es como ponerle una chaqueta a la habitación: con el cambio todo se siente más acogedor y arropado. Fíjate lo bien que ha quedado este frente, con una composición de láminas de IKEA.

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© The White Company

A tu dormitorio le falta calidez

Si tu dormitorio tiene luz blanca y ropa de cama ligera, seguramente te habrás dado cuenta de que se siente poco acogedor. Más funcional que refugio, y eso en días de frío hace más evidente. 

Prueba a cambiar las lámparas por luces cálidas, añade un edredón más grueso, una manta extra al pie de la cama y algunos cojines y verás cómo la habitación se transforma en un lugar en el que apetece quedarse un ratito más. En este ambiente, vestido con textiles de la firma The White Company, el sillón de madera y la luz suave de unas velas también contribuyen a crear una atmósfera cálida.

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© Doublespace Photography

El caos del invierno

Bufandas, mantas, libros, tazas, cargadores… En invierno el número de cosas que usamos a diario se dispara. Y si no hay sitio donde dejarlas, el desorden se instala de inmediato. Cestas, bandejas y pequeños muebles de apoyo permiten que cada cosa tenga su lugar. 

En este salón, un proyecto del estudio de arquitectura Williamson Williamson Inc., los muebles de madera a medida adosados a las paredes hacen todo más fácil: uno en la zona de estar para discos y películas, otro en el comedor para vajilla y objetos varios.

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© María Pujol

Y hablando de orden… 

Te sientas en el sofá, te tapas con la manta, coges el mando o el libro… y de repente ahí está. La estantería. Mirándote. Llena hasta arriba de libros en doble fila, objetos que no sabes de dónde salieron, recuerdos de viajes, papeles, velas gastadas y alguna cosa que jurarías que no es tuya. En verano no molesta tanto, pero en invierno, cuando pasas horas frente a ella, se convierte en un ruido visual constante

El truco no es vaciarla, es enseñarle a respirar. Mezclar libros con objetos, dejar huecos estratégicos y crear pequeños grupos hace que deje de parecer un trastero bonito y empiece a sentirse como parte del salón. Dos libros, una planta, un objeto especial. Un espacio vacío. Otro grupo. Este proyecto de Tinda's Project seguro que te inspira. De repente, la estantería deja de gritar y cuando eso pasa, tú también te relajas un poco más, aunque no sepas muy bien por qué.

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© Ricard López

El fallo acústico

Con las ventanas cerradas, los espacios con pocos textiles dejan que los ecos y ruidos reboten por toda la casa, y la casa se percibe más fría y menos acogedora.

La clave está en vestir las estancias con cojines, cortinas y alfombras (la de este salón es de la firma Lorena Canals) que, además de sumar calidez visual, amortiguan los sonidos. Aunque no lo notes de forma consciente, un hogar con buena acústica se siente más agradable y facilita relajarse.a de adornos

© ¡HOLA! Prohibida la reproducción total o parcial de este reportaje y sus fotografías, aun citando su procedencia.