En muchas tiendas de ropa, pedir el ticket en papel ya suena casi antiguo. Pagas, sales y, si lo necesitas, el recibo llega al correo electrónico, mediante SMS o queda guardado en la app. En los supermercados, en cambio, este cambio ha empezado mucho más tarde, pero ahora avanza a gran velocidad… y con debate incluido.
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El detonante lo ha puesto la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas), que agrupa a cadenas como Mercadona, Lidl, Dia, Aldi, Ahorramás, Consum o Spar. La patronal ha pedido al Gobierno que se modifique la normativa para que el ticket solo se imprima si el cliente lo solicita.
El motivo no es solo ecológico. Es, sobre todo, práctico.
5.000 millones de tickets: 28 vueltas al mundo
La cifra marea. Cada año, los supermercados en España imprimen 5.000 millones de recibos. Si los pusiéramos en fila, darían la vuelta a la Tierra 28 veces. Pero lo más absurdo es que, según los datos de la patronal ASEDAS, el 30% de esos tickets acaban en la papelera del propio supermercado segundos después de imprimirse.
En una era donde intentamos reducir el plástico y el desperdicio, tirar 4.500 toneladas de papel al año parece un anacronismo.
Aun así, la ley obliga a entregar siempre el ticket, ya sea en papel o en formato digital. Y ahí surge el choque con la realidad: muchos clientes no quieren dar su email, lo que obliga a imprimir el recibo aunque nadie lo vaya a usar.
Europa ya lo hace (y España mira de reojo)
Países como Francia, Reino Unido, Suiza, Suecia o Países Bajos ya han limitado la impresión automática de tickets. El recibo existe a efectos de control, pero solo se imprime si el consumidor lo pide.
Asedas propone exactamente eso en España, aunque para hacerlo habría que tocar la ley del IVA, competencia de Hacienda, y ahí el debate sigue abierto.
El ticket digital: por qué convence a muchos clientes
Cadenas como Mercadona llevan ya dos años ofreciendo ticket digital, y para muchos usuarios no hay vuelta atrás. Las razones van más allá del medioambiente:
- Menos papeles: adiós al bolso lleno de recibos arrugados.
- Más rapidez en caja: pagar y marcharse sin esperar a que la máquina imprima.
- Todo ordenado: los tickets llegan al email y pueden archivarse automáticamente para devoluciones o garantías.
- Misma seguridad: se puede comprobar el cobro igual que con el papel.
Además, hay modelos que no obligan a entrar en clubes ni descargar apps, algo que muchos consumidores valoran especialmente.
Pero no todo son ventajas: las dudas que genera el ticket sin papel
El cambio también despierta reticencias:
- Privacidad: algunos sistemas exigen registrarse y ceder datos personales que no son estrictamente necesarios.
- Brecha digital: no todo el mundo maneja correo electrónico o smartphone con soltura.
- Dependencia tecnológica: si no tienes acceso al email en ese momento, el ticket puede “desaparecer” a ojos del usuario.
- Costumbre: para muchas personas, el papel sigue siendo la prueba más clara de la compra.
Por eso, incluso los defensores del ticket digital coinciden en una idea clave: la opción debe ser voluntaria, no impuesta.
¿Hacia dónde vamos?
Todo apunta a un modelo mixto: el ticket se genera siempre de forma electrónica, pero solo se imprime si el cliente lo pide. Menos papel, menos residuos y más libertad de elección.
Porque, al final, el debate no es si el ticket digital es el futuro. Eso parece claro. La verdadera pregunta es si tiene sentido seguir imprimiendo millones de recibos que nadie quiere leer.
