En los bosques tropicales de Ecuador y Bolivia, la vida se despliega en silencio entre hojas, ramas y sombras. Orugas y capullos, joyas vivientes y espinas diminutas revelan un mundo donde la belleza y el peligro conviven en cada hoja.
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En La Mana, las orugas Saturnidae devoran hojas con voracidad silenciosa; mientras, en Yasuni, los capullos de la polilla Bumelia webworm se balancean como fantasmas nocturnos.
Entre el follaje, las orugas Limacodidae se aferran con tenacidad, y, en Lorocachi, otro capullo de Urodus parvula se mece suavemente, testigo de la metamorfosis que transforma la vida en secreto.
Cuando cae la noche, los tallos cobran movimiento: las orugas Mosaico se deslizan bajo la luna, casi invisibles, mientras las espinas de la Stinging saddleback relucen como agujas diminutas, recordando que la belleza puede ser mortal.
Saturnidae se camufla en su hoja, y en Bolivia, la polilla New world flannel desaparece entre el follaje, un espectro que desafía al ojo humano. Cada hoja es un milagro, y cada rama, un secreto que deslumbra, pincha y no perdona.
